lunes, 31 de enero de 2011

Abrirse

Las Bienaventuranzas son un nuevo programa de vida para liberarse de los falsos valores del mundo y abrirse a los verdaderos bienes presentes y futuros. Cuando Dios consuela, sacia el hambre de justicia, enjuga las lágrimas de los afligidos, significa que, además de recompensar a cada uno de manera sensible, abre el Reino de los Cielos. "Las Bienaventuranzas son la transposición de la cruz y de la resurrección en la existencia de los discípulos" . Reflejan la vida del Hijo de Dios que se deja perseguir, despreciar hasta la condena a muerte para dar a los hombres la salvación.
Las bienaventuranzas son dones de Dios,tenemos que darle verdaderamente gracias por habérnoslas dado y por las recompensas que se derivan de ellas, es decir el Reino de los Cielos en el siglo futuro,el consuelo aquí,la plenitud de todo bien y la misericordia de Dios.
El Evangelio de las bienaventuranzas se comenta con la historia misma de la Iglesia,la historia de la santidad cristiana, como escribe San Pablo..."Dios eligió lo que el mundo tiene por necio para confundir a los sabios, lo que el mundo tiene por débil para confundir a los fuertes,lo que es vil y despreciable y lo que no vale, para aniquilar a lo que vale". 1Cor 1,27-28

domingo, 23 de enero de 2011

Designa

Unidos en la enseñanza de los apóstoles, la comunión fraterna, la fracción del pan y la oración”. “Ellos” designa la Iglesia primitiva de Jerusalén, nacida el día de Pentecostés en que el Paráclito, el Espíritu de verdad, descendió sobre los primeros creyentes, como Dios lo había prometido a través del profeta Joel, y por el Señor Jesús en la noche anterior a su pasión y a su muerte. Todos los que viven en la continuidad del día de Pentecostés, viven en la continuidad de la Iglesia primitiva de Jerusalén y su responsable, Santiago. Esta Iglesia es nuestra Iglesia madre de todos. Nos da la imagen o el icono de la unidad de los cristianos por la cual rogamos esta semana.
La sucesión eclesial se realiza en la continuidad con la primera comunidad cristiana de Jerusalén. La Iglesia apostólica de Jerusalén se realiza en la Iglesia de la Jerusalén celestial que, a su vez, se convierte en el icono de todas las Iglesias cristianas. En señal de su continuidad con la Iglesia de Jerusalén, todas las Iglesias deben conservar las “características” de la primera comunidad cristiana por su asiduidad “a la enseñanza de los apóstoles, la comunión fraterna, la fracción del pan y la oración”.
Dios todopoderoso y misericordioso, que con gran poder has reunido a los primeros cristianos. Haz que, como la primera Iglesia de Jerusalén, podamos reunirnos en la dignidad de predicar y vivir la buena noticia de la reconciliación y de la paz, por todas partes donde existen desigualdades e injusticias. Te lo pedimos en nombre de Jesucristo que nos libera de los vínculos del pecado y de la muerte. Amén.

viernes, 21 de enero de 2011

Alcanzar

Reconciliación es el SACRAMENTO DEL AMOR DE DIOS. Es el espacio en que nuestro pecado se encuentra con la misericordia de Dios.
Los que llevaban la camilla estaban convencidos de que Jesús haría algo por su amigo. Si tú realmente crees esto, ayuda a quien no conoce bien el sacramento y que está esperando oír: "Tus pecados te son perdonados".
Señor, me impresiona contemplar lo maravillosamente fiel que eres, cómo, a pesar de tantas fallas, idas y venidas hacia ti, tú permaneces y tu amor no cambia; no puedo decir lo mismo de mí, pues tú y yo sabemos que constantemente caigo, muchas veces consciente, e inconscientemente prefiero otras cosas en vez de ti, Dios inmutable y amoroso.
Enséñame a permanecer, enséñame a ser como tú, sé que siéndote fiel no fallaré en ningún sentido, lléname con tu Espíritu para que eso sea posible, pues no podría hacerlo de otro modo.

jueves, 20 de enero de 2011

Infinidad

Santo subbito!” fue el grito que se escuchó infinidad de veces en la Plaza de San Pedro, como un grito de gratitud, de amor y de reconocimiento: Juan Pablo II, “El Grande”, había dejado que su vida se llenara con la Luz del Evangelio; Siervo fiel a las exigencias de su época y de su pontificado; profundamente mariano… “como un hijo en brazos de su Madre”.
S.S. Benedicto XVI, ha anunciado apenas, que el proceso para la beatificación de Juan Pablo II “ha concluido felizmente”, y ahora, el próximo 01 de mayo será beatificado. Se han comprobado en su vida las “virtudes heroicas” y un milagro que se atribuye a su intercesión: la curación de una religiosa de un párkinson sumamente agresivo. Muchas personas que convivieron de cerca con Juan Pablo II, dan testimonio de cómo su vida estaba centrada en la Eucaristía, la Palabra y la Oración.
Celebrar esta gran noticia es celebrar el triunfo del Amor de Dios en los hombres. Llevarlo a los altares como beato, es mostrarnos a todos los cristianos un ejemplo de vida, un camino que podemos seguir también nosotros para llegar a la “Meta”. Es “presentarnos” un intercesor más.
Es una muestra, también, que aún en nuestros días podemos llegar a ser santos y que los milagros existen como signo de la Misericordia de Dios.

Vendrá

Sed fuerte, no temáis... el mismo
Dios vendrá a salvaros» (Is 35,4). Se ha realizado esta profecía: que me
esté permitido, pues, dar ahora gritos de alegría: ¡Alegraos, hijos de
Adán, alegraos; lejos de vosotros todo desánimo! Viendo vuestra debilidad e
impotencia para resistir a tantos enemigos «desterrad de vosotros todo
temor, Dios mismo vendrá y os salvará». ¿Cómo vino él mismo y os ha
salvado? Dándoos la fuerza necesaria para hacer frente y superar todos los
obstáculos para vuestra salvación. ¿Y cómo el Redentor os ha procurado esta
fuerza? Siendo fuerte y todopoderoso, se hizo débil; cargó sobre él nuestra
debilidad, y nos comunicó su fuerza... Dios es
todopoderoso: «Señor, gritaba Isaías, ¿quién resistirá la fuerza de tu
brazo?» (40,10)... Pero las heridas que el pecado provocó en el hombre lo
debilitaron de tal manera que se quedó incapaz de resistir a sus enemigos.
¿Qué es lo que ha hecho el Verbo eterno, la Palabra de Dios? De fuerte y
todopoderoso que era, se hizo débil; se revistió de la debilidad corporal
del hombre para procurar al hombre, a través de sus méritos, la necesaria
fuerza de alma...; se hizo niño... Finalmente, al término de su vida, en el
Huerto de los Olivos cargó con vínculos de los que no se pudo desprender.
En el pretorio, fue atado a una columna para ser flagelado. Después, con la
cruz sobre sus hombros, faltado de fuerzas, cae a menudo a lo largo del
camino. Clavado en la cruz, no puede liberarse... ¿Somos débiles nosotros?
Pongamos toda nuestra confianza en Jesucristo y lo podremos todo: «Todo lo
puedo en Aquel que me conforta» decía el apóstol Pablo (Flp 4,13). Todo lo
puedo, no por mis propias fuerzas, sino con las que me han obtenido los
méritos de mi Redentor.

miércoles, 19 de enero de 2011

Esponsal

La carta a los Efesios tienen una importancia fundamental: «Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia: Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, sin mancha ni arruga... 'El hombre abandonará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne'. Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia» (5,25-32; Gn 2,24)...

El misterio pascual revela plenamente el amor esponsal de Dios. Cristo es el Esposo porque «se entregó a sí mismo»: su cuerpo fue entregado, su sangre fue derramada (Lc 22,19.20). Es así que él «amó hasta el extremo» (Jn 13,1). El don totalmente desinteresado que supone el sacrificio de la cruz hace sobresalir, de manera decisiva, el sentido esponsal del amor de Dios. Cristo, como redentor del mundo, es el Esposo de la Iglesia. La Eucaristía hace presente y realiza de nuevo, sacramentalmente, el acto redentor de Cristo que creó a la Iglesia, su cuerpo. Cristo está unido a este cuerpo como el esposo a la esposa. Todo esto está dicho en la carta a los Efesios. Dentro del «gran misterio» de Cristo y de la Iglesia se halla introducida la eterna «unidad de los dos» constituida desde el principio entre el hombre y la mujer.

sábado, 15 de enero de 2011

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La primera dimensión se llama búsqueda. María fue fiel ante todo cuando, con amor se puso a buscar el sentido profundo del designio de Dios en Ella y para el mundo. “ Quomodo fiet?: ¿Cómo sucederá esto?”, preguntaba Ella al Ángel de la Anunciación. Ya en el Antiguo Testamento el sentido de esta búsqueda se traduce en una expresión de rara belleza y extraordinario contenido espiritual: “buscar el rostro del Señor”.

No habrá fidelidad si no hubiere en la raíz esta coherente, ardiente, paciente y generosa búsqueda; si no se encontrara en el corazón del ser humano una pregunta, para la cual sólo Dios tiene respuesta, mejor dicho, para la cual sólo Dios es la respuesta,que ella nos guie a esa búsqueda segura de la santidad en nuestra peregrinación.
Vivir de acuerdo con lo que se cree. Ajustar la propia vida al objeto de la propia adhesión. Aceptar incomprensiones, persecuciones antes que permitir rupturas entre lo que se vive y lo que se cree: esta es la coherencia. Aquí se encuentra, quizás, el núcleo de la fidelidad.
"Somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía" (1Juan 3, 2): con estas palabras el apóstol Juan nos asegura la realidad de nuestra futura relación con Dios, así como la certeza de nuestro destino futuro. Como hijos amados, por este motivo, recibimos también la gracia para soportar las pruebas de esta existencia terrena, el hambre y la sed de justicia, las incomprensiones, las persecuciones ( Mateo 5, 3-11), y al mismo tiempo heredamos ya desde ahora lo que se promete en las bienaventuranzas evangélicas, "en las cuales resplandece la nueva imagen del mundo y del hombre que inaugura Jesús" (Benedicto XVI, Gesù di Nazaret, Milán 2007, 95; Jesús de Nazaret). La santidad, imprimir a Cristo en uno mismo, es el objetivo de la vida del cristiano. El beato Antonio Rosmini escribe: "El Verbo se había impreso a sí mismo en las almas de sus discípulos con su aspecto sensible... y con sus palabras... había dado a los suyos esa gracia... con la que el alma percibe inmediatamente al Verbo" . Nosotros experimentamos con antelación el don de la belleza de la santidad cada vez que participamos en la Liturgia eucarística, en comunión con la "multitud inmensa" de los bienaventurados, que en el Cielo aclaman eternamente la salvación de Dios y del Cordero ( Apocalipsis 7, 9-10). "La vida de los Santos no comprende sólo su biografía terrena, sino también su vida y actuación en Dios después de la muerte. En los santos es evidente que, quien va hacia Dios, no se aleja de los hombres, sino que se hace realmente cercano a ellos" (encíclica Deus caritas est, 42).

viernes, 14 de enero de 2011

Función

El cambio de mentalidad y de estructuras somete con frecuencia a discusión las ideas recibidas. Esto se nota particularmente entre jóvenes, cuya impaciencia e incluso a veces angustia, les lleva a rebelarse. Conscientes de su propia función en la vida social, desean participar rápidamente en ella. Por lo cual no rara vez los padres y los educadores experimentan dificultades cada día mayores en el cumplimiento de sus tareas.
Las instituciones, las leyes, las maneras de pensar y de sentir, heredadas del pasado, no siempre se adaptan bien al estado actual de cosas. De ahí una grave perturbación en el comportamiento y aun en las mismas normas reguladoras de éste.
Las nuevas condiciones ejercen influjo también sobre la vida religiosa. Por una parte, el espíritu crítico más agudizado la purifica de un concepto mágico del mundo y de residuos supersticiosos y exige cada vez más una adhesión verdaderamente personal y operante a la fe, lo cual hace que muchos alcancen un sentido más vivo de lo divino. Por otra parte, muchedumbres cada vez más numerosas se alejan prácticamente de la religión. La negación de Dios o de la religión no constituye, como en épocas pasadas, un hecho insólito e individual; hoy día, en efecto, se presenta no rara vez como exigencia del progreso científico y de un cierto humanismo nuevo. En muchas regiones esa negación se encuentra expresada no sólo en niveles filosóficos, sino que inspira ampliamente la literatura, el arte, la interpretación de las ciencias humanas y de la historia y la misma legislación civil. Es lo que explica la perturbación de muchos.( Gaudium et spes N-7)

Reposo

Los Príncipes de Persia, llenos de alegría, salieron de su país con muchos regalos para el Hijo de la Virgen : el oro, el incienso y la mirra. Cuando llegaron encontraron al niño acostado en una cuna, en casa de una madre muy pobre y se prosternaron para adorarlo de todo corazón.

María les preguntó con qué fin traían tales regalos y qué motivos les habían hecho venir con tantos tesoros ?
Ellos respondieron : Vuestro hijo es Rey universal ; su reino es el más grande del mundo y todo estará bajo su imperio.
Cómo es posible que una mujer pobre pueda dar a luz un rey ? Siendo pobre y humilde carente de toda cosa, cómo puedo ser la madre de un Príncipe?
Y ellos dijeron : Vos sola, sin embargo, tenéis el honor de haber traído al mundo al gran Rey, por Vuestra gracia la pobreza ha sido glorificada, y todas las coronas serán sometidas a vuestro Hijo.
María les dijo : Tenéis frente a vosotros un niño mudo, la casa totalmente despojada de su madre, ninguna huella de reinado, cómo podría, entonces, ser un Rey el habitante de tal morada?

Los magos respondieron : Sí, nosotros lo vemos en su silencio y en su reposo, El es pobre, como Vos decís, pero es un Rey. No hemos visto acaso los astros del cielo derrumbarse bajo sus órdenes, para anunciar su nacimiento? Si es un niño es porque él así lo ha querido, la mansedumbre y la humildad, hasta el día en que se manifestará, pero vendrá un tiempo en que las coronas se rebajaran frente a él para adorarlo.
María respondió : Un Ángel me apareció el día en que concebí este niño y como vosotros me dijo que mi Hijo es un Rey, que su corona viene de lo Alto y que es indestructible.

Los magos respondierion : el Ángel de quien habláis, Virgen, es el mismo que se nos apareció bajo la forma de una estrella, él nos hizo saber que vuestro Hijo es más grande que los astros, y que los supera en esplendor. Os doy a conocer otro misterio para confirmar vuestra fe : sabe que permaneciendo virgen he dado a luz un hijo, el Hijo de Dios, id y anunciad su gloria.

La estrella así nos había instruído ; por ella supimos que el nacimiento de Vuestro Hijo era superior a todo, y que Él es el Hijo de Dios mismo.

martes, 11 de enero de 2011

Firma

San Agustín, afirma que los Reyes Magos, quieren ser guías para los demás, indican el camino, pero no caminan, permanecen inmóviles. Para ellos las Escrituras se convierten en una especie de atlas que leer con curiosidad, un conjunto de palabras y de conceptos por examinar y sobre los que discutir doctamente. Pero nuevamente podemos preguntarnos: ¿no está también en nosotros la tentación de considerar las Sagradas Escrituras, este tesoro riquísimo y vital para la fe de la Iglesia, más como un objeto para el estudio y la discusión de los especialistas que como el Libro que nos indica el camino para llegar a la vida. Pienso que, como he indicado en la Exhortación apostólica Verbum Domini, debería nacer siempre de nuevo en nosotros la disposición profunda a ver la palabra de la Biblia, leída en la Tradición viva de la Iglesia (n. 18) como la verdad que nos dice lo que es el ser humano y cómo puede realizarse plenamente, la verdad que es el camino por recorrer cotidianamente, junto a los demás, si queremos construir nuestra existencia sobre roca y no sobre arena.
Llegamos así a la estrella. ¿Qué tipo de estrella era aquella que los Magos vieron y siguieron? A lo largo de los siglos esta pregunta ha sido objeto de discusiones, cosas interesantes, pero que no nos guían a lo que es esencial para entender esa estrella. Debemos volver al hecho de que esos seres humanos buscaban las huellas de Dios; buscaban leer su “firma” en la creación; sabían que “los cielos narran la gloria de Dios” (Sal 19,2); estaban seguros, de que Dios puede vislumbrarse en lo creado, eran seguros de que la creación existe lo que se puede definir como la firma Dios. Como hombres sabios, sabían sin embargo que no es con un telescopio cualquiera, sino con los ojos profundos de la razón en búsqueda del sentido último de la realidad y con el deseo de Dios movido por la fe, como es posible encontrarlo, incluso se hace posible que Dios se acerque a nosotros. El universo no es el resultado de la casualidad, como algunos quieren hacernos creer. Contemplándolo, estamos invitados a leer en él algo profundo: la sabiduría del Creador, la inagotable fantasía de Dios, su infinito amor por nosotros. En la belleza del mundo, en su misterio, en su grandeza y en su racionalidad no podemos dejar de leer la racionalidad eterna, y no podemos menos que dejarnos guiar por ella hasta el único Dios, creador del cielo y de la tierra. Si tenemos esta mirada, veremos a Aquel que ha creado el mundo y Aquel que nació en una cueva en Belén y continúa habitando en medio de nosotros

Concurre

Todo lo que sabemos es que para los que aman al Señor todo
concurre para su bien (Rm 8,28), y que los caminos trazados por el Señor
nos conducen más allá de esta tierra. Tomando un cuerpo, el
Creador del género humano nos ofrece su divinidad. Dios se ha hecho hombre
para que los hombres llegáramos a ser hijos de Dios. «¡Oh admirable
intercambio!». Es para esta obra que el Salvador ha venido al mundo. Uno de
entre nosotros había roto el lazo de nuestra filiación de Dios; uno de
entre nosotros debía atarlo de nuevo y expiar la falta. Ningún retoño del
viejo tronco, enfermo y degenerado, hubiera podido hacerlo; era necesario
que sobre este tronco se injertara una nueva planta, sana y noble. Y es así
que llegó a ser uno de nosotros y al mismo tiempo más que eso: uno con
nosotros. Esto es lo que hay de más maravilloso en el género humano: que
todos seamos uno... Vino para formar con nosotros un cuerpo misterioso: él
el Jefe, la cabeza, y nosotros sus miembros (Ef 5,23.30).
Si aceptamos poner nuestras manos en las del Niño divino, si respondemos
«Sí» a su «Sígueme», entonces somos suyos y el camino está libre para que
pase a nosotros su vida divina. Este es el comienzo de la vida eterna en
nosotros. No estamos aún en la visión beatífica en la luz de la gloria,
estamos todavía en la oscuridad de la fe; pero no es ya la oscuridad de este
mundo es estar ya en el Reino de Dios.

viernes, 7 de enero de 2011

Brota

La verdad brota, realmente, de la tierra, pues Cristo, que dijo: Yo soy la verdad, nació de la Virgen. Y la justicia mira desde el cielo, pues nadie es justificado por si mismo, sino por su fe en aquel que por nosotros ha nacido. La verdad brota de la tierra, porque la Palabra se hizo carne. Y la justicia mira desde el cielo, porque toda dádiva preciosa y todo don perfecto provienen de arriba. La verdad brota de la tierra, es decir, la carne de Cristo es engendrada en María. Y la justicia mira desde el cielo, porque nadie puede apropiarse nada, si no le es dado del cielo.

Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, porque la justicia y la paz se besan. Por medio de nuestro Señor Jesucristo, porque la verdad brota de la tierra. Por él hemos obtenido el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de Dios. Fíjate que no dice «nuestra gloria», sino la gloria de Dios, porque la justicia no procede de nosotros, sino que mira desde el cielo. Por ello el que se gloria que se gloríe no en sí mismo, sino en el Señor.

