Simeón le había dicho a la Virgen María que con la llegada de Jesucristo, con la manifestación de Jesucristo, iban a salir a luz las intenciones de muchos corazones.
Podemos decir que Cristo es la revelación del misterio íntimo del amor de Dios. Por eso nos hemos encontrado en el evangelio de Juan aquella expresión: "Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único." San Juan 3,16. Ese amor secreto de Dios, ese amor de Dios que estaba como un secreto y que por eso San Pablo lo llama un misterio, ese amor de Dios que estaba como oculto, tan oculto que a veces parecía que ya se hubiera olvidado de la humanidad, aparece en Jesucristo, y por eso, en el Hijo de Dios, apMaría está tan unida a Jesús porque él le ha dado el conocimiento del corazón, el conocimiento de la fe, alimentada por la experiencia materna y el vínculo íntimo con su Hijo. La Santísima Virgen es la mujer de fe que dejó entrar a Dios en su corazón, en sus proyectos; es la creyente capaz de percibir en el don del Hijo el advenimiento de la «plenitud de los tiempos» (Ga 4,4), en el que Dios, eligiendo la vía humilde de la existencia humana, entró personalmente en el surco de la historia de la salvación. Por eso no se puede entender a Jesús sin su Madre.
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