La Carta a los Hebreos: "Acerquémonos con confianza, -dice-, al trono de la gracia" Carta a los Hebreos 4,16. ¡Qué expresión tan bella!: "El trono de la gracia" Carta a los Hebreos 4,16.
A lo largo de los siglos, se ha interpretado esta expresión para referirse al Señor crucificado. Jesucristo crucificado es Rey de amor, es Rey de gracia, y en ese sentido la Cruz viene a ser su trono, por supuesto, un trono lleno de sufrimiento, pero desde ese sufrimiento, un manantial de redención, porque precisamente, Jesús ha aceptado ese sufrimiento para redimirnos.
Acogiendo las consecuencias del pecado en su propia Carne, Cristo nos ha librado de ese peso que nosotros mismos no podíamos levantar.
Entonces, nos queda ese pensamiento para hoy: Jesucristo puente, Jesucristo santo,Jesucristo levantado por encima de los cielos, y sin embargo cercanísimo a cada uno de nosotros. Siendo un documento un poco complejo, un poquito difícil, no lo hemos estudiado y predicado mucho y sin embargo, es un documento que nos hace muchísimo bien, porque se refiere a situaciones, a realidades que son muy parecidas a las que nosotros conocemos y de pronto, estamos viviendo.
¿Quiénes eran estos Hebreos? Eran Judíos convertidos al Cristianismo, que al parecer tenían mucho que ver con el culto en el Templo. Es probable que algunos o muchos Hebreos fueran incluso sacerdotes, es decir, pertenecientes a la tribu de Leví, o incluso, descendientes de Aarón, en fin, gente relacionada con el culto según la Ley de Moisés.
Y a estos les tocó una conversión muy complicada, muy difícil, porque como esa era no sólo su fe, sino su manera de vida, cuando se convirtieron al Cristianismo, no sólo tuvieron que cambiar de fe, sino que tuvieron que renunciar al sacerdocio, que seguramente era como la vida para muchos de ellos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario