miércoles, 29 de junio de 2016
Transforma
Jesús transformó el miedo de ellos en asombro. Es muy grande el poder que tiene el asombro. El asombro es como una ventanita que uno abre en la parte más alta del alma para recibir una luz de lo alto. El asombro es como abrir una puerta, dejar que entre un aire nuevo. El asombro trae novedad al alma.
El alma que no puede asombrarse, está arrugada, está envejecida. Un alma sin asombro sólo puede repetir lo que hace, será un alma rutinaria. El secreto para no envejecer es tener siempre de qué y de quién asombrarse. Los niños se asombran, todo les parece extraño, maravilloso, curioso. Cuando perdemos la capacidad de asombro, perdemos también la capacidad de novedad, la capacidad de aprendizaje; y el que no puede ser enseñado, tampoco puede llamarse discípulo. Pero a veces, para llegar al asombro, hay que pasar por la tempestad.
Tanto llegaron a tener asombro, como tenían de miedo. Y Jesús dormía. El sueño de Jesús hizo que creciera el miedo de ellos; y el miedo de ellos despertó a Jesús, y Jesús, despierto, transformó el miedo en asombro.
Entonces Jesús se duerme a veces en medio de la tempestad, y el miedo crece. Esa es una estrategia que tiene el amor de su Corazón, para que luego esa cantidad de miedo se transforme en una cantidad de asombro. A veces el miedo por unas olas, a veces es el miedo por la muerte, a veces es el miedo por sentimientos oscuros, que son perores que esas olas y que se van levantando en el corazón.
Si tenemos miedo, qué bueno despertar a Jesús. De pronto nos regaña, -hay veces que la gente se pone brava cuando la despiertan-, de pronto nos regaña, pero transformará nuestro miedo en asombro.
Admirar a Jesús, admirarlo. Los niños tienen ojos grandes, pues tener ojos grandes para Jesús. No perderle detalle ni pisada; no perderle sonrisa ni palabra. Vivir asombrados por Jesús. Estar siempre abiertos a Él. Así seremos verdaderamente discípulos suyos.
sábado, 25 de junio de 2016
Lamentaciones 2,14.
"No te hicieron ver tus pecados, para evitarte así el cautiverio" Lamentaciones 2,14. Es grande la culpa del que calla y evita una advertencia que sería saludable.
Por eso la Iglesia es el camino que todos nosotros vamos recorriendo. Y todos nosotros vamos caminando en nuestra fe, y necesitamos advertencias y necesitamos señales.
De parte nuestra se pide algo: que estemos dispuestos a ser corregidos, y de parte de los pastores y de parte de los profetas se pide algo: que no ofrezcan visiones engañosas, que no presenten las cosas solamente como la gente quiere oírlas, sino que si tienen que denunciar el pecado, lo denuncien; y si tienen que perder popularidad, la pierdan; y si tienen que ser rechazados, odiados por eso, pues preferible es que pasen por ese trance y no que engañen al pueblo.
Aprendamos de esta tristeza, aprendamos de este cuadro triste del destierro, aprendamos cuánto valora Dios la fidelidad, y aprendamos cómo es necesario muchas veces estar dispuestos a ser corregidos, estar dispuestos a ser educados, para poder verdaderamente alcanzar nuestra meta.
De otra manera, las visiones amables y las palabras dulces, nos llevarán distraídos, nos llevarán con los ojos vendados y de pronto, cuando despertemos, ya sea demasiado tarde.
Agradezcamos a aquellos que se esfuerzan en mantenernos despiertos y atentos. Y de nuestra parte, si a alguien tenemos también que dar una advertencia, el Nombre del Señor y con amor, lo haremos, para vida de todos y para salvación de todos
Juan Bautista
Este es Juan Bautista, que es la voz, como dice San Agustín, la voz que preparaba camino a la Palabra, que es Cristo; este Juan Bautista rompe el silencio de Dios, este Juan Bautista muestra ya la piedad del Señor que vuelve el espíritu de profecía a su y pueblo, y por eso, la llegada de Juan Bautista, es anuncio, y anuncio cercano de la llegada de Jesucristo.
Lo que celebramos entonces, es la cercanía de Cristo, el cumplimiento de las promesas de Dios y el haberse borrado el oprobio de Israel.
Y por eso, con cánticos, meditando la Palabra de Dios y ofreciendo la Eucaristía, bendecimos al Señor porque ha cumplido sus promesas; bendecimos al Señor porque aún en medio de la esterilidad, y de esa esterilidad vergonzosa como era la de Isabel, Él puede presentar las obras de su brazo, realizar lo que parecía imposible, en favor de su pueblo y para gloria suya.
Bendito este día, y que Dios sane también nuestras esterilidades, aquello que parece perdido dentro de nuestra vida, para que su promesa se cumpla y para que su gloria crezca
Fuerza
Jesús es profundamente tocado por este hombre. El Evangelio de Marcos subraya que “Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: ‘Lo quiero, queda purificado’”(1,41). El gesto de Jesús acompaña sus palabras y hace más explícita la enseñanza. Contra la disposición de la Ley de Moisés, que prohibía acercarse a un leproso ( Lv 13,45-46), Jesús, contra la prescripción, extiende la mano e Señor Jesús, quiero que seas para mí, fuerza que me empuje a trabajar por tu Reino, fe que me ayude a sentirte siempre presente, esperanza que me anime en el desaliento, amor que me enseñe a negarme para dar lo mejor de mí mismo. incluso lo toca. Señor Jesús, quiero que seas para mí, fuerza que me empuje a trabajar por tu Reino, fe que me ayude a sentirte siempre presente, esperanza que me anime en el desaliento, amor que me enseñe a negarme para dar lo mejor de mí mismo.
Apremia
Cristo Jesús invita a todos, apremia a todos a hacer la voluntad de Dios: "No todo el que me dice "Señor, Señor", entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo" San Mateo 7,21.
Parece claro lo que dice Cristo que hay que cumplir la voluntad de Él, la voluntad del Padre Celestial San Mateo 7,22.
"Hemos hecho muchos milagros" San Mateo 7,22, y Jesús dice que eso no basta.
Miremos lo que nos ha dicho el Señor, que: "No basta con decir, "Señor, Señor", sino que hay que hacer la voluntad del Padre Celestial" San Mateo 7,21.
Cristo nos dice: que hay que hacer su voluntad.
El sentido del texto parece que es: que hacer la voluntad de Dios
"El que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo" San Mateo 7,23. La grandeza está ahí. La grandeza no es lo que yo hago para Dios, la grandeza es lo que yo dejo que Dios haga en mí y que Dios haga conmigo.
Cumplir la voluntad de Dios, no es lo que yo hago para Dios, es lo que le permito a Dios que haga en mi vida.
Cristo Jesús hizo muchos milagros, cristo Jesús expulsó muchos demonios y Cristo Jesús predicó con gran sabiduría. Pero la obra de nuestra redención no vino ni por esos milagros, ni por esos exorcismos, ni por esos discursos.
Cristo nos redimió en el misterio de la Cruz, cumpliendo la voluntad del Padre. Lo grande no es lo que yo hago para Dios, lo grande es lo que yo le permito a Dios que haga en mi vida.
Como dicen tantos cantos hermosos, "ser barro en manos del Alfarero", dejar que Dios me modele, ser obra de Dios, no contentarse con hacer obras para Dios, sino ser la obra de Dios; esto es hacer la voluntad del Padre.
Dios no quiere empleados que trabajen para Él, Dios quiere hijos que tengan su mismo amor, que tengan su mismo Espíritu y que lleven a plenitud la semejanza de la que nos habla el Génesis.
miércoles, 22 de junio de 2016
Ley
Señor Jesús, quiero que seas para mí, fuerza que me empuje a trabajar por tu Reino, fe que me ayude a sentirte siempre presente, esperanza que me anime en el desaliento, amor que me enseñe a negarme para dar lo mejor de mí mismo. Amén.
