sábado, 25 de octubre de 2014
Brota
“Corazón del Cielo, Corazón de la Tierra”. En estas poéticas y bellas palabras encierran el misterio de la Encarnación, del Dios hecho carne, de la Palabra que se hace uno de nosotros. La expresan vivamente en el llamado “Altar Maya”, con los caminos del cielo y la tierra que se entrelazan en el centro. Todo un simbolismo del Dios y hombre, del Emmanuel, del Dios con nosotros. Aquí brota toda la espiritualidad y la fuerza de los verdaderos creyentes porque también todo hombre y toda mujer amor: “como a ti mismo”. No es un simple añadido, sino la verdadera fuente de donde parte el mandamiento, aunque puede entenderse de muchas formas. El primer sentido está sugerido por palabras que en otra ocasión decía el mismo Jesús: “trata los demás como quieres que te traten a ti”, o también “no hagas al otro, lo que no quieras que te hagan a ti”. Es una fórmula muy práctica. Pensar en las diferentes situaciones en que nos hemos encontrado y cómo reaccionamos ante el trato positivo o negativo que nos dan las personas y así actuar conforme a lo que quisiéramos para nosotros.
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