viernes, 6 de enero de 2012

Existencia

El aspecto más dramático de nuestros días no consiste precisamente en que el hombre no conoce el verdadero significado de su existencia, sino que el hombre es incapaz de proponerse a sí mismo el significado de su existencia
Es curioso leer algunos manuales de filosof
ía antropológica de hace apenas unos cuantos años. La mayor parte de ellos da por descontado el hecho de que el hombre en algún momento de la vida se interroga sobre su propia existencia. “Los interrogantes sobre el significado del hombre irrumpen en nuestra existencia y se imponen sin lugar a duda. No es el hombre el que se plantea el problema: es el mismo hombre el problema, y su existencia es problemática. La filosofía del hombre no inventa los problemas del hombre, los encuentra, los examina críticamente e intenta darles una respuesta.”
Parecer
ía que fuera obligatorio que el hombre se tuviera que hacer la pregunta sobre el por qué de su existencia. “El hombre es el único animal que se pregunta sobre sí mismo. No lo hacen los perros, los gatos, los caballos, los pájaros, etc. Él se interroga sobre su propia existencia, sobre su origen, sobre el sentido de la propia vida, sobre su futuro después de la muerte”.

El hombre de hoy se ha olvidado de hacerse esas preguntas. O si se las hace, se las quita cuanto antes de la cabeza,porque tiene otras cosas m
ás importantes que hacer o que pensar.

Esta es precisamente la crisis m
ás profunda de nuestros tiempos. Que siendo la existencia del hombre, su ser, la pregunta más importante que debe hacerse, o la cosa más importante en la que debe trabajar, se deja llevar por otras cosas, en apariencia urgentes y necesarias, pero que no le dan respuesta sobre el sentido de su existencia. Y nadie escapa de esta crisis que se está convirtiendo en plaga. Los adolescentes y jóvenes que frente a las preguntas sobre el sentido de su existencia no responden más que con argumentos económicos o sociales (tener un buen negocio, una fuente de vida, casarme), dan una respuesta superficial al sentido de su existencia. Los matrimonios jóvenes sólo responden quizás sumariamente dejándose llevar por los problemas financieros que los agobian. Los adultos ya avanzados en edad parecen que han resuelto desde hace mucho tiempo esta pregunta y quien se acerca al final de sus días no le preocupa en absoluto o muy poco responder a lo que pronto dejará de ser un enigma.

De esta manera el hombre no vive, sino que se deja vivir. No es, sino que se contenta con existir. Con pasar m
ás o menos bien unos años de existencia, para luego dejar su lugar a otro. Ya lo expresó de alguna manera el poeta Calderón de la Barca:
¿Qué es la vida?
Un frenes
í.
¿Qué es la vida?
Una ilusi
ón, una sombra una ficción,
y el mayor bien es peque
ño;
que toda la vida es sue
ño,
y los sue
ños, sueños son.

Y de esa manera la historia del hombre, de todo hombre, la tuya propia, puede desarrollarse en la nada, jaloneada por un vivir que no es vivir, sino simplemente existir. Y no hay nada m
ás dramático que llegar al final de la vida, sin haber vivido, sino solamente haber existido, tirado por algunos acontecimientos, algunos buenos, algunos malos, pero que no han resuelto la pregunta fundamental de tu vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario