miércoles, 29 de junio de 2016
Transforma
Jesús transformó el miedo de ellos en asombro. Es muy grande el poder que tiene el asombro. El asombro es como una ventanita que uno abre en la parte más alta del alma para recibir una luz de lo alto. El asombro es como abrir una puerta, dejar que entre un aire nuevo. El asombro trae novedad al alma.
El alma que no puede asombrarse, está arrugada, está envejecida. Un alma sin asombro sólo puede repetir lo que hace, será un alma rutinaria. El secreto para no envejecer es tener siempre de qué y de quién asombrarse. Los niños se asombran, todo les parece extraño, maravilloso, curioso. Cuando perdemos la capacidad de asombro, perdemos también la capacidad de novedad, la capacidad de aprendizaje; y el que no puede ser enseñado, tampoco puede llamarse discípulo. Pero a veces, para llegar al asombro, hay que pasar por la tempestad.
Tanto llegaron a tener asombro, como tenían de miedo. Y Jesús dormía. El sueño de Jesús hizo que creciera el miedo de ellos; y el miedo de ellos despertó a Jesús, y Jesús, despierto, transformó el miedo en asombro.
Entonces Jesús se duerme a veces en medio de la tempestad, y el miedo crece. Esa es una estrategia que tiene el amor de su Corazón, para que luego esa cantidad de miedo se transforme en una cantidad de asombro. A veces el miedo por unas olas, a veces es el miedo por la muerte, a veces es el miedo por sentimientos oscuros, que son perores que esas olas y que se van levantando en el corazón.
Si tenemos miedo, qué bueno despertar a Jesús. De pronto nos regaña, -hay veces que la gente se pone brava cuando la despiertan-, de pronto nos regaña, pero transformará nuestro miedo en asombro.
Admirar a Jesús, admirarlo. Los niños tienen ojos grandes, pues tener ojos grandes para Jesús. No perderle detalle ni pisada; no perderle sonrisa ni palabra. Vivir asombrados por Jesús. Estar siempre abiertos a Él. Así seremos verdaderamente discípulos suyos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario