lunes, 30 de enero de 2012

Sembrado

"El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra:
sea que duerma o se levante, de noche y de d
ía, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga.
Cuando el fruto est
á a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha". También decía: "¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?
Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la m
ás pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra".
Y con muchas par
ábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.
En un jardín Cristo fue arrestado y sepultado; creció en este
jard
ín, y en el mismo resucitó. Y así llegó a ser un árbol... Entonces,
sembrad a Cristo en vuestro jard
ín... Con Cristo, muele la semilla de
mostaza, apriétela y siembre la fe. La fe se prensa cuando creemos en
Cristo crucificado. Pablo prens
ó la fe cuando decía: " No he venido a
anunciar el misterio de Dios con el prestigio del lenguaje humano o de la
sabidur
ía.» «Entre vosotros, no he querido conocer a otro más que a
Jesucristo, el Mes
ías crucificado " (1Co 2,1-2)... Entonces sembramos la
fe, cuando seg
ún el Evangelio o las lecturas de los apóstoles y de los
profetas creemos en la Pasi
ón del Señor; sembramos la fe cuando la
cubrimos, en cierto modo, de terreno arado y mullido, de la carne del
Se
ñor... Quienquiera que crea que el Hijo de Dios se ha hecho hombre, crea
que muri
ó por nosotros y crea que ha resucitado por nosotros. Siembro pues
la fe, cuando planto la sepultura de Cristo en medio de mi jard
ín.
¿Sabéis que Cristo es una semilla y que es
Él quién es sembrado? "Mientras
el grano de trigo no caiga en tierra y muera, permanece infecundo; pero si
muere, da mucho fruto " (Jn 12,24)... Es Cristo mismo el que lo dice. Pues
es a la vez grano de trigo, porque
Él " fortifica el corazón del hombre "
(Sal. 103,15), y semilla de mostaza, porque reanima el coraz
ón del
hombre... Es grano de trigo en cuanto a su resurrecci
ón, porque la palabra
de Dios y la prueba de su resurrecci
ón alimentan las almas, aumentan la
esperanza, consolidan el amor - porque Cristo es "el pan de Dios bajado por
el cielo" (Jn 6,33). Y es semilla de mostaza, porque qué hay m
ás amargo y
ahombre... Es grano de trigo en cuanto a su resurrecci
ón, porque la palabra
de Dios y la prueba de su resurrecci
ón alimentan las almas, aumentan la
esperanza, consolidan el amor - porque Cristo es "el pan de Dios bajado por
el cielo" (Jn 6,33). Y es semilla de mostaza, porque qué hay m
ás amargo y
agrio que hablar de la Pasi
ón del Señor.
Se le llama «católica» porque está difundida por todo el orbe desde
unos confines a otros de la tierra y puesto que ense
ña de modo completo, y
sin que falte nada, todos los dogmas que los hombres deben conocer sobre
las cosas visibles e invisibles, celestiales y terrenas. Y también porque
ha sometido al culto recto a toda clase de hombres, pr
íncipes y hombres
comunes, doctos e inexpertos. Y finalmente porque sana y cura toda clase de
pecados que se cometen con el alma y el cuerpo. Ella (la Iglesia) posee
todo género de virtud, cualquiera que sea su nombre, en hechos y en
palabras y en dones espirituales de cualquier especie. «Iglesia» es
una denominaci
ón muy adecuada porque convoca a todos y los reúne
conjuntamente, como dice el Se
ñor en el Levítico: «Congrega a toda la
comunidad a la entrada de la Tienda del Encuentro» (Lev 8, 3).... Y en el
Deuteronomio dice Dios a Moisés: «Re
úne al pueblo para que yo les haga oír
mis palabras a fin de que aprendan a temerme» (Dt 9, 10)...También el
salmista dice: «Te daré gracias en la gran asamblea, te alabaré entre un
pueblo copioso» (Sal 35, 18). Pero, si ten
ía que ser así, por causa
de las insidias tramadas contra el Salvador quedaron los jud
íos privados de
la gracia y Dios edific
ó una segunda Iglesia, formada partiendo de los
gentiles, nuestra santa Iglesia de los cristianos, acerca de la cual dijo a
Pedro: «Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno
no prevalecer
án contra ella» (Mt 16, 8)... Fue rechazada, pues, la que
estaba en la tierra de los jud
íos. Pero por todo el mundo se multiplican
las Iglesias de Cristo, de las cuales est
á escrito en los Salmos: «¡Cantad
a Dios un c
ántico nuevo: su alabanza en la asamblea de sus fieles!» (Sal
149, 1)... Y de esta misma santa Iglesia cat
ólica escribe Pablo a Timoteo:
«... para que sepas c
ómo hay que portarse en la casa de Dios vivo, columna
y fundamento de la verdadera
La verdadera, la
única perfección, no es llevar tal o tal género
de vida, es hacer la voluntad de Dios; es llevar el género de vida que Dios
quiere, donde quiere, y de llevarlo como él mismo lo habr
ía llevado.
Cuando nos deja la elecci
ón a nosotros mismos, entonces sí, procuremos
seguirlo paso a paso, lo m
ás exactamente posible, compartir su vida tal
como fue, como lo hicieron sus ap
óstoles durante su vida .

domingo, 29 de enero de 2012

Contemplacion

Tener opiniones sobre algo, no es lo mismo que expresar un pensamiento que requiere la simbiosis de “silencio y palabra” . Así como, decir “oraciones” no es lo mismo que “hacer oración”. Sólo al que sabe callar le es posible escuchar la voz del otro y entablar un diálogo auténtico. Moisés dijo al pueblo: “Guarda silencio y escucha, Israel: y escucharás la voz del Señor tu Dios” (Dt 27,9). Después del ajetreo de una salida apostólica, Jesús invitó a sus discípulos al retiro: “Venid, vosotros solos, aparte, a un lugar solitario, y tomad un poco de reposo” (Mc 6,31). De esta contemplación nace con toda su fuerza interior la urgencia de la misión, la necesidad imperiosa de “comunicar aquello que hemos visto y oído”, de que Dios es amor y nos envió su Palabra de amor y nos sostiene en su Espíritu de amor. ¡Esta es la gran Noticia que vence al mundo!La comunicación moderna está saturada de verborrea. En las innumerables tertulias sobre cualquier tema, los participantes se pisan unos a otros en el tomar la palabra, la fragmentación del discurso es patente, y la síntesis final es difícil de hacer o no interesa a nadie. Como dice el Papa: “el hombre no puede quedar satisfecho con un sencillo y tolerante intercambio de opiniones escépticas y de experiencia de vida”. El cruce de opiniones debe estar motivado por la búsqueda de la verdad y ello exige el silencio para discernir lo que es importante de lo que es inútil y superficial. “Por esto, es necesario crear un ambiente propicio, casi una especie de ecosistemaque sepa equilibrar silencio, palabra, imágenes y sonidos”.

Eso mismo es necesario recuperarlo a nivel religioso y litúrgico donde digamos que “el micro” lo invade todo, ahogando la participación personal y profunda de cada uno. ¿No se habrá olvidado que el Concilio nos dice que el silencio es parte de la celebración (SC 30)? A veces, el mismo silencio es la mejor oración y el discurso más elocuente. Precisamente la comunicación más válida surge desde el silencio.