jueves, 23 de octubre de 2014

Palpite


La dictadura perfecta. México un país acéfalo y en agonía
En estos últimos días hemos vivido varios acontecimientos importantes. El Sínodo de los Obispos en Roma con el tema de la familia. Dos elementos a remarcar de éste Sínodo: La bienvenida a los homosexuales en la Iglesia y las palabras igualmente misericordiosas a los divorciados vueltos a casar. Y otro acontecimiento importante es toda la agitación (nacional e internacional) que ha causado la desaparición de 43 jóvenes normalistas en Guerrero. Aunado a esto el estreno nacional de la película: “La dictadura perfecta” de Luis Estrada. Es este último tema el que ahora deseo comentar. Me parece que vivimos ahora en México una crisis política y moral como pocas veces hemos tenido de esa magnitud en nuestra historia. Los políticos (del PRI-PAN-PRD-Etc.) han llegado a un grado de cinismo escandaloso y grotesco. Basta con leer o escuchar las noticias en La Jornada, Reforma, Proceso, o Carmen Aristegui, para darnos cuenta que este país está agonizando.
Prácticamente todos los días nos enteramos de noticias relacionadas con la corrupción, engaños y mentiras de nuestros políticos, aunado a secuestros, extorsiones y narcotráfico, del crimen organizado. Que dicho sea de paso, parece ser lo único organizado que tiene nuestro país. A la crisis política corresponde la crisis moral que padecemos ahora los mexicanos. Cada quien hace lo que quiere porque no hay autoridad moral. Prueba de esto es que el así llamado “líder moral” del PRD, el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas, fue apedreado recientemente en el Zócalo en su intento de apoyar a los normalistas desaparecidos.
La gente ya no cree en nada ni en nadie, vivimos en un país acéfalo, es decir sin cabeza.   Hace algunos días, platicando después de su conferencia con el Dr. Guillermo Hurtado (del Departamento de Investigaciones Filosóficas de la UNAM), coincidíamos que los cambios en México no pueden venir desde arriba, desde la cúpula del poder, sino desde abajo, desde el pueblo. Necesitamos construir algo nuevo, distinto, diferente. Necesitamos un México con una cabeza nueva y un corazón que palpite. En el mundo náhuatl el llegar a ser “persona” es el poder adquirir un rostro (ixtli) y un corazón (yóllotl).

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