viernes, 14 de enero de 2011

Reposo

Los Príncipes de Persia, llenos de alegría, salieron de su país con muchos regalos para el Hijo de la Virgen : el oro, el incienso y la mirra. Cuando llegaron encontraron al niño acostado en una cuna, en casa de una madre muy pobre y se prosternaron para adorarlo de todo corazón.

María les preguntó con qué fin traían tales regalos y qué motivos les habían hecho venir con tantos tesoros ?
Ellos respondieron : Vuestro hijo es Rey universal ; su reino es el más grande del mundo y todo estará bajo su imperio.
Cómo es posible que una mujer pobre pueda dar a luz un rey ? Siendo pobre y humilde carente de toda cosa, cómo puedo ser la madre de un Príncipe?
Y ellos dijeron : Vos sola, sin embargo, tenéis el honor de haber traído al mundo al gran Rey, por Vuestra gracia la pobreza ha sido glorificada, y todas las coronas serán sometidas a vuestro Hijo.
María les dijo : Tenéis frente a vosotros un niño mudo, la casa totalmente despojada de su madre, ninguna huella de reinado, cómo podría, entonces, ser un Rey el habitante de tal morada?

Los magos respondieron : Sí, nosotros lo vemos en su silencio y en su reposo, El es pobre, como Vos decís, pero es un Rey. No hemos visto acaso los astros del cielo derrumbarse bajo sus órdenes, para anunciar su nacimiento? Si es un niño es porque él así lo ha querido, la mansedumbre y la humildad, hasta el día en que se manifestará, pero vendrá un tiempo en que las coronas se rebajaran frente a él para adorarlo.
María respondió : Un Ángel me apareció el día en que concebí este niño y como vosotros me dijo que mi Hijo es un Rey, que su corona viene de lo Alto y que es indestructible.

Los magos respondierion : el Ángel de quien habláis, Virgen, es el mismo que se nos apareció bajo la forma de una estrella, él nos hizo saber que vuestro Hijo es más grande que los astros, y que los supera en esplendor. Os doy a conocer otro misterio para confirmar vuestra fe : sabe que permaneciendo virgen he dado a luz un hijo, el Hijo de Dios, id y anunciad su gloria.

La estrella así nos había instruído ; por ella supimos que el nacimiento de Vuestro Hijo era superior a todo, y que Él es el Hijo de Dios mismo.

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