lunes, 18 de julio de 2016
Señor
Cuando Dios va a dar los mandamientos, empieza diciendo :”Yo soy el Señor que te sacó de Egipto, de tierra de esclavitud. Te amé primero, te di libertad, ahora, para que nada te esclavice, entonces ámame sobre todas las cosas, y no desprecies mi nombre, no seas esclavo del trabajo, santifica las fiestas; para que nada te esclavice; nunca mientas"Deuteronomio 5,6-11-12.
Lo único que sirve para la vida eterna es la certeza de que me amó por misericordia; Él no tenía que crearme, lo ha hecho por amor; no tenía que salvarme, lo ha hecho por misericordia.
Sólo desde ahí, sólo desde esa certeza, yo me regalo a ese amor, regalado a ese amor, con ese amor amo a mi prójimo. O sea que en el fondo, “amarás a tu prójimo” no es, "saca de donde queda amor para tu prójimo, probablemente te estalles, pero saca amor para cumplir ese mandamiento, el mandamiento es: "No detengas la corriente del amor, no detengas la corriente de la misericordia".
”Amarás al Señor con todo tu corazón” Deuteronomio 6,5, es: "Regálate, déjate invadir de ese amor infinito que te amó primero, que te amó por misericordia, que te ha hecho libre. Abre la boca, yo te la saciaré; abre el corazón, regálate a ese amor". Ese es el primer sentido.
"Ahora que estás lleno de amor, deja que el amor corra, porque el viento es libre, el viento sólo existe en mi oído, déjale que corra, déjalo que ame también a los otros, no detengas a tu Dios, para que Él te siga iluminando, para que Él te siga colmando, puesto que Él nunca se detiene, nunca cesa en su ejercicio de amar".
"Déjalo que corra, así no tendremos por qué temer amar a Dios con todo el corazón y tener amor para amar al prójimo. Amo a Dios con todo mi corazón, le he abierto puertas y ventanas, que entre y haga todo lo que quiera, y una vez que habita en mí, es Él propiamente quien ama al prójimo a través de mí, claro, con un acto que es también mío.
Eso explica por qué esos dos amores, que parecen tan distintos, pueden darse en un solo corazón. El primer corazón en que esto sucedió de modo inminente y santísimo fue precisamente el Corazón de Jesús.
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