Oh tronco de Jesé, tú que eres una señal para todos los pueblos
«cuántos reyes y profetas han deseado verte y no te han visto». ¡Dichoso el
que en su vejez ha sido colmado con el don divino de verte! Tembló en
deseos de ver la señal; «la vio y se regocijó». Habiendo recibido el beso
de paz, dejó este mundo con la paz en el corazón, pero no sin antes haber
proclamado que Jesús había nacido para ser una señal de contradicción. Y se
cumplió así: justo acabado de nacer, fue contradicha la señal de paz –pero
por aquellos que tienen el odio por paz. Porque él es «la paz para los
hombres que ama el Señor», pero para los malintencionados es «piedra de
tropiezo». El mismo Herodes «se turbó y toda Jerusalén con él». El Señor
vino a él «pero los suyos no le recibieron». ¡Dichosos los pobres pastores
que, velando de noche, han sido dignos de ver la señal! Ya
en aquel tiempo, se escondía a los pretendidos sabios y prudentes, pero se
revelaba a los humildes. El ángel dijo a los pastores: «He aquí una señal
para vosotros». Es para vosotros, los humildes y obedientes, para vosotros
que no alardeáis de orgullosa ciencia sino que veláis «día y noche
meditando la ley del Señor». ¡Ésta es vuestra señal! La que prometían los
ángeles, la que reclamaban los pueblos, la que habían predicho los
profetas... ahora Dios la ha cumplido y os la muestra...
Ésta es vuestra señal, pero ¿señal de qué? De perdón, de gracia, de paz, de
una «paz que no tendrá fin». «Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño
envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Pero Dios está en él
reconciliando al mundo consigo.... Es el beso de Dios, el mediador entre
Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, viviendo y reinando por los
siglos. (Lecturas bíblicas: Is 11,10; Lc 10,24; Lc 2,30; Jn
8,56; Lc 2,14; Lc 2,34; Jn 1,11; Mt 11,25; Lc 2,12; Sl 1,2; Is 9,6; 1Tm
2,5)
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