¡Eso es tan hermoso! "El signo soy yo." ¿Cuál es la gran señal de Dios en mi vida? El signo es Jesucristo. El evangelio de San Juan, que es el evangelio infinito. Somos enamorados de la Palabra de Dios. Cuando escuchen las palabras únicas, que son zafiros, como rubíes, como diamantes que tiene Juan, no las pierdan. Jesús, en el evangelio de San Juan, nunca responde las preguntas que le hacen; por lo menos no las responde directamente. Parece que esto lo presenta así el Evangelista, como mostrando la libertad de Jesús, que no puede ser acosado por nuestro intelecto, que no puede ser amarrado por nuestra razón.
Así como no pudo ser impedido por la Cruz, así como no pudo ser encarcelado en el sepulcro, así tampoco puede ser sujetado por nuestra razón o nuestras preguntas.
Y dice Él: "Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el Pan del Cielo. El Pan de Dios es el que baja del Cielo y da vida al mundo" San Juan 6,32. O sea que no las responde, pero sí las responde.
"-¿En qué te ocupas? ¿Tú qué haces?" "-El bien". Son respuestas raras, profundas, infinitas. "-¿En qué te ocupas, Jesús?" "-Me ocupo en el bien; hago el bien; doy vida".
Yo creo que algo sorprendente de este breve texto, es que ellos le preguntan como con agresividad. "¿Qué signo vemos que haces tú para que creamos en ti?" San Juan 6,30, le preguntan agresivamente.
Pero cuando Jesús dice: "Yo doy vida" San Juan 6,33, toda esa agresividad se desarma, y le dicen: "Señor, danos siempre de ese Pan" San Juan 6,34.
Primero, atacan, y luego suplican. Esto no es casualidad. Estamos ante el evangelio infinito. Atacan, y luego piden. "Atacan" es la lanza con la que se hiere a Cristo, y luego piden: "Lávame con tu Sangre" Salmo 51,7.
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