miércoles, 15 de junio de 2016
Entrar
"Me quedo yo solo, y ahora me persiguen para matarme" 1 Reyes 19,14, dice Elías. Pero la vida de Elías resultó preciosa a los ojos de Dios. Y con ese solo Elías, Dios hizo al mismo tiempo un huracán, un terremoto y un fuego capaz de arrasar la idolatría y de implantar la verdadera fe y el verdadero amor.
Que esa misma unción nos transforme a nosotros. Debe ser maravilloso que Dios pueda entrar en nosotros y obrar así, como un fuego que aparta todo lo que sobra y que purifica; como un terremoto que destruye los altares y sacrílegos e idolátricos que puede haber en el alma; como un viento impetuoso que nos en movimiento hacia el cumplimiento de su voluntad.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario