sábado, 2 de julio de 2016
Cielo
Estamos agarrados al cielo. Aquí Jesús nos dice que pongamos allá nuestro corazón, pero como es tan difícil para el ser humano mover su corazón, pues Cristo hizo esa obra realmente.
Él movió, Él trasladó nuestros corazones de la tierra al cielo, porque ofreciendo su sacrifico en el santuario celestial, llevó tras de sí todos nuestros amores, todas nuestras esperanzas.
Verdaderamente, después del sacrifico de Cristo, nuestro corazón está en el cielo; verdaderamente, después del sacrificio de Cristo, nuestra ancla está allá, y nuestra esperanza está allá, y hacia allá se mueven nuestros anhelos.
La persona que está amarrada al cielo es la persona que está más libre para trabajar en la tierra.La mejor manera de trabajar en la tierra, es tener el corazón en el cielo; no se oponen ni mucho menos.
Se trata de que el corazón esté allá junto a Dios, se trata de que el corazón se haya ido con Jesucristo y esté allá ofrecido como hostia junto a la Hostia que es Jesucristo; pero nuestra vida está aquí y nuestro trabajo está aquí, nuestra palabra está aquí.
Pero, más eficaces seremos en el servicio aquí, cuanto mayor sea nuestro impulso y nuestro ímpetu para que el corazón permanezca allá.
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