"La ley que es descanso del alma, la ley que ilumina los pasos, la ley que es agradable al paladar, la ley que es luz para el pensamiento".
El ser humano de nuestro tiempo, no es que sea difícil de manejar, sino que es manejable o manipulable de otras maneras pero se logra programar increíblemente.
Eso es lo que un católico puede aplicar su bautismo esa alianza que está olvidada, que está sepultada allá en mi pasado, esa es la fuente de mi vida, ahí están las cláusulas.
"¡Qué paciencia me ha tenido el Señor!" "Con cuánto amor me ha esperado!" "¡Esta es la alianza en la que yo tengo vida!" "¡Voy a renovar esa alianza!"
Alianza que se renueva por la Sangre de Cristo en el sacramento de la Confesión y luego por el amor, el Pan de Cristo, la Sangre de Cristo, en la Eucaristía.
viernes, 17 de junio de 2016
Acompaña
El amor de Cristo acompaña el camino de los cristianos. Y su amor no cambia, no se cansa, no se desgasta.
Cristo, que tocó al leproso, se acerca a nuestras lepras y con amor se muestra cercano y nos sana.
En Cristo, Dios nos ha demostrado que no tiene asco de nosotros, ni por nuestra pobreza, ni por nuestra ignorancia, ni por nuestro pecado.
Dios tiene una sola mirada hacia nosotros: la que hemos conocido en Cristo; la del amor que crea y renueva.
Cristo es experto en recorrer distancias: desde el seno del Padre hasta las entrañas de la Virgen. Por eso sabemos que Cristo puede llegar con verdadera cercanía hasta cada uno de nosotros.
Cristo ya nos conoce: todo es diáfano ante su mirada, y ningún caso es demasiado complejo para él. Ninguna mentira le vence. Ningún obstáculo es demasiado grande para Él. Así como venció al sepulcro, vence toda barrera.
Los caminos que Cristo abre nadie los puede cerrar; si Él abre las bendiciones del Cielo, nadie puede oponérsele.
* Y cuando Cristo cierra una etapa o una herida, que nadie pretenda abrir lo que Él ya ha clausurado. porque suya es la victoria para siempre.
"No os agobiéis. No os agobiéis, ni por el mañana, ni por el trabajo, ni por el vestido, ni por el alimento" San Mateo 6,25; San Mateo 6,34. "Tú, preocúpate primero por el Reino de Dios" San Mateo 6,33.
El ideal de cristiano en este texto, es aquel que de tal modo se preocupa por el Reino de Dios, que sabe poner en segundo lugar sus preocupaciones, cualesquiera que ellas sean.
La enseñanza de este evangelio no es: "Despreocúpense del mundo". "Preocúpense para que Dios llegue a reinar en este mundo". Eso le dará un orden a su escala de valores, y en ese orden de la escala de valores, las demás cosas llegarán.
Creo que en alguna parte se nos olvidó cómo era que se vivía como papá, cómo era que se vivía como mamá. Eso se nos olvidó. Y como se nos olvidó, entonces se nos olvida también qué significa hacer personas, educar personas y darle hijos a Dios.
Invitarlos al experimento del evangelio. Cristo hizo su llamado, su reto, su provocación a los discípulos: "Tú, preocúpate por el Reino de Dios, y vendrá lo demás"San Mateo 6,33.
Da
Si no das en el Nombre de Cristo, tú empezarás a llevar cuentas. "-Cero y va una sonrisa que le regalo a este desgraciado y no responde". "-Cero y van nueve sonrisas que le regalo a este desgraciado y no respondió". "-Pues, a la porra". Y dice San Pablo: "El amor no lleva cuentas" 1 Corintios 13,5.
