La Pascua es Pascua con Pentecostès,hay que recordar la Cruz ,la sangre, las llagas,la muerte.El arte está en unir Pentecostés y la Pascua. La Pascua de Cristo la celebro, pero mirando Pentecostés. La celebro mirando la efusión del Espíritu, rogando la efusión del Espíritu para que esa Pascua acontezca en mí.
Y luego, después de que haya caminado y llegue a Pentecostés, celebro la efusión del Espíritu, pero mirando a Cristo; porque ese Espíritu Santo que viene sobre mí, no es una fuerza anónima, no es un poder que simplemente me sacude, es un poder que me transfigura, es un poder que me consagra, según el modelo que está en el Señor Jesucristo.
El Espíritu Santo viene fundamentalmente a reproducir en mí la imagen de Jesucristo, y yo nunca conocí tanto a Cristo como en el misterio de su cruz, porque ahí, desnudo, y no sólo de ropas, Cristo muestra todo lo que Él es.
San Pedro: “Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, al quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías” Hechos de los Apóstoles 2,36.
“Estas palabras les traspasaron el corazón” Hechos de los Apóstoles 2,37, eso fue lo que sucedió.
Lo más duro que tuvo la Pasión de Cristo no fueron los azotes, ni fueron las espinas; la herida más salvaje que recibió el alma de Cristo, hasta donde yo he podido ver, está en una frase que le dijeron unos de los ahí presentes: “Bájate, y creemos” San Marcos 15,32, eso es lo más espantoso, y lo más hiriente que le han podido decir a Cristo.
Porque toda la vida de Cristo fue precisamente para que la gente creyera, para que tuvieran fe, y ahora se le dice: “Todo lo que usted ha querido, todo lo que usted ha deseado se lo vamos a dar, con una sola condición: dele la espalda a la voluntad del Padre”.
San Lucas, cuando nos presentaba el texto de las tentaciones, decía que "el demonio se había retirado esperando la ocasión propicia" San Lucas 4,13; y los Padres de la Iglesia, al comentar ese texto, dicen: “Y la ocasión propicia era la de la Cruz”.
Se trata de separar a Cristo de la voluntad del Padre, se trata de que Cristo, abandonando su inocencia, abandonando su amor universal, su amor de redención para todos, se baje de la Cruz. Cristo no hizo esto. Cristo no se bajó de la Cruz, a pesar de la herida tan terrible.
Cristo no se dejó ganar por el odio, Cristo permaneció fiel en el amor, permaneció fiel, amando al Padre, y fiel amándonos a nosotros; por eso no cabe la palabra venganza, porque la venganza nace siempre del odio, y por eso Cristo, cuando se aparece a los Apóstoles, la palabra que les dice no es una palabra de venganza, sino una palabra de gracia, una palabra de paz.
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