domingo, 19 de abril de 2015

Rodeados

 
Rodeados por el misterio del bien y el misterio del mal, sumergidos en ese doble océano de la bondad y de la maldad, los seres humanos nos desconcertamos preguntando por qué y para qué sirve el bien, sirve el mal, para qué sirve ser bueno, qué provecho trae la maldad.
Es el tiempo también de preguntarnos: ¿cómo pudo alguien desengañarse de Cristo? Cuando los discípulos de Juan Bautista se acercaron a Nuestro Señor para preguntarle: “¿Eres tú el que ha de venir, o hay que esperar a otro?” San Mateo 11,3.
Jesús dio por respuesta simplemente el testimonio de lo que estaba sucediendo ahí mismo: “Los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos andan..." San Mateo 11,5; "bienaventurado, el que no se escandalice de mí" San Mateo 11,6.
Escandalizar, escandalizarse, es un verbo que en griego indica la acción de tropezar con un obstáculo, particularmente, con una piedra; Jesús efectivamente se convierte en tropiezo, piedra de escándalo para Judas; “bienaventurado, ha dicho el Señor, “bienaventurado el que no se escandalice de mí” San Mateo 11,6.
2 La Semana Santa es un encuentro con el amor. Dice el Señor Jesús: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” San Juan 15,13 Y, precisamente, eso es lo que hizo el mismo Cristo, dar la vida por los amigos.
Vamos a encontrarnos con ese amor inmenso de Cristo; eso es lo que vamos hacer en la Semana Santa; también el evangelista San Juan nos dice que “Cristo, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” San Juan 13,1.
Vemos cómo el máximo de amor, el amor más grande de todos, es el que vamos a encontrar en estas celebraciones de la Semana Santa; sólo desde ahí, desde la experiencia del amor, desde la verdad del amor es comprensible el poder y la misericordia con que Cristo atiende a sus pobres, a sus enfermos, y a su pecadores.
Encontrarse con el amor de Dios, es encontrarse uno mismo como un pobre, como un enfermo, y como un pecador; pero es encontrar a Dios más allá de mi pobreza, más allá de mi enfermedad, más allá de mi pecado; me ama, me sigue amando, me está amando.
"Dios me ama, Dios me está amando", esa es la enseñanza fundamental de la Semana Santa; "Dios me ama Dios me está amando". Así era como Cristo curaba a los enfermos, así, porque cuando una persona siente: “Dios me está amando”, siente también cómo Dios, con la potencia de ese amor, rompe las cadenas, vence las dolencias; el amor crea; Dios no estaba obligado por nada ni por nadie a crearnos, ¿por qué nos creó? Porque nos amó. El amor es la única razón de la creación.
Nos creó porque nos amó; por eso, cuando yo siento el amor de Dios, siento el poder creador de Dios; el amor de Dios es el poder creador de Dios, si yo siento el amor de Dios, siento que Dios me crea, me hace, me reconstruye, me sana.
Cristo lo que sí tenía es el amor; Cristo convencía a la gente de una verdad, la más importante de todas: “Dios te ama, “Dios te está amando”.
La palabra de Cristo, la mirada de Cristo, la paciencia de Cristo, la oración de Cristo logran que cada uno de nosotros sienta: “Dios me ama, Dios me está amando”. El enfermo siente: “Dios me ama, Dios me está amando”, siente: “Dios me está creando, Dios me está reconstruyendo, Dios me está haciendo, Dios en este momento me ama, me crea, me construye, me levanta.” Así sanaba En la Eucaristía Jesús nos declara su amor, nos dice cuánto nos ama, y de ahí en adelante,usted escoge aceptarle la propuesta de amor a Cristo, y eso se llama encaminarse a la santidad
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