viernes, 26 de febrero de 2016

Volver

 Volver a la oración, es volver a un encuentro vivo con el Dios Vivo, volver a la oración es recuperar la fuente desde la cual se ha de renovar toda nuestra vida cristiana, eso significa que nada de sustancia va a suceder en nuestra vida sino está precedido y acompañado por la oración. Para nosotros los cristianos el tema de la oración tiene una referencia absolutamente clara, es la oración de Jesús. Que felicidad tener un camino que de un modo tan pedagógico, tan sencillo y tan profundo nos ilustra en nuestra relación con Dios. Los discípulos preguntaron a Jesús cómo habrian de orar, y Jesús les dió el Padre Nuestro, ese es el contexto con que el evangelista nos da esta oración. En san Mateo la oración del Padre Nuestro aparece como parte del discurso que conocemos como sermón de la montaña, entendiendo bien que el sermón de la montaña es una recopilación de predicaciones de Cristo, entre lo fundamental de nuestro ser de cristianos está el relacionarnos con Dios nuestro Padre como Cristo se relaciona con Él. Podríamos decir que cristiano es aquel que se relaciona con Dios como Cristo se relaciona con Dios, y el texto fuente en el corazón que lo medita, es precisamente el Padre Nuestro. En el Padre Nuestro está el corazón de Cristo convertido en templo, donde todos podemos congregarnos para elevar una sola plegaria, en el Padre Nuestro están los sueños más bellos de Cristo, sueños entendidos como los deseos, los anhelos más hondos de su corazón. En el Padre Nuestro está la esencia de la vida cristiana que no es otra que el anhelo del Reino de Dios, y sobretodo el deseo y compromiso de buscar en todo la voluntad del Señor. En el Padre Nuestro tenemos el lenguaje que nos unifica, porque en las palabras que cada uno dice, actúa sin duda el Espíritu Santo, pero en las palabras que Cristo dice el Espíritu nos enseña cómo hemos de obrar también nosotros. El Padre Nuestro ha sido el punto de partida para dar lecciones sobre oración, muchos han tomado este texto del Padre Nuestro para darnos preciosas catequesis, recordemos entre otros a san Agustín que tiene todo un tratado sobre el Padre Nuestro; al obispo mártir san Cipriano que tiene otro tanto sobre el Padre Nuestro; recordemos a santo Tomás de Aquino que estudia el Padre Nuestro; y cómo no mencionar aquí el Catecismo de la Iglesia Católica que también menciona el Padre Nuestro y lo sigue en la parte correspondiente a la vida espiritual de todo cristiano.

Que esas palabras, las de Cristo brillen, destellen y den fruto en tu corazón, porque orar como Cristo es empezar ser en serio discípulo de Cristo.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Majestuosa

Lleno de luz ante la Presencia Majestuosa del Trono de Dios,  con cuánto amor agradecer al repetir: “...Por tu inmensa Gloria Te alabamos, Te bendecimos, Te adoramos, Te glorificamos, Te damos gracias, Señor, Dios Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso evocamos el rostro paternal del Padre lleno de bondad... Señor, Hijo único Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre, Tú que quitas el pecado del mundo...” Jesús estaba delante, con ese rostro lleno de ternura y Misericordia: “...porque sólo Tú eres Dios, sólo Tú, Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo...” el Dios del Amor hermoso, Aquel que estremece todo el ser... “Señor, libérame de todo mal, mi corazón te pertenece, Señor mío envíame tu paz para conseguir el mejor provecho de esta Eucaristía y que mi vida dé sus mejores frutos. Espíritu Santo de Dios, transfórmame, actúa en mí, guíame ¡Oh Dios, dame los dones que necesito para servirte mejor...!” Llegó el momento de la Liturgia de la Palabra y la Virgen me hizo repetir: “Señor, hoy quiero escuchar Tu Palabra y producir fruto abundante, que Tu Santo Espíritu limpie el terreno de mi corazón, para que Tu Palabra crezca y se desarrolle, purifica mi corazón para que esté bien dispuesto.”

Evidente

La transfiguración es todo un misterio, ¿mostrar la transformación espiritual, hacer evidente la supremacía de Cristo ante la figura mosaica y la escritura?, o en el kerigma representaría ¿al hombre nuevo, lleno de Espíritu santo?: Lc 9:29 Y mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó y sus vestidos eran de una blancura fulgurante. Muchos críticos ven en el evangelio en su parte literaria, una escritura muy simple de acuerdo a las grandes obras, meditando y visualizando, Jesús tiene un ministerio muy sobrio que despunta del hipérbole judío y lo que es evidente, es que a los autores sagrados les importaba mucho se cumpliera la escritura: Exo 34:29 Luego, Moisés bajó del monte Sinaí con las dos tablas del Testimonio en su mano. Al bajar, no sabía que la piel de su rostro se había vuelto radiante, por haber hablado con Yahvé. Más adelante dirán que lo tenían que cubrir con un velo para no ver ese resplandor.
Jesús estaba en contacto con su Padre a través de la oración, ese contacto hace que trasfigure; en la práctica sucede lo mismo. Mucha gente le gusta ir a las asambleas de oración porque es un momento precioso donde Dios derrama abundancia de gracia, sanación, unidad comunitaria y contacto con Dios. Algunos que acuden van para ser sanados, liberados, pero su oración es pobre porque buscan más bien el milagro que el contacto con ese Dios amoroso, por tal motivo ya no regresan una vez sintiéndose aliviados a la asamblea hasta que vuelven a necesitar de Dios y Moisés fue afortunado pues la comunidad nunca tuvo ese contacto para ser iluminados, de ahí que Pedro, Santiago, Juan estén ahí para testimoniar el nuevo Sinaí, lleva contigo dos o tres testigos: Lc 9:32 Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.

lunes, 15 de febrero de 2016

Original

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Volvamos nuestro corazón a ese llamado original, volvamos nuestro corazón a ese hábitat natural y dejemos que fluya, que corra el Espíritu abundantemente en nuestra comunidad.  "Mira, desde mi punto de vista todo está en que tú seas líder espiritual dentro de tu comunidad local, todo está en que tú tengas una palabra de Cristo ".
El Superior o Superiora darà liderazgo en Jesucristo,  tendrà esa oportuna palabra en Cristo para acompañar y dirigir todo el proceso de la persona.

Bautizar

 El que iba bautizar con el Espíritu Santo y con el fuego, fue el que recibió ese Espíritu Santo y ese fuego; Espíritu Santo y fuego que recibió Jesucristo, ese bautizado por el Espíritu Santo fue ungido por el Espíritu Santo; aquí le vemos como un primer fruto de esa unción en soledad, ya antes se nos había dicho que el Espíritu Santo había obrado en el vientre de María.
Aquel Ángel, le dice a José "lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo" San Mateo 1,2, ahora es también el Espíritu Santo el que mueve a Jesús y luego nos dirá el Apóstol San Pablo, "que el espíritu de Dios resucitó a Cristo entre los muertos" Carta a los Romanos 8,11.

Entonces es el Espíritu Santo el que modela la carne de Cristo, es el Espíritu Santo el que hace de Cristo un Profeta y es el espíritu Santo el que le da la gloria del Padre a Jesucristo.

Cruz






Lo grande no es experimentar la cruz, y quedarnos en la cruz. Cristo no se quedó en la cruz. Es importante recordar el dolor, es importante tenerlo ante nuestros ojos, pero el mensaje no termina en el dolor. Cristo no se quedó en la cruz. Cristo no se quedó en el sepulcro. Cristo resucitó y vive glorioso. Está vivo, y da vida. Pidamos, entonces, al Señor que nos dé la gracia de su Espíritu, porque es el maestro interior, es el Espíritu Santo el que puede educarnos, el que puede mostrarnos ¿qué es cruz en nuestra vida?, ¿cómo recibir esa cruz?, ¿cómo encontrar en ella el fruto permanente, el fruto de alegría, de paz, y de gloria? Por eso nuestra vida es continuo movimiento. No podemos saltarnos la cruz, pero tampoco podemos quedarnos en la cruz. Nuestra vida es pasar por la cruz. Nuestra vida es pascua permanente, pero esa pascua hay que vivirla en la dinámica de Jesucristo

