El amor que trae paz al alma, que trae luz al alma, y que nosotros, como mensajeros, como testigos de este amor, podemos hacer un bien inmenso, especialmente cuando amamos desde el Corazón de Cristo. Cuando amamos como Jesucristo, podemos ayudar a muchísimas personas.
Jesús le habló con nombre propio a María Magdalena, y fue ahí, donde esta mujer pudo reconocerlo: un amor con nombre propio, un amor que nos conoce, pero que no se adueña de nosotros; un amor que nos sostiene, no un amor que se apodera; un amor que nos protege, no un amor que nos sofoca. Ese es el amor que necesitamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario