sábado, 2 de julio de 2016
Mateo 7,21
"No todo el que me dice "Señor, Señor", entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo" ( San Mateo 7,21).
Parece claro lo que dice Cristo que hay que cumplir la voluntad de Él, la voluntad del Padre Celestial.
Cumplir la voluntad de Dios, la voluntad de Dios no es lo que yo hago para Dios, es lo que le permito a Dios que haga en mi vida.'
Cristo nos redimió en el misterio de la Cruz, cumpliendo la voluntad del Padre. Lo grande no es lo que yo hago para Dios, logrande es lo que yo le permito a Dios que haga en mi vida.
Como dicen tantos cantos hermosos, "ser barro en manos del Alfarero", dejar que Dios me modele, ser obra de Dios, sino ser la obra de Dios; esto es hacer la voluntad del Padre.
Lo grande es buscar su voluntad, cualquiera que sea, bonita o fea, fantástica u ordinaria, y dejar que esa voluntad se realice en mi vida. No hacerle más obras a Dios, sino ser la obra de Dios.
Ser hijo es tener el mismo corazón, el mismo Espíritu, gozarse en las mismas alegrías, lamentar las mismas tristezas, tener el mismo rostro, vibrar al unísono con el Corazón de Dios, estar unido a Él en lo grande o en lo pequeño. Eso es hacer la voluntad del Padre.
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