viernes, 3 de abril de 2015

Krisis

Lo que nosotros nos vamos a encontrar es que entre el primer signo que hace Jesucristo en Canaán, y el último signo, su exaltación en la cruz, las señales van produciendo más un juicio, y si uno recuerda las palabras de Cristo, Él lo anuncia, cuando está por llegar la última señal, que es la cruz, Él lo anuncia: “Ahora va a ser juzgado este mundo” San Juan 12,31.
La palabra juicio en griego se dice “krisis”, de donde viene "crisis", para nosotros. Esto quiere decir, que a medida que van pasando las señales de Cristo, a medida que Él las va dando, la crisis es cada vez peor, el juicio cada vez es peor.
¿Y en qué consiste este juicio? En que cada vez es más meta la separación entre los que aceptan y creen, y los que rechazan y se condenan; aquí estamos apenas en el capítulo quinto de Juan. El milagro se convierte en polémica, por eso creo yo, que Juan prefirió la expresión “semeien”, es decir, signo, y no milagro, porque los milagros les gustan a todo el mundo, en cambio los signos no.
Es muy profundo que San Juan haya llamado "signos" a estos acontecimientos en los que Cristo mostraba su verdadero papel. Para San Juan, Cristo no es un milagrero, sino Cristo mismo es el gran signo, es la gran señal.
Y por eso ante Jesucristo, sobre todo ante Cristo en la Cruz, uno toma la decisión radical de su ¡Es en relación con Jesucristo! No puede ser de otro modo. Toda la santidad cristiana hace referencia a Jesucristo. Sólo a medida que van avanzando los siglos, se van descubriendo en su verdadero valor, se van apreciando como debe ser, esos dones de gracia y de redención de Cristo.
La santidad personal en Jesucristo es la obra de la gracia del Señor operando en una persona, transformándola, transfigurándola.
Es inevitable, que si yo miro la santidad como una montaña de cualidades, pues la Virgen María está lejísimos de mí. Si miro en Ella la obra acabada de la Redención, entonces la siento infinitamente cerca del misterio y de la vida que Dios me ha dado por la fe.
Algo parecido sucede con San José. A ver, en el siglo diecinueve, -por consiguiente diecinueve siglos después de que San Pablo dijera que, "en Cristo estaban todos los tesoros de la gracia" Carta a los Colosenses 2,3, la Iglesia declaró formalmente el misterio de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, que desde mi punto de vista no es otra cosa sino la proclamación de que en María está la obra completa de la Redención. 
San José pertenece a la historia de un pueblo, un pueblo que ha celebrado y ha quebrantado una alianza, un pueblo que se ha visto humillado por la realidad, pero que se sabe depositario de las promesas de Dios. 

En San José hay al mismo tiempo, la conciencia de la elección y la humildad de la elección.

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