lunes, 30 de enero de 2012

Se le llama «católica» porque está difundida por todo el orbe desde
unos confines a otros de la tierra y puesto que ense
ña de modo completo, y
sin que falte nada, todos los dogmas que los hombres deben conocer sobre
las cosas visibles e invisibles, celestiales y terrenas. Y también porque
ha sometido al culto recto a toda clase de hombres, pr
íncipes y hombres
comunes, doctos e inexpertos. Y finalmente porque sana y cura toda clase de
pecados que se cometen con el alma y el cuerpo. Ella (la Iglesia) posee
todo género de virtud, cualquiera que sea su nombre, en hechos y en
palabras y en dones espirituales de cualquier especie. «Iglesia» es
una denominaci
ón muy adecuada porque convoca a todos y los reúne
conjuntamente, como dice el Se
ñor en el Levítico: «Congrega a toda la
comunidad a la entrada de la Tienda del Encuentro» (Lev 8, 3).... Y en el
Deuteronomio dice Dios a Moisés: «Re
úne al pueblo para que yo les haga oír
mis palabras a fin de que aprendan a temerme» (Dt 9, 10)...También el
salmista dice: «Te daré gracias en la gran asamblea, te alabaré entre un
pueblo copioso» (Sal 35, 18). Pero, si ten
ía que ser así, por causa
de las insidias tramadas contra el Salvador quedaron los jud
íos privados de
la gracia y Dios edific
ó una segunda Iglesia, formada partiendo de los
gentiles, nuestra santa Iglesia de los cristianos, acerca de la cual dijo a
Pedro: «Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno
no prevalecer
án contra ella» (Mt 16, 8)... Fue rechazada, pues, la que
estaba en la tierra de los jud
íos. Pero por todo el mundo se multiplican
las Iglesias de Cristo, de las cuales est
á escrito en los Salmos: «¡Cantad
a Dios un c
ántico nuevo: su alabanza en la asamblea de sus fieles!» (Sal
149, 1)... Y de esta misma santa Iglesia cat
ólica escribe Pablo a Timoteo:
«... para que sepas c
ómo hay que portarse en la casa de Dios vivo, columna
y fundamento de la verdadera
La verdadera, la
única perfección, no es llevar tal o tal género
de vida, es hacer la voluntad de Dios; es llevar el género de vida que Dios
quiere, donde quiere, y de llevarlo como él mismo lo habr
ía llevado.
Cuando nos deja la elecci
ón a nosotros mismos, entonces sí, procuremos
seguirlo paso a paso, lo m
ás exactamente posible, compartir su vida tal
como fue, como lo hicieron sus ap
óstoles durante su vida .

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