Ágiles, ágiles, prestos
La agilidad es una virtud preciosa que aparece ya en le relato del Éxodo. El libro de la Sabiduría, con un lenguaje poético, recuerda esa liberación del Éxodo y esa liberación aconteció precisamente en la agilidad.
Seguramente viene a nuestra memoria aquello que nos dice la Biblia: "Tan ágil tuvo que ser esa salida, que no alcanzó a fermentar el pan" Exodo 12,34; el pan que llevaban fue ácimo, fue sin levadura, porque no alcanzó a fermentar, porque había que envolver el pan en unas mantas y salir corriendo, porque el Señor en esa noche otorgó la libertad.
La agilidad hace que seamos al mismo tiempo generosos y vigilantes. Pedro le pregunta a Cristo, como si no supiera que Cristo no solía responder las preguntas, le pregunta: “¿Has dicho esa parábola por nosotros o por todos?” San Lucas 12,41.
"Dichoso el criado...." San Lucas 12,48, .
El evangelio no lo dice, pero seguramente Pedro duró callado dos días; “dichoso el criado al que su amo lo encuentre portándose así” San Lucas 12,43, y el final de la respuesta de Cristo es bastante elocuente: "Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá" San Lucas 12,48.
En el fondo es la misma idea del principio. Los bienes circulan al revés de lo que dice el mundo, “al que mucho se le dio...” San Lucas 12,48; ¿tú crees que eres de la cúpula? Más duro para ti, más difícil para ti, ¿entonces qué estás pensando?
Jesucristo invita a la agilidad, invita a que tomemos conciencia del tiempo y la manera como transcurre; invita a que percibamos el paso de la gracia, así como los israelitas, estando sobre aviso por la Palabra, pudieron percibir el paso del Señor y fueron liberados, en esta Eucaristía nosotros percibimos el paso de Josué fue el encargado por Dios para entrar al pueblo, en la tierra prometida, pero no fue una entrada simplemente como quien cambia, como quien se muda de una casa para otra o de un país para otro.
Se trata del cumplimiento de las promesas, se trata de lo que Dios había anunciado y que ahora está cumpliendo, y por eso Josué relaciona el paso del jordán y la entrada a la tierra prometida, con la Alianza; es el Arca de la Alianza la que detiene las aguas.
Llegaron los sacerdotes, tocaron el agua, el agua se aleja; ellos entran en el cauce seco, y se mantienen ahí, mientras todo el pueblo va pasando; cuando termina de pasar el pueblo, entonces los sacerdotes salen del cauce y las aguas vuelven a su curso.
Son los sacerdotes, pero sobre todo es esa Arca de la Alianza la que detiene las aguas, es el Arca de la Alianza la llave para entrar en la tierra prometida.
Josué quiere con sus palabras y con esta señal magnífica que Dios le regala, que el pueblo comprenda que no se trata de entrar solamente en una tierra, ni entrar en la abundancia, ni entrar en el Paraíso, se trata de entrar en el querer de Dios, primera enseñanza o aplicación para nosotros.
Podemos decir que vive en la tierra prometida, aunque se encuentra en cualquier país; pertenece a la tierra prometida, no importa dónde se mude o lo muden, pertenece a la tierra todo aquél que tiene la llave de la Alianza.
El que vive en alianza con Dios, ese, aunque esté por el desierto, está en tierra prometida, y aunque entre a lugares de prosperidad, está sólo de paso, porque su destino está más allá, en el término de esa misma alianza.
Esto pasaba ayer, en el día de hoy Josué hace un recuento, un resumen precioso, está en el Capítulo 24 del libro que lleva su nombre, hace un recuento muy completo de lo que ha sido la historia de ese pueblo.
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