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Alejandro Bermúdez Rosell
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Amor, lo que se dice amor, verdadero amor, eso es lo que tú has hecho por nosotros, Jesuscristo, eso es amar; tú nos has amado, hemos visto en ti el amor, hemos encontrado que tú, que entregaste tu amor con esa paz, con esa mansedumbre, con esa misericordia, verdaderamente nos has amado, Señor. Es un diluvio de amor lo que tú has hecho por nosotros, es un aguacero de amor lo que cae de tú corazón; verdaderamente, Señor, en esa agua y en esa sangre que han salido de tu costado, en esos ríos de amor, necesitamos bañarnos nosotros. Señor, queremos lavarnos en los ríos de tu amor; de ti salió agua y de ti salió sangre, lávanos con esa agua renovando la gracia del bautismo en nuestro pueblo; lávanos con esa sangre renovando el perdón y la reconciliación de nuestro pueblo; lávanos, Señor. El libro del Apocalipsis tiene una expresión hermosísima. El vidente del Apocalipsis, un hombre llamado Juan, contempló la gloria de los cielos y vio que en esas multitudes bienaventuradas había unos hombres que llevaban unas blancas vestiduras. San Juan, preguntó a un anciano venerable que estaba a su lado: ”¿Y ésos quiénes son y por qué tienen esos vestidos tan resplandecientes? Y le dijo el anciano venerable: Esos son los que han lavado su vestido en la sangre del Cordero” Apocalipsis 7,13-14. Bendita Sangre de Cristo, santísima Sangre de Cristo, que siendo roja trae blancura al alma humana; bendita Sangre, que siendo oscura le trae brillo, le trae luz al alma humana; Jesús, esa es la Sangre que necesitamos, la Sangre que fue derramada con odio y que fue vertida con amor; con odio te sacaron esa Sangre, pero con amor tú la entregaste. Jesús,”¡Gracias, Señor, por esa Sangre; gracias por ese amor, gracias por esa paciencia; que venga sobre nosotros tu Sangre redentora; que venga sobre nosotros los ríos de misericordia y de tu amor; pasa, Señor, limpia nuestra conciencia; desata nuestras cadenas; suéltanos, Señor, de los antiguos pecados. Sí hay alguien que esté viviendo lejos de tu presencia, que hoy se sienta tan amado de ti, tan abrazado, tan acogido, tan consentido por ti, que pueda decir con resolución: ”Hoy dejo mi antiguo pecado, hoy dejo mi vida de pecado, hoy he entendido que Dios me ama, hoy he vuelto a ti, y me abrazo a ti”. Ese es el poder de la Cruz. Si hay alguien que ha pensado en irse para otra religión o que está en otra religión, sabiendo en el fondo de su corazón en dónde está la verdad, yo te pido, Jesucristo, así como están abiertos tus brazos en la Cruz, abre así tu corazón para ese hombre o esa mujer; acéptalo en tu regazo, no permitas que se divida, que se disperse el rebaño que tú adquiriste a precio de tantísimo dolor. Este es el día de las misericordias, este es el día para recibir el amor, para agradecer el amor y para decirle al Señor: ”Lo que yo no puedo porque soy un pecador, y porque soy débil, y porque estoy mal enseñado, lo que yo no puedo solo, yo sí lo voy a poder contigo, Señor; yo contigo sí voy a poder, contigo sí, Señor; lo que yo no he podido dejar, sí lo voy a poder dejar contigo”. Por eso hoy nuestra mirada está en la cruz de Cristo, está en le corazón de Cristo y está en la Sangre de Cristo. Y la gran palabra, la palabra maravillosa, la palabra que embriaga el alma es: ”¡Gracias, gracias, Señor! ¡Gracias Señor, gracias Jesús¡ Y así cada uno de nosotros puede tomar esta muerte de Cristo, tomar esta Sangre de Cristo, tomarla y acercarla al propio corazón, que no hay corazón tan duro que no se vaya a romper con el poder de esta Sangre. ¡Bendito sea Jesucristo; santo es Jesucristo; amado es Jesucristo; bello es Jesucristo; Cristo es la verdad, Cristo es la misericordia, Cristo es el amor! ¡Señor Jesús, hoy hemos visto tu muerte, hoy hemos visto tu cruz, hoy hemos visto tus lágrimas, hoy hemos visto tu Sangre, hoy hemos visto tu amor. Por eso Jesucristo, juntos, porque tu amor nos reúne, te queremos decir: "Gracias Jesús, gracias por ese amor, gracias por esas lágrimas, gracias por esa Sangre, gracias por esa cruz, gracias por esa muerte. Porque con tu muerte nos has dado la vida que no acaba. ¡Bendito seas Jesús, bendito y amado Jesús, bendito amado y adorado Jesucristo! Amén. de marzo a la(s) 22:48 |
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jueves, 2 de abril de 2015
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