Los pobres tienen sed de agua, pero también de paz, de verdad y de
justicia. Los pobres están desnudos y necesitan vestidos, pero también
dignidad humana y compasión por los pecadores. Los pobres no tienen hogar y
necesitan un refugio hecho ladrillos, pero también un corazón alegre,
compasivo y lleno de amor. Están enfermos y necesitan atención médica, pero
también una mano caritativa y una sonrisa acogedora. Los excluidos,
los que son rechazados, aquellos que no son amados, los presos, los
alcohólicos, los moribundos, los que están solos y abandonados, los
marginados, los intocables y los leprosos..., los que viven en la duda y
la confusión, los que no han sido tocados por la luz del Cristo, los
hambrientos de la palabra y de la paz de Dios, las almas tristes y
afligidas..., los que son una carga para la sociedad, que han perdido toda
esperanza y fe en la vida, los que olvidaron cómo sonreír y los que no
saben lo que es recibir un poco de calor humano, un gesto de amor y de
amistad - todos ellos, se vuelven hacia nosotros para recibir un poco de
consuelo. Si les damos la espalda, damos la espalda a Cristo.
jueves, 12 de enero de 2012
Conmoción
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