Cuando te sientas llevando cuentas de que, "es que ya yo di una vez, ya yo di dos veces, ya yo di tres veces y ya la copa se me llenó", la copa se te llenó porque la copa estaba llena de ti mismo. A una copa que ya está llena de ti mismo, no le cabe mucho.
Cuando tú des como el que pierde, como el que regala, como el que bota algo, una sonrisa en el Nombre del Señor: "No me la vas a pagar; no te pido que me la pagues; no te diré que me la pagues; no te diré que estoy pensando que no me la vas a pagar". ¡Un amor, una palabra, un consejo, una ayuda!
Aquí hay padres de familia y hay personas que seguramente van a ser padres de familia. Así es como hay que amar a los hijos. Cuando el hijo se siente amado así, siente que no es un CDT, que no es una inversión, el hijo se siente sostenido en su propio ser, se siente apoyado profunda y radicalmente en su vida, y puede caminar como persona, como cristiano y como ciudadano.
"Cristo Jesús, envía tu Divino Espíritu sobre cada uno de nosotros, y permite que cada uno piense, cada uno recapacite y reflexione, qué es lo que va a dar sin cuentas, sin alegar. ¡A dar en el Nombre de Cristo!"
Amigo, amiga, créeme, tú eres infinito cuando estás enchufado, cuando estás conectado a la fuente del infinito que es Dios. Tú eres nada y te disuelves en la nada cuando te sueltas de Él.
Dios te hizo infinito, te quiere infinito y te llama al infinito. Nada menor que el infinito llegará a saciarte; nada distinto te hará feliz.
Que Dios te conceda unirte a Él, enchufarte a Él, conectarte a Él, hacer de Él tu vida, para gloria suya y salvación tuya.
Amén.A Ligia Bolaños le gusta tu publicaci`òn
Experimento
Haz el experimento de dar sonrisas donde no las hay. Haz el experimento de amar donde piensas, y razonablemente, que no te aman. Haz el experimento de entender, donde piensas y juzgas que no te entienden.
Haz el experimento de regalar de ti, de tu tiempo, de dar de tu tiempo, de perder, aparentemente perder. Cada una de esas sonrisas, cada uno de esos cariños, cada uno de esos tiempos, de esos dineros, de esos consejos que tú vayas a dar, dalos en el Nombre de Cristo.
"Es en el Nombre del Señor esa sonrisa. Es en el Nombre de Cristo y es para que Dios reine en esta vida".
miércoles, 15 de junio de 2016
Desprendida
"Me quedo yo solo, y ahora me persiguen para matarme" 1 Reyes 19,14, dice Elías. Pero la vida de Elías resultó preciosa a los ojos de Dios. Y con ese solo Elías, Dios hizo al mismo tiempo un huracán, un terremoto y un fuego capaz de arrasar la idolatría y de implantar la verdadera fe y el verdadero amor.
Que esa misma unción nos transforme a nosotros. Debe ser maravilloso que Dios pueda entrar en nosotros y obrar así, como un fuego que aparta todo lo que sobra y que purifica; como un terremoto que destruye los altares y sacrílegos e idolátricos que puede haber en el alma; como un viento impetuoso que nos en movimiento hacia el cumplimiento de su voluntad.
El apóstol es una persona que está suelta, que está desprendida, que está libre de los intereses y de los reinos de esta tierra, precisamente para anunciar la riqueza, la hermosura del Reino de los Cielos; ése es un apóstol.
Alguien que ha sido liberado del dominio, incluso de la tiranía que tienen las cosas, los placeres, los afectos, no quiere decir que no los tenga, sino que está suelto de todo eso; es alguien suelto, es alguien libre de esta tierra y con una libertad que le permite cantar lo que es el Reino de los Cielos.
Un apóstol tiene que dar las señales del Espíritu, tiene que llevar consigo las señales de Jesús y esto significa que va produciendo salud, va produciendo vida, va produciendo libertad, así podemos traducir lo que ha dicho el Señor en el evangelio. Curar a los enfermos es producir salud, resucitar a los muertos es producir vida, expulsar a los demonios es producir libertad.