Por eso también, cuando el Señor nació de la Virgen, los ángeles entonaron este himno: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

¿Cómo vino la paz a la tierra? Sin duda porque la verdad brota de la tierra, es decir, Cristo nace de María. Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, para que todos seamos hombres de buena voluntad, unidos unos a los otros con el suave vínculo de la unidad. Alegrémonos, pues, por este don, para que nuestra gloria sea el testimonio que nos da nuestra

jueves, 6 de enero de 2011

Connatural

Los pájaros despiertan en la copa de los árboles a la misma hora, cantan de la misma manera y apenas hayan terminado de cantar, van en busca de alimento. Para los seres humanos todo es diferente. «Mientras hay vida, hay esperanza», dice un refrán popular. La esperanza es connatural al ser humano. Los seres humanos necesitamos la esperanza para seguir viviendo. De ella echa mano el enfermo para luchar y curarse; el prisionero para hacer todo lo posible por salir de la esclavitud.
Con todos los adelantos, el mundo parece un inmenso vacío donde la persona se siente sola y desamparada. Las personas no esperan mucho de la sociedad, de los demás, de sí mismas.
Con esperanza una sociedad tiene futuro. Esperanza, amor a Cristo, fuerzas que empujan. El abrirnos a Dios y a los demás, los más desesperanzados, puede darnos energías para contagiar y sembrar esperanza. Dios nos ha regenerado por medio de la resurrección de Jesús a una esperanza viva (1 P 1, 3).
La esperanza debe reunir cinco condiciones: que sea un bien, que sea necesario, que sea posible, que sea futuro y que sea difícil de conseguir. En todo momento tenemos que estar dispuestos a dar razón de nuestra esperanza (1 P 3, 15).
La «esperanza es el sueño de un hombre despierto». «La virtud que más me gusta, dice Dios, es la esperanza… Vivir como perfectos no apegados a las cosas presentes,sino,
deseosos de llevar una vida útil y preciosa ante Dios.

El anhelo de buscar un porvenir más humano y más justo. La esperanza cristiana se compromete a trabajar por un mundo más justo, más libre y más fraterno. Dios ha aparecido y ha transformado el curso de la historia, nosotros somos invitados a encargarnos de preparar la humanidad para que ella vaya madurando la salvación; haciéndose más responsable, descubriendo el destino común, reconociendo que no pueden resolver sus problemas sino haciendo del Evangelio la Ley de toda su vida.
Llamamos gracia al poder que tiene Dios para sanar nuestro espíritu, para infundir en el la disposición para crecer hacer que sintonicemos con la verdad, que el gesto de amor verdadero nazca en nosotros de forma expontánea e inesperada. Gracia que se desprende de Dios vivo para germinar en nuestra tierra. El mundo de hoy urge la esperanza. Quien espera de verdad está firmemente convencido de que para Dios no hay nada imposible (Lc 1, 37), y sabemos, según afirma san Juan de la Cruz, que se obtiene de Dios cuanto de Él se espera. San Pablo nos exhorta a no contristarnos como los que no tienen esperanza .

miércoles, 5 de enero de 2011

Esencial

La transparencia es una de las características que mejor define la persona integrada y bien realizada. La transparencia es el efecto e irradiación del diálogo fecundo entre el yo consciente y el yo profundo. El yo consciente capta los llamados y solicitudes que fluyen desde el yo profundo. Escucha su naturaleza esencial y realiza una síntesis entre lo que es en la realidad profunda y aquello que siente, piensa, quiere y sueña en la realidad empírica.

No confundir sinceridad con autenticidad. La sinceridad se sitúa en el nivel del yo consciente: la persona sincera dice lo que piensa y actúa conforme a su idea. Pero no necesariamente es auténtica. Puede no oír su yo profundo y sus propuestas. No es entera porque no engloba todo su ser consciente e inconsciente. La sintonía fina entre los dos yos la haría auténtica y transparente. Siempre que ese proceso dichoso acontece, la persona revela densidad y entereza. No posee dobleces, es diáfana. Es transparente y auténtica. Muestra sutileza en todo su ser y en todo lo que hace. Su humor es sin amargura, su deseo es sin obsesión, su palabra es sin segundas intenciones. La transparencia constituye una de las características esenciales de la divinidad. La persona transparente se mueve en la esfera de lo divino.

La transparencia es prerrequisito para el proceso formativo y de la Santidad de vida.Desvelarse y revelarse con frutos de gracia en el corazón, humano.

martes, 4 de enero de 2011

Señal

Oh tronco de Jesé, tú que eres una señal para todos los pueblos
«cuántos reyes y profetas han deseado verte y no te han visto». ¡Dichoso el
que en su vejez ha sido colmado con el don divino de verte! Tembló en
deseos de ver la señal; «la vio y se regocijó». Habiendo recibido el beso
de paz, dejó este mundo con la paz en el corazón, pero no sin antes haber
proclamado que Jesús había nacido para ser una señal de contradicción. Y se
cumplió así: justo acabado de nacer, fue contradicha la señal de paz –pero
por aquellos que tienen el odio por paz. Porque él es «la paz para los
hombres que ama el Señor», pero para los malintencionados es «piedra de
tropiezo». El mismo Herodes «se turbó y toda Jerusalén con él». El Señor
vino a él «pero los suyos no le recibieron». ¡Dichosos los pobres pastores
que, velando de noche, han sido dignos de ver la señal! Ya
en aquel tiempo, se escondía a los pretendidos sabios y prudentes, pero se
revelaba a los humildes. El ángel dijo a los pastores: «He aquí una señal
para vosotros». Es para vosotros, los humildes y obedientes, para vosotros
que no alardeáis de orgullosa ciencia sino que veláis «día y noche
meditando la ley del Señor». ¡Ésta es vuestra señal! La que prometían los
ángeles, la que reclamaban los pueblos, la que habían predicho los
profetas... ahora Dios la ha cumplido y os la muestra...
Ésta es vuestra señal, pero ¿señal de qué? De perdón, de gracia, de paz, de
una «paz que no tendrá fin». «Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño
envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Pero Dios está en él
reconciliando al mundo consigo.... Es el beso de Dios, el mediador entre
Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, viviendo y reinando por los
siglos. (Lecturas bíblicas: Is 11,10; Lc 10,24; Lc 2,30; Jn
8,56; Lc 2,14; Lc 2,34; Jn 1,11; Mt 11,25; Lc 2,12; Sl 1,2; Is 9,6; 1Tm
2,5)

lunes, 3 de enero de 2011

Precursores

Todos estamos llamados a ser precursores de Jesús, a abrir caminos nuevos. Una voz nos grita a todos: Donde hay montes de soberbia, egoísmo e injusticia, poned humildad, solidaridad y justicia. Donde hay colinas de vanidad, ambición y envidia, poned bondad, austeridad y compasión. Quitad los obstáculos que impiden la llegada de Dios a vuestra vida y a la vida de los demás. Todos debemos ser voz que anuncia Buenas Noticias en el ambiente que nos toca vivir… Como los doce, también nosotros estamos llamados a seguir sus caminos. El cristiano que ama a Cristo encuentra mil motivos para liberarse de gestos, convivencias, preocupaciones .La presencia de sólo un cristiano que vive en la verdad basta para inquietar muchas personas.Ojalá que hoy escuchemos la voz del Señor que por medio del profeta Isaías nos dice: «El camino es éste, síguelo» (Is 30,21, de la primera lectura de hoy). Siguiendo cada uno su camino, Dios espera de todos que con nuestra vida anunciemos «que el Reino de Dios está cerca» (Mt 10,7).
El Evangelio de hoy nos narra cómo, ante aquella multitud de gente, Jesús tuvo compasión y les dijo: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9,37-38). Él ha querido confiar en nosotros y quiere que en las muy diversas circunstancias respondamos a la vocación de convertirnos en apóstoles de nuestro mundo. La misión para la que Dios Padre ha enviado a su Hijo al mundo requiere de nosotros que seamos sus continuadores. En nuestros días también encontramos una multitud desorientada y desesperanzada, que tiene sed de la Buena Nueva de la Salvación que Cristo nos ha traído, de la que nosotros somos sus mensajeros. Es una misión confiada a todos. Conocedores de nuestras flaquezas y handicaps, apoyémonos en la oración constante y estemos contentos de llegar a ser así colaboradores del plan redentor que Cristo nos ha revelado.

Manifiesta

La verdadera conversión se manifiesta en los frutos. No se trata de conformarse con no hacer el mal, sino de practicar el bien y la justicia, dar frutos de conversión. La justicia de Dios es lo que más podemos anhelar y desear, porque es lo que nos libera, nos salva y nos da confianza, dignidad y alegría para vivir. El fuego quema lo superfluo e innecesario, lo que no tiene consistencia, lo que nos impide crecer, ser libres y felices. El fuego todo lo purifica. Es signo de la presencia salvadora de Dios, que llega para liberar y destruir la injusticia.
«Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos» (Mt 3,2).
A él acudían muchas personas buscando bautizarse y «confesando sus pecados» (Mt 3,6). Pero dentro de tanta gente, Juan pone la mirada en algunos en particular, los fariseos y saduceos, tan necesitados de conversión como obstinados en negar tal necesidad. A ellos se dirigen las palabras del Bautista: «Dad fruto digno de conversión» (Mt 3,8).
En el tiempo de gozosa espera, nos encontramos con la exhortación de Juan, que nos hace comprender que esta espera no se identifica con el “quietismo”, ni se arriesga a pensar que ya estamos salvados por ser cristianos. Esta espera es la búsqueda dinámica de la misericordia de Dios, es conversión de corazón, es búsqueda de la presencia del Señor que vino, viene y vendrá.
En definitiva, es «conversión que pasa del corazón a las obras y, consiguientemente, a la vida entera del cristiano» (Juan Pablo II).
Aprovechemos, el tiempo oportuno que nos regala el Señor para renovar nuestra opción por Jesucristo, quitando de nuestro corazón y de nuestra vida todo lo que no nos permita recibirlo adecuadamente. La voz del Bautista sigue resonando en el desierto de nuestros días: «Preparad el camino al Señor, enderezad sus sendas» (Mt 3,3).

Amabilísimo

Dediquémonos pues a honrar a este amabilísimo Niño, ya que tan abundantemente podemos obtener sus bendiciones. Y en particular, vosotros, inocentes niños, que teneis la dicha de ser los predilectos del corazón de ese amante Niño Jesús, debéis profesar una devoción fervorosa y práctica al Dios que se ha hecho Niño, como vosotros y por vosotros. Imitad las virtudes de su Divina Infancia: a ejemplo suyo, sed obedientes, castos, amables, caritativos y piadosos, recurrid a Él con entera confianza en todas vuestras necesidades y confiadle las penas de vuestro corazón infantil.
Fernando II, Emperador de Alemania, para manifestar su gratitud a Nuestro Señor por la insigne victoria alcanzada en una batalla, fundó en 1620, en la ciudad de Praga, un convento de Padres Carmelitas. Difíciles en extremo eran los tiempos que atravesaba Bohemia cuando llegaron estos excelentes religiosos, pues se hallaba asolada por guerras sangrientas que tenían a Praga presa de las más indecibles calamidades, a tal punto que el monasterio mismo de Carmelitas carecía de lo indispensable para sobrevivir a las necesidades más premiosas de la vida. En esa época, vivía en Praga la piadosa princesa Polixena Lobkowitz, quien sintiendo en el alma las apremiantes necesidades de los Carmelitas, resolvió entregarles una pequeña estatua de cera, de 48 cm., que representaba un hermoso Niño Dios, de pie, con la mano derecha levantada, en actitud de bendecir, mientras con la izquierda sostenía un globo dorado. Su rostro era muy amable y lleno de gracia, la túnica y el manto habían sido arreglados por la misma princesa, la cual, al dar la estatua a esos religiosos, les dijo: "Padres míos, os entrego lo más caro que poseo en el mundo: Honrad mucho a este Niño Jesús y nada os faltará."Todos los que se acercan a la estatua miligrosa y oran con confianza, reciben asistencia en los peligros, consuelo en sus pesares, ayuda en sus pobrezas , confort en su ansiedad, luz en la oscuridad, salud en la enfermedad.Pedidle mucho por vosotros mismos, por la iglesia, por vuestros padres, familiares, maestros y amigos, amadle sinceramente y no le disgusteis en lo más mínimo, entregaos a EL con cuanto poseéis,dadle vuestra alma,vuestro cuerpo, vuestro corazón para que lo conserve puro e inocente, experimentemos cuan bueno y generoso es el Dios amante de los niños.