sábado, 25 de octubre de 2014

Exxodo

 
El Éxodo,  ofrece una serie de prescripciones muy concretas para tratar al prójimo, basadas todas en el “porque tú también estuviste en esa situación”. Así dice: “No hagas sufrir ni oprimas al extranjero... No explotes a las viudas ni a los huérfanos... Cuando prestes dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portes con él como usurero, cargándole intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, devuélveselo antes de que se ponga el sol, Cuando él clame a mí, yo lo escucharé, porque yo soy misericordioso”. Ciertamente cambiando las condiciones, poniéndose en los zapatos del otro, mirándolo “como a ti mismo”, cambian todas las formas de ver, de pensar y de actuar.quedan
 Amar “como a ti mismo”, implicaría primero amarse a uno mismo, aceptarse a uno mismo, conocerse y quererse, simplemente porque Dios nos quiere. Dios te ama infinitamente y ese amor, que te llena y te sacia, lo puedes derramar sobre los demás. Hay quien no se quiere a si mismo, siempre está de mal humor, siempre se enoja y de todo se fastidia… no se quiere porque no se ha reconocido amado de Dios. Así lo que parecía primero un mandamiento: amar a Dios; y después dos: amar al prójimo; en realidad se transforman en tres mandamientos, porque también se necesita el mandamiento de amarse a uno mismo. Pero quizás estaríamos regresando otra vez al nivel de los fariseos que sólo miran mandamientos. ¿Amar es un mandamiento? Más bien una experiencia, ¡la gran experiencia!, que todos debemos vivir. Si nos reconocemos y nos sentimos amados de Dios, los otros “mandamientos” brotan espontáneamente. Si decimos que amamos a Dios pero engañamos y destruimos al prójimo entonces, dice San Juan, somos unos mentirosos. Para amar al prójimo necesitamos encontrar la gran fuente de energía del amor.marcados por esos dos amores: el divino y el humano
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