En la existencia celestial en la que Cristo entró por su resurrección, en esa existencia celestial hay vida para el cuerpo y para el alma; Cristo tiene cuerpo y nosotros también vamos a resucitar con cuerpo, de ahí la santidad del cuerpo humano.
Cristo tiene cuerpo, Dios va a renovar todo nuestro ser, Dios va a transformarnos con el poder de su resurrección, de manera que todo aquello en nosotros que no quiere morir, encuentre una respuesta, pero eso no se logra a través de la concentración mental y la acumulación de poder, sino se logra a través de la fe nuestra y de la gracia de Dios.
Dios nuestro Señor vive; y Él, con su vida, le ha dado vida a nuestra vida. Dios nuestro Señor ha conquistado nuestro corazón, somos heredad suya, y lo que nosotros deseábamos, de no morir, por la fe y por la gracia, lo tenemos precisamente por Cristo
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