El cuarto evangelio tiene una especial misericordia, porque en cierto modo trata al pecador como un ignorante, y por lo mismo, tiene una humildad especial, porque trata al virtuoso sobre todo como un conocedor de Dios, el que sabe el camino. Si Dios abre nuestro entendimiento descubriremos con alegría que así es que hay una misericordia profunda en este evangelista y que hay una humildad profunda en tratar al pecador como un ignorante, y la humildad de tratar la virtud como un conocimiento.
Si nosotros nos apropiamos esta enseñanza descubrimos, en la perspectiva del Apóstol Juan, lo que significa amar al prójimo. A mí me parece que los cuatro evangelios, que pueden distinguirse por muchos aspectos, también pueden diferenciarse el uno del otro por la manera de hablar de amor al prójimo, y singularmente, al prójimo que es pecador.
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