jueves, 2 de octubre de 2014

Rogar

Simón, "le rogaba a Jesús que fuera a la casa de él" San Lucas 7,36. Pero, quería que Jesús entrara sin que entrara la misericordia de Jesús. Afortunadamente para él y para nosotros, no lo consiguió.
Cuando Jesús llega, llega con todo lo que Él es. Él entra a nuestro corazón, a nuestra casa, a nuestra comunidad, con todo lo que Él es. A veces nosotros deseamos que llegue Jesús, pero queremos que llegue a hacer lo que nosotros queremos, y que entre sólo hasta donde nosotros queremos.
Mas, Jesucristo entra con toda su carga de misericordia. Por eso, en algunos casos, Jesús, como en este evangelio, se parece a esos invitados pesados, a los que uno les dice: "¡Venga!", y resulta que él viene con los amigos, o con los parientes, o con la mamá, o con los sobrinos.
Así pasa con Cristo. No se puede invitar a Jesús sin que venga también la misericordia de Jesús. Y no se puede invitar a Jesús y a la misericordia de Jesús, sin que lleguen también todos los que se beneficien de esa misericordia.
No se puede invitar a Jesucristo sin que llegue también una cantidad de prójimos que Simón no quería recibir. Simón, me imagino la cara que hizo cuando ve que va entrando esta mujerzuela, ahí, a la casa de él.
Él, que como fariseo se guardaba seguramente de tener muy buena fama y de tener muy buena imagen, ve que entra esta mujer, y tal vez piensa: "¡Ya se me dañó la invitación! ¡Yo, que quería que la invitación al Rabí, Jesús, al Maestro, Jesús, fuera como uno más en la lista de mis prestigiosos invitados!

No sólo entró Jesucristo con su misericordia y con ese prójimo. Entró Jesucristo como Maestro. Se supone que Simón iba a tener una delicada atención con Nuestro Señor y le iba a dar a Jesús. Pero fue Jesús el que le dio un banquete espléndido de enseñanzas a Simón, y a través de Simón, también a todos nosotros.
Este Evangelio es muy raro: un Evangelio que no es un éxito de uno, porque no sirve para ensoberbecerse, un Evangelio que no le da gusto a uno, un Evangelio que le quita tiempo a uno, un Evangelio por el que uno no puede reclamar nada, un Evangelio por el que toca esforzarse tanto.
¿Por qué el Evangelio se ha vuelto tan importante en nuestras vidas? Esa es una pregunta que tenemos que hacernos. Cuando uno llega a esto, uno es un evangelizador; si le falta una de esas características, uno no es un evangelizador.
Me explico. Si uno evangeliza, pero siente los éxitos y se llena de soberbia por ellos, o evangeliza y le saca un gusto a la evangelización; o uno evangeliza, pero cobra; o uno evangeliza, pero es que a uno no le cuesta trabajo, si cualquiera de esas cosas pasan, uno no es un evangelizador.
Ser evangelizador es ser esto, ¿y qué es esto? Si nosotros miramos a una persona que trabaja, y además con esferzo, porque es un oficio que le han encargado, no es por gusto, ni por soberbia, ni por sueldo, si nosotros vemos a una persona así, ¿qué impresión nos produce? Que esa persona es un loco, es una locura lo que está haciendo.
Bueno, ahora miremos la vida de Jesucristo, esa es otra locura; mejor dicho, esa es la primera locura. Jesucristo no estaba ni por gusto, ni por soberbia, ni por sueldo, y sí le costó harto trabajo.
¿Para qué sirve eso? ¿Para qué sirven esas vidas así? Empezando por la de Cristo, siguiendo por la de San Pablo, y nosotros ya vamos ahí detrás, haciendo la escuelita, ¿para qué sirven esas vidas así?
Lo que sucede es esto: Cuando uno ve que una persona trabaja por la paga, o por gusto, o por soberbia, o que no le cuesta trabajo, uno dice: "¡Ah, pues lo está haciendo por eso!" Pero cuando uno ve que la persona trabaja, y no se ve por qué lo está haciendo, entonces se descubre la gracia, entonces se descubre que es por puro amor.
La grandeza de la misión del evangelizador, empezando por Nuestro Señor Jesucristo, es que se vea que es por puro amor; la grandeza del evangelizador, la perfección del evangelizador es que no se le encuentre ninguna razón, que no aparezca por qué evangeliza.
Si él evangeliza, pero es amiguísimo de los demás, y se encuentra a gusto con ellos, ah, pues entonces, él no está evangelizando, él esta es consiguiendo casa, está consiguiendo afecto, entonces no es un testimonio del Evangelio, sino es un testimonio de cómo conseguir afecto.
Si él evangeliza pero los sueldazos que se pone no son cualquier cosa, ah, entonces él está consiguiendo plata; si él evangeliza, pero es un desocupado, eso no le cuesta ningún trabajo, ah, pues él está llenando sus ratos de ocio.
Pero cuando la persona evangeliza, y uno ve que no tiene tiempo, que sí se cansa, que no cobra nada, que no se ensoberbece, que no es por gusto, ¿Uno qué dice? ¿Entonces por qué lo hace? Por una locura, ¿y es una locura para destruir? No, es una locura para construir, ¿es una locura para matar? No, es para dar vida, ¿es para herir? No, es para sanar.
¿Y qué predica? Predica con toda pureza y con toda generosidad el amor de Dios. ¿Qué es un evangelizador? Un evangelizador es aquel que manifiesta, con su vida, ese amor.
Entonces, llegar a la perfección en el servicio al Evangelio, es vivir de tal manera, que el que lo conozca a uno tenga que decir: "Uuy, tiene que ser por Dios que lo está haciendo, tiene que ser por amor a Dios, porque es que no veo por qué más lo está haciendo".
Mientras la gente pueda ver en nosotros alguna otra motivación, siempre dirá es por eso. "Ah, es que es por los amigos, es por la plata, por lo que sea". Pero cuando lo conocen a uno, y cuando no encuentran ninguna otra motivación, lo miran de arriba a abajo, y se rascan la cabeza, y dicen: "¿Por qué, por qué esa vida, por qué? ¿Por qué vive así? ¿Por qué?"
Es lo mismo que encontrarse con la Cruz de Cristo: "Por qué? ¿Por qué hasta allá? ¿Por qué tanto? ¿Por qué? Cuando se llega ahí, entonces uno dice: " Tiene que ser porque ama mucho, punto. Porque eso es una locura", pero es una locura para el bien, el Evangelio es una locura para el bien.
"Tiene que ser porque ama mucho, porque es que no se ve nada más". Que digamos, que consiguió los grandes amigos, no, no ha conseguido los grandes amigos; mejoró de condición social, tampoco, no ha sacado nada, ¿qué ha sacado entonces? La gracia: dar a conocer el Evangelio sin hacer uso de los derechos que me concederían.
Esto es una maravilla de evangelizador, este es un evangelizador, esto es ser un apóstol: obrar de tal manera, que la persona que nos conozca tenga que decir: "Dios existe, el amor existe, esta persona está haciendo eso por amor, sólo por amor. Es increíble que esa persona se gaste así, eso tiene que ser por amor, tiene que ser que ama muchísimo a Dios".
O sea que al evangelizador le toca hacer dos tareas: una es, lo que le pasó a Jeremías, una es devastar y otra es construir. La labor de devastar es quitarle a la gente cualquier escondrijo, y los escondrijos son: "Ah, es que usted lo hace por esto, es que usted lo hace por esto otro".
Devastar es quitarle a la gente cualquier disculpa, quitarle a las personas cualquier disculpa, vivir de tal manera que nadie tenga ninguna disculpa, eso es arrasar, pero luego hay que construir, que desde luego es lo más importante.
¿Y construir qué es? Presentar de tal modo ese amor de Dios, que las personas digan: "Yo me estaba escondiendo detrás de disculpas, yo no conocía el amor; pero ahora que te he conocido a ti, evangelizador, ahora sé que el amor de Dios existe".
Roguemos al Señor en esta Santa Misa que infunda en nosotros ese amor, que haga de nosotros evangelizadores. Entonces nosotros pensamos: "¿Pero yo a qué hora llegaré allá? ¿Yo cuándo llegaré ahí? ¿Cómo voy a alcanzar esa generosidad?"
El amor te irá haciendo libre; a medida que vayas sintiendo más y más amor, descubrirás que, aunque no te guste, aunque no te salgan las cosas bien, aunque no te puedas enorgullecer de tus resultados, aunque no te paguen, aunque tengas que esforzarte, aunque tengas a veces que luchar incluso contra ti mismo, descubrirás que ya no puedes dejar el Evangelio, porque el Evangelio no te deja a ti.
Señor Dios, infúndenos ese Espíritu de amor que nos haga libres de cualquier otra motivación, de manera que cualquier persona que nos conozca tenga que decir: "Lo que está haciendo, lo está haciendo por amor, debe estar muy enamorado de Dios para hacer lo que hace. Dios existe y está amando, y yo le he visto".

No hay comentarios:

Publicar un comentario