sábado, 25 de junio de 2016
Apremia
Cristo Jesús invita a todos, apremia a todos a hacer la voluntad de Dios: "No todo el que me dice "Señor, Señor", entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo" San Mateo 7,21.
Parece claro lo que dice Cristo que hay que cumplir la voluntad de Él, la voluntad del Padre Celestial San Mateo 7,22.
"Hemos hecho muchos milagros" San Mateo 7,22, y Jesús dice que eso no basta.
Miremos lo que nos ha dicho el Señor, que: "No basta con decir, "Señor, Señor", sino que hay que hacer la voluntad del Padre Celestial" San Mateo 7,21.
Cristo nos dice: que hay que hacer su voluntad.
El sentido del texto parece que es: que hacer la voluntad de Dios
"El que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo" San Mateo 7,23. La grandeza está ahí. La grandeza no es lo que yo hago para Dios, la grandeza es lo que yo dejo que Dios haga en mí y que Dios haga conmigo.
Cumplir la voluntad de Dios, no es lo que yo hago para Dios, es lo que le permito a Dios que haga en mi vida.
Cristo Jesús hizo muchos milagros, cristo Jesús expulsó muchos demonios y Cristo Jesús predicó con gran sabiduría. Pero la obra de nuestra redención no vino ni por esos milagros, ni por esos exorcismos, ni por esos discursos.
Cristo nos redimió en el misterio de la Cruz, cumpliendo la voluntad del Padre. Lo grande no es lo que yo hago para Dios, lo grande es lo que yo le permito a Dios que haga en mi vida.
Como dicen tantos cantos hermosos, "ser barro en manos del Alfarero", dejar que Dios me modele, ser obra de Dios, no contentarse con hacer obras para Dios, sino ser la obra de Dios; esto es hacer la voluntad del Padre.
Dios no quiere empleados que trabajen para Él, Dios quiere hijos que tengan su mismo amor, que tengan su mismo Espíritu y que lleven a plenitud la semejanza de la que nos habla el Génesis.
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