Todos estamos llamados a ser precursores de Jesús, a abrir caminos nuevos. Una voz nos grita a todos: Donde hay montes de soberbia, egoísmo e injusticia, poned humildad, solidaridad y justicia. Donde hay colinas de vanidad, ambición y envidia, poned bondad, austeridad y compasión. Quitad los obstáculos que impiden la llegada de Dios a vuestra vida y a la vida de los demás. Todos debemos ser voz que anuncia Buenas Noticias en el ambiente que nos toca vivir… Como los doce, también nosotros estamos llamados a seguir sus caminos. El cristiano que ama a Cristo encuentra mil motivos para liberarse de gestos, convivencias, preocupaciones .La presencia de sólo un cristiano que vive en la verdad basta para inquietar muchas personas.Ojalá que hoy escuchemos la voz del Señor que por medio del profeta Isaías nos dice: «El camino es éste, síguelo» (Is 30,21, de la primera lectura de hoy). Siguiendo cada uno su camino, Dios espera de todos que con nuestra vida anunciemos «que el Reino de Dios está cerca» (Mt 10,7).
El Evangelio de hoy nos narra cómo, ante aquella multitud de gente, Jesús tuvo compasión y les dijo: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9,37-38). Él ha querido confiar en nosotros y quiere que en las muy diversas circunstancias respondamos a la vocación de convertirnos en apóstoles de nuestro mundo. La misión para la que Dios Padre ha enviado a su Hijo al mundo requiere de nosotros que seamos sus continuadores. En nuestros días también encontramos una multitud desorientada y desesperanzada, que tiene sed de la Buena Nueva de la Salvación que Cristo nos ha traído, de la que nosotros somos sus mensajeros. Es una misión confiada a todos. Conocedores de nuestras flaquezas y handicaps, apoyémonos en la oración constante y estemos contentos de llegar a ser así colaboradores del plan redentor que Cristo nos ha revelado.
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