miércoles, 15 de junio de 2016

Unciòn

La unción de Dios se entra en el alma y hace que el cristiano, como Elías, se consuma por dentro. A Elías no le impresionó mucho ese fuego devorador que estaba afuera, porque él tenía ya fuego adentro. Fíjate lo que dice: "Mi pasión por el Señor Dios de los Ejércitos; me consume el celo se estaba ardiendo, se estaba quemando él. El fuego exterior no tenía que impresionarlo mucho; ese viento huracanado tampoco tenía que admirarlo demasiado, porque él mismo era transportado en su camino y en su misión por un huracán distinto; él llevaba un huracán dentro. Ese terremoto tampoco tenía que impresionarlo en exceso, porque él mismo había experimentado en su interior cómo se le derrumbaba el alma ante la infidelidad de los israelitas. El verdadero poder de Dios, el que hace que Dios obre como un huracán de amor, de gracia, de justicia en la historia de los hombres está en esa unción. Su presencia exterior es sutil, pero no por sutil débil. El oráculo que recibe aquí Elías va a cambiar toda la historia del Medio Oriente. Es un oráculo recibido en medio de un vientecillo suave. Ese vientecillo no está indicando la debilidad de Dios, sino la sutilidad de su presencia y la profundidad con la que sabe llegar a los corazones. Y la manera, entonces, como esos corazones, ungidos por el Señor, van a cambiar el curso de los acontecimientos, van a cambiar, en realidad, la historia. A eso es a lo que se refiere esta unción.

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