viernes, 6 de enero de 2012

Apasionante

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Cada ser que existe esta llamado a realizar plenamente el tipo de existencia que posee. La piedra debe ser piedra, as
í como el gallo debe ser gallo, el pino debe ser pino, y el hombre debe ser hombre. Si no se da este desarrollo podemos decir que no existe la plena realización. Una piedra sin embargo no tiene que esforzarse demasiado con ser lo que tiene que ser. Como no tiene vida, se conforma con existir, alcanza su realización. Pero esta realización se complica cuando se pasa a los grados sucesivos de la existencia, es decir de la vida. Los seres que tienen sólo vida orgánica, es decir las plantas, los árboles y demás, no pueden conocer el sentido de la vida. Se limitan a cumplir con una serie de funciones que les viene impuesta por su naturaleza orgánica y que les permiten tener vida. Así las plantas y demás seres vegetales se nutren, se desarrollan y se reproducen cumpliendo dichas funciones como impuestas por su naturaleza. Su realización consiste en llevar a cabo esas funciones. Una planta no puede negarse a echar brotes llegando la primavera. Respondiendo al calor, a la luz del sol y distintos fenómenos ambientales responde a ellos realizando su ciclo vital, que bien podemos considerar su realización. La planta es, en cuanto sigue las funciones que la naturaleza vegetativa le ha impuesto. Si pasamos al ser humano observamos un fenómeno apasionante, que lo distingue de los niveles de vida de los que hemos previamente hablado. Como vida vegetativa el ser humano posee las funciones de reproducción, crecimiento y nutrición. Como vida sensitiva, posee la locomoción, los apetitos y los sentidos. Pero como vida intelectiva tiene las facultades de la voluntad y la inteligencia. Por la inteligencia es capaz de entender el porqué de las cosas. Un discurso más amplio nos permitiría darnos cuenta de la forma en que el hombre conoce. Bástenos afirmar tan sólo que mediante la capacidad de la inteligencia puede penetrar el sentido interno de todas las cosas y así descubrir la esencia de las mismas y el porqué de los distintos mecanismos que giran en torno a la vida.

De esta manera el ser humano se distingue de las plantas y de los animales porque mediante su inteligencia puede descubrir el sentido de las funciones de nutrici
ón, desarrollo y reproducción. No las sigue automáticamente. Las entiende y los razona y puede vivirlas no ya tan sólo en forma automática, como las plantas o los animales, sino que al encontrar el sentido de ellos, los vive más plenamente. El ser humano al dar un porqué a las funciones vitales, da un sentido a la vida y puede vivir la vida .

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