sábado, 13 de febrero de 2016

Anuncio

 Pedir al Señor “que nuestra oración tenga siempre esa raíz de fe, nazca de la fe en Él. La gracia de la fe: la fe es un don. Es un don que te da el Señor, ‘Pido Señor, ayuda a mi poca fe’ La oración con la fe…  sana. Pidamos al Señor la gracia de rezar con fe, de estar seguros de que todo lo que le pedimos nos será dado, con esa seguridad que nos da la fe. Esta es nuestra victoria: ¡nuestra fe!”. La alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia
El misterio de la misericordia divina se revela a lo largo de la historia de la alianza entre Dios y su pueblo Israel. Dios,se muestra siempre rico en misericordia, dispuesto a derramar en su pueblo, en cada circunstancia, una ternura y una compasión visceral, especialmente en los momentos más dramáticos, cuando la infidelidad rompe el vínculo del Pacto y es preciso ratificar la alianza de modo más estable en la justicia y la verdad. Aquí estamos frente a un auténtico drama de amor, en el cual Dios desempña el papel de padre y de marido traicionado, mientras que Israel el de hijo/hija y el de esposa infiel. Son justamente las imágenes familiares como en el caso de Oseas (Os 1-2) las que expresan hasta qué punto Dios desea unirse a su pueblo. Este drama de amor alcanza su culmen en el Hijo hecho hombre. En él Dios derrama su ilimitada misericordia hasta tal punto que hace de él la «Misericordia encarnada» (Misericordiae vultus, 8). En efecto, como hombre, Jesús de Nazaret es hijo de Israel a todos los efectos. Lo es hasta tal punto que encarna la escucha perfecta de Dios que el Shemà requiere a todo judío, y que todavía hoy es el corazón de la alianza de Dios con Israel: «Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Dt 6,4-5). El Hijo de Dios es el Esposo que hace cualquier cosa por ganarse el amor de su Esposa, con quien está unido con un amor incondicional, que se hace visible en las nupcias eternas con ella.

Este es el corazón del kerygma apostólico, en el cual la misericordia divina ocupa un lugar central y fundamental. Es «la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado» (Exh. ap. Evangelii gaudium, 36), el primer anuncio que «siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis» (ibíd., 164). La Misericordia entonces «expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer» (Misericordiae vultus, 21), restableciendo de ese modo la relación con él. Y, en Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente allí donde se perdió y se alejó de Él. Esto lo hace con la esperanza de poder así, finalmente, enternecer el corazón endurecido de su Esposa.
 Las obras de misericordia
La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia.

Instrucciòn



Primero está el “saber” de Jesús, conocer algo de Jesús. Lo primero es saber algo de Jesús; realmente si conocen de Cristo algo más que el nombre, ya debemos considerarlo una pequeña victoria. Lo primero es que se sepa de Jesús: primero hay que dar la noticia del Señor, pero ese es solo el primer paso .
Al saber de Jesús, hay que “escuchar” a Jesús. Pedro escucha la predicación del Señor. Hay que escucharlo, hay que acercarse a su mensaje, hay que permitirle a Él  Por supuesto, esto requiere escuchar a aquellos testigos, por eso son tan valiosos los santos Evangelios para nosotros, porque el Evangelio, leyéndolo, meditandolo, haciéndolo nuestro, escuchamos al Señor.

