miércoles, 6 de julio de 2016
Restablecer
La gran diferencia entre un cristiano , no está en los sufrimientos, porque sufrimientos tenemos todos. No está en las alegrías, porque alegrías tenemos todos. La gran diferencia está, en que el cristiano conoce la ley de la Cruz. Si es cristiano de veras, conoce la ley de la Cruz y sabe que necesita, para no dañarse, Cruz. Necesita desierto, necesita contradicción.
"¡Dios, perdóname si te he ofendido, pero no me vayas a dejar sin Cruz!"
La compasión, la palabra misericordia: "Se compadecía de la multitudes" San Mateo 9,36. La misericordia, el amor que es capaz de reconocer la necesidad del que está cerca; ése es el motor de Jesús. Esta es una gran noticia para nosotros, porque esa compasión de Jesucristo está viva y es aplicable a cada uno de nosotros.
El amor de Cristo no termina, el amor de Cristo no muere, el amor de Cristo está presente y está actuante, y su compasión es como un saldo a favor de nosotros, como una cuenta de amor a favor de nosotros, con la que nosotros podemos verdaderamente sentirnos respaldados; podemos contar con ese amor de Jesucristo.
Esa misericordias, qué produce esa misericordia en Jesucristo; nos dice esencialmente tres cosas: que Jesús enseña, que Jesús cura y que Jesús exorciza, vence al demonio. Jesucristo es el Maestro, el Médico, el Exorcista. Jesucristo que vence a nuestros enemigos, Jesucristo que nos sana de nuestras enfermedades, Jesucristo que ilumina nuestro camino. Son como las tres dimensiones de la misericordia del Señor.
Jesucristo, venciendo a nuestro enemigo el demonio, también está quitándole toda la fuerza a la tentación y al pecado en nuestra vida. Jesucristo pone un freno a aquello que tenía poder en nosotros. Jesucristo crea un espacio de paz y de libertad, donde ya no somos más el juguete de nuestras tentaciones, de nuestros pecados o de la influencia del demonio.
Es un espacio de libertad, un espacio de paz, donde ya no somos más atormentados o presionados por ese tipo de fuerzas oscuras. Sin embargo, llevamos en nosotros las consecuencias de nuestros pecados pasados y somos débiles y estamos lastimados por el camino de la vida. Es aquí donde entra Jesucristo como Médico restableciendo en nosotros el plan original de Dios, devolviéndonos la salud en la mente, la salud en la inteligencia, en el corazón, en los recuerdos, también en el cuerpo.
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