El llamado singular que recibieron hombres como Pablo o como para Bernabé indudablemente se queda para ese momento fundacional de la Iglesia, es decir, nosotros ya no tenemos otra comunidad de Corintios a los cuales escribirles cartas para engordar la Biblia, ese momento requería de esas personas, pero nosotros podemos participar también de la gracia del apostolado.
Y esto es lo que quisiera compartirles para terminar esta reflexión. Hemos dicho que un apóstol tiene tres características: lo primero, que anuncia el Reino de Dios; lo segundo, que tiene las señales del Espíritu; y lo tercero, que está desprendido, que está libre de los imperios de esta tierra.
Nosotros podemos participar de la gracia del apostolado entrando también en esas tres dimensiones. Necesitamos estar muy sueltos, necesitamos estar muy libres, necesitamos estar sueltos y libres, necesitamos estar sueltos y libres de las cosas y también de las personas.
Si entramos más a fondo lo que significa esta libertad, entenderemos que se trata sobre todo de darle permiso a Dios para que disponga de todo lo que nosotros somos, de todo lo que tenemos, de todo lo que pensamos, soñamos y queremos, así entramos nosotros en la dimensión del apostolado.
Tomemos todo lo que somos, los conocimientos que hemos recibido, los amores que nos rodean, el dinero que tenemos, el tiempo, las fuerzas, y digámosle a Dios: "Te doy permiso de disponer de todo cuanto yo tengo; que seas tú el que primero en disponer de mis cosas, de mis afectos, de mi tiempo, de mi dinero. Te doy permiso, Señor", ahí está.
Cristo Jesús te llama a ti para que tú, con una gracia de apostolado, poniendo tu conocimiento, tu trabajo al servicio del Reino, estés disponible para que Él haga su obra.
Entrar
"Me quedo yo solo, y ahora me persiguen para matarme" 1 Reyes 19,14, dice Elías. Pero la vida de Elías resultó preciosa a los ojos de Dios. Y con ese solo Elías, Dios hizo al mismo tiempo un huracán, un terremoto y un fuego capaz de arrasar la idolatría y de implantar la verdadera fe y el verdadero amor.
Que esa misma unción nos transforme a nosotros. Debe ser maravilloso que Dios pueda entrar en nosotros y obrar así, como un fuego que aparta todo lo que sobra y que purifica; como un terremoto que destruye los altares y sacrílegos e idolátricos que puede haber en el alma; como un viento impetuoso que nos en movimiento hacia el cumplimiento de su voluntad.
Unciòn
La unción de Dios se entra en el alma y hace que el cristiano, como Elías, se consuma por dentro. A Elías no le impresionó mucho ese fuego devorador que estaba afuera, porque él tenía ya fuego adentro. Fíjate lo que dice: "Mi pasión por el Señor Dios de los Ejércitos; me consume el celo se estaba ardiendo, se estaba quemando él.
El fuego exterior no tenía que impresionarlo mucho; ese viento huracanado tampoco tenía que admirarlo demasiado, porque él mismo era transportado en su camino y en su misión por un huracán distinto; él llevaba un huracán dentro.
Ese terremoto tampoco tenía que impresionarlo en exceso, porque él mismo había experimentado en su interior cómo se le derrumbaba el alma ante la infidelidad de los israelitas.
El verdadero poder de Dios, el que hace que Dios obre como un huracán de amor, de gracia, de justicia en la historia de los hombres está en esa unción. Su presencia exterior es sutil, pero no por sutil débil.
El oráculo que recibe aquí Elías va a cambiar toda la historia del Medio Oriente. Es un oráculo recibido en medio de un vientecillo suave. Ese vientecillo no está indicando la debilidad de Dios, sino la sutilidad de su presencia y la profundidad con la que sabe llegar a los corazones.
