miércoles, 15 de junio de 2016
Es bello tener hambre cuando llega el pan, tiene belleza el sentirse triste, si ya está cerca la alegría. No es tan malo estar de noche, si ya casi va a amanecer. Pero el amanecer, el pan, la alegría, el bien, es Jesucristo.
Feliz la víspera, por el día que viene. Feliz la noche, por el día que amanece. Feliz la oscuridad, por la luz que ya llega. Ese es el mensaje.
Feliz el que no se sintió satisfecho, feliz el que no pudo ser amarrado, feliz el que quedó libre de la oferta de este mundo, para poder entender en toda su grandeza el esplendor del Evangelio.
La vida cristiana, a imagen de la vida de Cristo, es también una vida marcada por las Bienaventuranzas. Porque es una vida que de alguna manera, protesta, de alguna manera se rebela de todo lo que puede amarrar, de todo lo que puede encadenar de este mundo, llámese riqueza, llámese felicidad, llámese buen nombre.
Feliz el que testifique eso, para quedarse solamente con el bien maravilloso de Jesucristo, y para proclamar ese mismo bien a los hermanos
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario