"Cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure la llaga de su golpe" Isaías 30,26. El comienzo de todos los bienes es la sanación del pasado, la sanación de las heridas, la sanación es el comienzo.
En Jesucristo y en sus Apóstoles. El pasa curando toda dolencia y toda enfermedad. Jesucristo es la mano con la cual Dios venda la herida de su pueblo y cura la llaga de su golpe. Y detrás de este bien maravilloso de la sanación, vienen todos los otros regalos, todas las otras promesas y todos los otros bienes.
Tenemos así dos ideas. La sanación es primero de los regalos de Dios. Es el único que hace descubrir la abundancia del amor. Porque la abundancia de la comida no significa nada para el que no tiene manera de comer, la abundancia de la música no dice nada para el que no la puede oír. Lo primero es la sanación.
Esa sanación nos llega por Cristo que es el que puede pasar curando toda dolencia y toda enfermedad.
Vemos a Cristo prolongar su acción misericordiosa a través de las manos, la palabra y la presencia de los Apóstoles. Los Apóstoles son prolongaciones de la misericordia de Cristo. Por decirlo de alguna manera, Cristo se ingenió el modo de tener más manos.
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