Pedro recibió a Cristo en su barca; Pedro recibió la instrucción que Cristo le dio: arroja la red; Pedro “aceptó” a Cristo. Lo primero es saber de Jesús, lo segundo es escuchar a Jesús, y lo tercero (tan importante) es “aceptar” a Jesús. Cuando Jesús llega a nuestra vida, empieza a mostrarnos cómo esa vida puede ser distinta, y fue esto lo decisivo en el caso de Pedro. Sin aceptar a Jesús, jamás sabremos algo de los planes de Dios; una vez que lo acogemos en nosotros, entonces, su voz y su amor cobran fuerza en nuestro corazón. Solo entonces es posible aceptarlo, solo entonces es posible seguirlo, y cuando entramos en ese camino de seguimiento, experimentamos aquello que el Evangelio nos dice: El Reino de Dios.

domingo, 7 de febrero de 2016

Ceniza


Es decir que esta ceniza no tiene un valor mágico; algunas veces hay personas que reciben la ceniza en este miércoles, que por eso se llama Miércoles de Ceniza, la ceniza que ponemos en nuestra cabeza, en nuestra frente es una señal de que nuestro corazón se arrepiente delante de Dios.
Que reconocemos que en verdad somos como polvo delante de Él; y por eso nadie debe recibir la ceniza, nadie debe ponérsela si no está convencido de que, efectivamente, sus pecados y sus faltas le han hecho como polvo delante de Dios.
Así como al principio en la creación del polvo de la tierra, del lodo, de esa naturaleza que ya estaba, Dios pudo formar al ser humano, así también de nuestro abatimiento y de nuestra ceniza Él puede levantarnos y convertirnos y hacer de nosotros hombres nuevos, mujeres nuevas.

Él puede dar el don de su Espíritu que transforme esa ceniza en la que nos hemos convertido para que nosotros, transformados por ese Espíritu como en una nueva creación, seamos ese nuevo Adán que es Cristo y seamos esa nueva Eva, esa mujer que acepta el Evangelio y que es María Santísima.

Dòcil


 ¡Grande en la alabanza, pequeño siempre en la humildad!
¿Cómo no destacar en la petición de Salomón éso del corazón dócil? "Dame un corazón dócil" 1 Reyes 3,7.
Un corazón dócil es un corazón que tú puedas siempre moldear, que tú puedas siempre esculpir, que tú puedas siempre cambiar.
"Que lo único duro en mí sea el vínculo que me une a ti, Señor" ¡Ah, si uno fuera así! ¡Si uno tuviera esa oración perpetuamente en los labios y en el alma!
"Señor, lo único que quiero que sea duro en mí, es el vínculo que me une a ti. Quiero ser intransigente sólo en una cosa, en amarte, en amarte siempre y por encima de todo. Quiero mantener esa intransigencia, esa dureza siempre. En todo lo demás, lo que tú quieras, como tú quieras. Dame un corazón dócil".
Pero, la palabra hebrea para "corazón dócil", no significa solamente dócil. Hay otra traducción muy bonita: "Dame un corazón que sepa escuchar" 1 Reyes 3,9.
Es como decirle a Dios: "Dame un corazón que tú puedas herir con tu Palabra, un corazón que siempre pueda recibir tu Palabra, un corazón en el que tú siempre puedas escribir".
"Dame un corazón que sepa escuchar" 1 Reyes 3,9. Los corazones de bronce, los corazones de piedra, rechazan la Palabra. Fíjate que donde hay eco, es porque hay una pared dura. El eco se produce porque la pared es dura y el sonido rebota contra la pared.
"Yo quiero un corazón que tú puedas moldear, que tú puedas transformar". ¡Qué escena primorosa!, la Biblia que es tan exigente y que tiene esas medidas, esos estándares tan altos para pedir y que no se contenta con nada, tiene una palabra de aprobación para Salomón.
Es verdad que Dios es exigente, pero también es verdad que a Dios se le puede agradar. "Al Señor le agradó1 Reyes 3,10; esta Palabra es muy rara en la Biblia. Que a Dios le gustara lo que alguien hizo, éso es rarísimo en la Biblia.
Porque Dios es perfecto, porque Dios es infinito, porque Dios es santo, que a Dios le agrade algo, éso se dice muy poquitas veces en la Biblia. Se dice, por ejemplo, de la Santísima Virgen María: "Has hallado gracia ante DiosSan Lucas 1,30.

¡Qué tal esas palabras! "A Dios le gusta tu vida" ¡Ah, Señor! ¿Oír éso? "A Dios le gusta tu vida, a Dios le gusta lo que tú eres". O esto de Salomón: "A Dios le agradó eso" 1 Reyes 3,10. ¡A Dios le gustó eso!

