sábado, 25 de octubre de 2014

Dimensiòn


María, como madre, tiene otra dimensión, la del sentido de la responsabilidad. El amor siempre se modera por el sentido de responsabilidad que abre al niño los caminos de la libertad. Entre la madre y el niño, hay una unión formada por mil cosas, y al mismo tiempo una distancia para que el niño no sea una copia conforme, sino que desarrolle su propia personalidad. La Iglesia debe también ser sensible a su responsabilidad de llevar a los fieles a su libertad, a un verdadero crecimiento personal en Cristo.

Por su amor, por su inteligencia, la madre teje el fondo de la psicología infantil. Entre María y Jesús, hubo toda esta densidad de humanidad: la madre ha penetrado en todo su espesor la personalidad de Jesús. La primera experiencia humana que Jesús tuvo fue la de sentirse amado. El primer rostro que Jesús contempló fue el de su madre; en este rostro, encontró la paz. También es el último rostro que llenó sus ojos y nos hizo ver a su Hijo.

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