“La juventud no debe ser una mera esperanza, sino una efectiva certeza”.
Estoy convencida de una certeza, las cosas van a mejorar para mis hijos y mis nietos si así me lo propongo.
La gente que solo vive de esperanza, es que aún está en “proyecto”. La certeza es una acción. Sucede como con un edificio. Si solo figura en los planos, es apenas una esperanza: cuando comienza a ser construído es una certeza.
Claro que hay edificios que se quedan a la mitad del camino: no han sido empezados con una razonable posibilidad de llegar al término.
Los jóvenes son así. También los niños, pero mucho más los jóvenes.
He oído decir a muchos oradores que los jóvenes son la esperanza de días mejores. Se preferiría que dijeran que son ya una certeza. Es mucho más realista. Los padres PROCREAMOS hijos porque tenemos la fe en Dios de poder criarlos, de que su amor es suficientemente grande, y de que nunca les faltara el amor.
Las cosas podrán ser muy difíciles, pero no imposibles, si hay amor. El amor, por lo demás, vive más de certezas disfrazadas que de esperanzas propiamente dichas.
Deseo que el mundo, al mirar, mis deseos de buena ciudadana y feliz cristiana, mi voluntad de amar y ser amada, el enorme cariño que vuelco sobre la humanidad, descubra que no hay razón para temer por la próxima generación, puesto que ella pasara por el regazo De Dios, que prepara para dar amor. Me gustaría que todos tomasen en serio la afirmación de que es una certeza. Modo de ver jóvenes seguros/as, agradables y bien formada/os/as.
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