Simple




 Las pequeñas alegrías de la vida simple tienen mucha importancia a los ojos de Dios. Esperemos que a los nuestros también. 
 Jesús quiere ayudarnos a comprender que las almas que, como María, saben encontrar la alegría en las tareas cotidianas, viven felices y resienten el deseo de transmitir esa alegría a los otros. 
A través de ese milagro, Cristo nos quiere hacer comprender el poder de intercesión de Nuestra Señora con su Hijo. 

Exhortado



El Santo Padre ha exhortado a pedir al Señor “que nuestra oración tenga siempre esa raíz de fe, nazca de la fe en Él. La gracia de la fe: la fe es un don. No se aprende en los libros. Es un don que te da el Señor, pero pídelo: ‘Pido Señor, ayuda a mi poca fe’ La oración con la fe… y es sanado. Pidamos al Señor la gracia de rezar con fe, de estar seguros de que todo lo que le pedimos nos será dado, con esa seguridad que nos da la fe. Y esta es nuestra victoria: ¡nuestra fe!”.

Primero


Primero está el “saber” de Jesús, conocer algo de Jesús. La fama de Jesús se iba extendiendo poco a poco, y lo primero es saber algo de Jesús; realmente si conocen de Cristo algo más que el nombre, ya debemos considerarlo una pequeña victoria. Lo primero es que se sepa de Jesús: primero hay que dar la noticia del Señor, pero ese es solo el primer paso .
Al saber de Jesús, hay que “escuchar” a Jesús. Nos damos cuenta lo que le sucede a Pedro: Pedro escucha la predicación del Señor. Hay que escucharlo, hay que acercarse a su mensaje, hay que permitirle a Él  Por supuesto, esto requiere escuchar a aquellos testigigos, por eso son tan valiosos los santos Evangelios para nosotros, porque el Evangelio, leyéndolo, meditandolo, haciéndolo nuestro, escuchamos al Señor.
Pedro recibió a Cristo en su barca; Pedro recibió la instrucción que Cristo le dio: arroja la red; Pedro “aceptó” a Cristo. Lo primero es saber de Jesús, lo segundo es escuchar a Jesús, y lo tercero (tan importante) es “aceptar” a Jesús. Cuando Jesús llega a nuestra vida, empieza a mostrarnos cómo esa vida puede ser distinta, y fue esto lo decisivo en el caso de Pedro. Sin aceptar a Jesús, jamás sabremos algo de los planes de Dios; una vez que lo acogemos en nosotros, entonces, su voz y su amor cobran fuerza en nuestro corazón. Solo entonces es posible aceptarlo, solo entonces es posible seguirlo, y cuando entramos en ese camino de seguimiento, experimentamos aquello que el Evangelio nos dice: El Reino de Dios

sábado, 6 de febrero de 2016

Eclesiàstico

El libro Eclesiástico es una verdadera joya, tiene una cantidad de sugerencias, de recomendaciones, es un libro que enfoca el plan de Dios y la obediencia a la voluntad de Dios desde el ángulo humilde, pero tan necesario, de la vida cotidiana.
 El libro Eclesiástico inspira profundamente un gran sentido de familia.
Da un hermoso elogio del rey David, hace que aprenda a sentir la Biblia como la propia casa, eso hace que aprenda a mirar a estos personajes no simplemente como historias que quedaron en el pasado, sino como verdaderos mensajes que Dios escribió en la historia de la humanidad,   especialmente hombres como David, nos ayudan a descubrir hasta dónde llega la misericordia, el poder, la sabiduría de Dios, en esas vidas reales, tan reales y concretas como las nuestras.
Que esta obra nos ayude a profundizar en las riquezas del alma de David y en nuestro sentido de pertenencia a la gran familia de creyentes.

martes, 2 de febrero de 2016

Don

 Recordando el apóstol Juan dice que la victoria sobre el mundo es nuestra fe. “Nuestra fe vence, siempre”, 
El Santo Padre ha afirmado que “la fe es victoria”. Los derrotados de la Primera Lectura –ha señalado el Papa– rezaban a Dios, llevaban el Arca, pero no tenían fe, la habían olvidado. Este tenía fe y cuando se pide con fe, Jesús mismo dijo que se mueven las montañas. Somos capaces de mover una montaña de una parte a otra: la fe es capaz de hacer esto. Y Jesús mismo nos lo ha dicho, ha recordado Francisco: “‘Cualquier cosa que pidáis al Padre en mi nombre, os será dada. Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá’, pero con fe. Y esta es nuestra victoria”.

