Santa Madre, te doy mi inteligencia para que estudie tus grandezas, mi memoria para que no olvide tus favores, mis pensamientos para que te pertenezcan, mi corazón para amarte siempre.
Sola en mi pequeña celda, sola con Dios, mientras mi alma se abre al Señor. La poesía de la soledad es dulzura para mi alma, el gran silencio en el amor supremo, en el dolor, el sacrificio y el divino abrazo de Jesús, premisa de la cita eterna.
De dónde me viene esa sed cada vez más ardiente de la luz y de la verdad, esa necesidad de acercarme siempre cada vez más a Dios. Ninguna calma, ningún reposo, ninguna alegría puede alojarse en mí si no la de Dios. Nada me interesa, todo es vano fuera de Dios. Todo me cansa. Sólo Tú, Oh mi Dios, puedes alegrar mi alma.
La fe no es una Alienación sino una preparación cotidiana para la belleza del cielo que es el destino definitivo al que toda persona está invitada, explicó el Papa Francisco, comentó la frase que Jesús dice a sus discípulos en el evangelio: "No se turbe vuestro corazón".
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