Y la manera, entonces, como esos corazones, ungidos por el Señor, van a cambiar el curso de los acontecimientos, van a cambiar, en realidad, la historia. A eso es a lo que se refiere esta unción.
Es bello tener hambre cuando llega el pan, tiene belleza el sentirse triste, si ya está cerca la alegría. No es tan malo estar de noche, si ya casi va a amanecer. Pero el amanecer, el pan, la alegría, el bien, es Jesucristo.
Feliz la víspera, por el día que viene. Feliz la noche, por el día que amanece. Feliz la oscuridad, por la luz que ya llega. Ese es el mensaje.
Feliz el que no se sintió satisfecho, feliz el que no pudo ser amarrado, feliz el que quedó libre de la oferta de este mundo, para poder entender en toda su grandeza el esplendor del Evangelio.
La vida cristiana, a imagen de la vida de Cristo, es también una vida marcada por las Bienaventuranzas. Porque es una vida que de alguna manera, protesta, de alguna manera se rebela de todo lo que puede amarrar, de todo lo que puede encadenar de este mundo, llámese riqueza, llámese felicidad, llámese buen nombre.
Feliz el que testifique eso, para quedarse solamente con el bien maravilloso de Jesucristo, y para proclamar ese mismo bien a los hermanos
Vivido
El primero que ha vivido las Bienaventuranzas, y el primero que sabe qué es lo que nos está enseñando, es Jesús. Él, en las Bienaventuranzas, no nos da una norma, sino lo que Él mismo ha vivido. No es una norma externa, es la expresión de su experiencia, es lo que Él ha encontrado en la vida.
Efectivamente, el que se siente ya feliz, se pierde de la felicidad que Cristo trae. El que se siente ya consolado, el que se siente ya rico, se pierde del consuelo de Cristo, se pierde de la riqueza de Cristo.
Las Bienaventuranzas sólo son comprensibles, vistas en Cristo y vistas gracias a Cristo. Si encontramos en Cristo al Bienaventurado, si encontramos en Cristo a quien trae la Bienaventuranza, sólo así resulta comprensible .
domingo, 12 de junio de 2016
Bello
Es bello tener hambre cuando llega el pan, tiene belleza el sentirse triste, si ya está cerca la alegría. No es tan malo estar de noche, si ya casi va a amanecer. Pero el amanecer, el pan, la alegría, el bien, es Jesucristo.
Feliz la víspera, por el día que viene. Feliz la noche, por el día que amanece. Feliz la oscuridad, por la luz que ya llega. Ese es el mensaje.
Feliz el que no se sintió satisfecho, feliz el que no pudo ser amarrado, feliz el que quedó libre de la oferta de este mundo, para poder entender en toda su grandeza el esplendor del Evangelio.
La vida cristiana, a imagen de la vida de Cristo, es también una vida marcada por las Bienaventuranzas. Porque es una vida que de alguna manera, protesta, de alguna manera se rebela de todo lo que puede amarrar, de todo lo que puede encadenar de este mundo, llámese riqueza, llámese felicidad, llámese buen nombre.
Feliz el que testifique eso, para quedarse solamente con el bien maravilloso de Jesucristo, y para proclamar ese mismo bien a los hermanos
Vivido
El primero que ha vivido las Bienaventuranzas, y el primero que sabe qué es lo que nos está enseñando, es Jesús. Él, en las Bienaventuranzas, no nos da una norma, sino lo que Él mismo ha vivido. No es una norma externa, es la expresión de su experiencia, es lo que Él ha encontrado en la vida.
Yo creo que esto se entiende un poco mejor, si comparamos este texto con las Bienaventuranzas que nos trae Lucas. Allá, en las Bienaventuranzas de Lucas, se acompañan estas expresiones de felicidad con otros lamentos: "¡Ay de vosotros, los ricos! ¡Ay de vosotros, los que reís!" San Lucas 6,24-25.
Efectivamente, el que se siente ya feliz, se pierde de la felicidad que Cristo trae. El que se siente ya consolado, el que se siente ya rico, se pierde del consuelo de Cristo, se pierde de la riqueza de Cristo.
Las Bienaventuranzas sólo son comprensibles, vistas en Cristo y vistas gracias a Cristo. Sólo, si encontramos en Cristo al Bienaventurado, y sólo, si encontramos en Cristo a quien trae la Bienaventuranza, sólo así resulta comprensible .
sábado, 4 de junio de 2016
Devociòn
Dirige a Dios cada uno de tus actos; ofréceselos y pídele que sea para Su honra y gloria.
Ofrécete a Dios cincuenta veces al día, y que sea con gran fervor y deseo de Dios.
En todas las cosas, observa la providencia de Dios y Su sabiduría, en todo, alábale.
En tiempos de tristeza y de inquietud, no abandones ni las obras de oración, ni la penitencia a la que estás habituado. Antes, intensifícalas, y verás con qué prontitud el Señor te sustentará.
Nunca hables mal de quien quiera que sea, ni jamás lo escuches. A no ser que se trate de ti mismo. Y progresarás mucho, el día en que te alegres de ello.
No digas nunca, de ti mismo, algo que merezca admiración, ni sobre tus conocimientos, tus virtudes, tu nacimiento, a no ser para prestar un servicio. Y en este caso, que sea con humildad, y considerando que esos dones vienen de las manos de Dios.
No veas en ti sino el siervo de todos, y en todos contempla a Cristo Nuestro Señor; así le respetarás y le venerarás.
Respecto a las cosas que no te conciernen, no muestres curiosidad, ni de cerca, ni de lejos, ni con comentarios, ni con preguntas.
Muestra tu devoción interior sólo en caso de necesidad urgente. Recuerda lo que decían San Francisco y San Bernardo: “Mi secreto me pertenece a mi”.
Cumple con todo como si Él estuviese realmente visible; actuando así, mucho ganará tu alma.
11. Que tu deseo sea ver a Dios. Tu temor, perderle. Tu dolor, no complacerle en su presencia. Tu satisfacción, lo que puede llevarte a Él. Y vivirás en una gran paz.
Piedad
La piedad es una manifestación de la misericordia de Dios. Es uno de los siete dones del Espíritu Santo que el Señor ofrece a sus discípulos para hacerlos “dóciles al obedecer a las inspiraciones divinas” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1830). Muchas veces en los Evangelio se habla del grito espontáneo que personas enfermas, endemoniadas, pobres o afligidas dirigían a Jesús: “Ten piedad” ( Mc 10,47-48; Mt 15,22; 17,15). A todos Jesús respondía con la mirada de la misericordia y el consuelo de su presencia. En estas invocaciones de ayuda y petición de piedad, cada uno expresaba también su fe en Jesús, llamándolo “Maestro”, “Hijo de David” y “Señor”. Intuían que en Él había algo extraordinario, que le llevaba a ayudar y salir de la condición de tristeza en la que se encontraban. Percibían en Él el amor de Dios mismo. Y también si la multitud se aglomeraba, Jesús se daba cuenta de esas invocaciones de piedad y se apiadaba, sobre todo cuando veía personas que sufrían y heridas en su dignidad, como en el caso de la hemorroísa ( Mc 5,32). Él les pedía tener confianza en Él y en su Palabra (cfr Jn 6,48-55). Para Jesús sentir piedad equivale a compartir la tristeza de quien encuentra, pero al mismo tiempo a trabajar en primera persona para transformarla en alegría.
También nosotros estamos llamados a cultivar actitudes de piedad delante de tantas situaciones de la vida, sacudiéndonos de encima la indiferencia que impide reconocer las exigencias de los hermanos que nos rodean y liberándonos de la esclavitud del bienestar material ( 1 Tm 6,3-8).
Miremos el ejemplo de la virgen María, que cuida de cada uno de sus hijos y es para nosotros creyentes icono de la piedad.
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