 El Santo Padre ha exhortado a pedir al Señor “que nuestra oración tenga siempre esa raíz de fe, nazca de la fe en Él. La gracia de la fe: la fe es un don. No se aprende en los libros. Es un don que te da el Señor, pero pídelo: ‘Pido Señor, ayuda a mi poca fe’ La oración con la fe… y es sanado. Pidamos al Señor la gracia de rezar con fe, de estar seguros de que todo lo que le pedimos nos será dado, con esa seguridad que nos da la fe. Y esta es nuestra victoria: ¡nuestra fe!”.

Victoria

Isaías 62, 1-5: “Como el esposo se alegra con la esposa”
Salmo 95: “Cantemos la grandeza del Señor”
I Corintios 12, 4-11: “Un solo y el mismo Espíritu distribuye sus dones según su voluntad”
San Juan 2, 1-11: “El primer signo de Jesús, en Caná de Galilea”
Tiene un santuario, pero el corazón no está con Dios, no sabe adorar a Dios: “Cree en Dios-

El Evangelio nos habla de una victoria. Francisco lo ha explicado así: “En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas –un gesto de adoración– y le dijo: ‘Si quieres, puedes limpiarme’. Desafía al Señor diciendo: ‘Yo soy un derrotado en la vida –el leproso era un derrotado porque no poder hacer vida social, era siempre ‘descartado’, dejado de lado– ¡pero tú puedes transformar esta derrota en victoria! Es decir: ‘Si quieres, puedes purificarme’. Delante de esto Jesús tuvo compasión, extendió su mano, lo tocó y le dijo: ‘Quiero, queda limpio’. Así, simplemente: esta batalla ha terminado en dos minutos con la victoria; la otra, todo el día, con la derrota”. Este hombre –ha observado el Papa– tenía algo que lo empujaba a ir donde Jesús y lanzarle ese desafío. ¡Tenía fe!

lunes, 1 de febrero de 2016

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Los jóvenes  que se dejen robar el corazón por el Señor para poder hacer realidad el sueño de Dios para cada uno de ellos, que es siempre garantía de felicidada casa para ti, para que tú vivas de Él, para que tú vivas en Él . Que la Auxiliadora, Madre que lo ha hecho todo, siga siendo puerto seguro para vosotros y que el Señor Jesús siga conquistando vuestros corazones y vuestras vidas”. . Necesitamos que este año sea experiencia de sanación y misericordia, una cosa es comprender que nuestros superiores son seres humanos, que pueden tener errores y otra cosa es cultivar amargura y odio por los errores de ellos, por las equivocaciones reales o ficticias de ellos, ¡necesitamos experimentar misericordia!. Pero luego,  no quedarnos con esa dulce experiencia, no quedarnos con ese amor jubiloso sino ir a compartirlo como nos manda Cristo, ir a compartirlo con los que tenemos más cerca, con tantos otros, que seguramente necesitan lo mismo que nosotros hemos recibido, la experiencia de ser amados.

Amor



El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.

El amor no pasa nunca.

Piensa





La Hostia en tu boca, Cristo dentro de ti. Piensa en eso. Piensa en lo que significa volverte una casa para la Eucaristía,  piensa, que al convertirte en una casa para la Hostia consagrada, es Cristo el que se está haciendo uno Y el evangelio lo enseña clarísimamente: sólo el Espíritu del Señor hará que nosotros agrademos a Dios. Tal es la obra del Espíritu, tal es la misión de Cristo.

A Él gloria por los siglos.