Protección bendita de nuestra " MADRE SANTÍSIMA"No tengan miedo"imposición de manos, la unción con el santo Crisma, URJAMOLOS. La gracia nos colma y se derrama íntegra, abundante y plena en cada persona que lo pide. Diría ungidos hasta los huesos... y nuestra alegría, y todo bien que brota desde dentro, es el eco de esa unción.
Una alegría incorruptible. La integridad del Don, a la que nadie puede quitar ni agregar nada, es fuente incesante de alegría: una alegría incorruptible, que el Señor prometió, que nadie nos la podrá quitar ( Jn 16,22). Puede estar adormecida o taponada por el pecado o por las preocupaciones de la vida pero, en el fondo, permanece intacta como el rescoldo de un tronco encendido bajo las cenizas, y siempre puede ser renovada. La recomendación de Pablo a Timoteo sigue siendo actual: Te recuerdo que atices el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos ( 2 Tm 1,6).
Una alegría misionera. La alegría de íntima relación con el santo pueblo fiel de Dios porque se trata de una alegría eminentemente misionera. La unción es para ungir al santo pueblo fiel de Dios: para bautizar y confirmar, para curar y consagrar, para bendecir, para consolar y evangelizar. Es una alegría que solo fluye cuando el pastor está en medio de su rebaño (también en el silencio de la oración, el pastor que adora al Padre está en medio de sus ovejitas) es una “alegría custodiada” por ese mismo rebaño. Incluso en los momentos de tristeza, aun en esos momentos el pueblo de Dios es capaz de custodiar la alegría, es capaz de protegerte, de abrazarte, de ayudarte a abrir el corazón y reencontrar una renovada alegría.
“Alegría custodiada” por el rebaño y custodiada también por tres hermanas que la rodean, la cuidan, la defienden: la hermana pobreza, la hermana fidelidad y la hermana obediencia.
La alegría es una alegría que se hermana a la pobreza.Se es pobre en alegría meramente humana ¡ha renunciado a tanto! Y como es pobre, la alegría tiene que pedírsela al Señor y al pueblo fiel de Dios. No se la tiene que procurar a sí mismo. Sabemos que nuestro pueblo es generosísimo . No hay identidad y alegría de ser sin pertenencia activa y comprometida al pueblo fiel de Dios ( Exhort. ap. Evangelii gaudium, 268). El que pretende encontrar la identidad introspectivamente sal de ti mismo, sal en busca de Dios en la adoración, sal y dale al pueblo lo que te fue encomendado, tu pueblo se encargará de hacerte sentir y gustar quién eres, cómo te llamas, cuál es tu identidad y te alegrará con el ciento por uno que el Señor prometió a sus servidores.
La alegría, alegría que se hermana a la fidelidad. No principalmente en el sentido de que seamos todos “inmaculados” (ojalá con la gracia lo seamos) sino también la unión con Dios Padre, del que desciende toda paternidad. La obediencia a la Iglesia en el servicio: disponibilidad y prontitud para servir a todos, siempre y de la mejor manera, a imagen de “Nuestra Señora de la prontitud” (Lc 1,39: meta ), que acude a servir a su prima y está atenta a la cocina de Caná, donde falta el vino. La disponibilidad hace de la Iglesia casa de puertas abiertas, refugio de pecadores, hogar para los que viven en la calle.
Cuida Señor en tus jóvenes la alegría de su vocaciòn, de hacerlo todo como nuevo, la alegría de quemar la vida por ti.
Intercesor ante DIOS de tod@s aquéll@s que aman y confían plenamente en el Poder y misericordia de "JESÚS RESUCITADO".
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