Volver a la oración, es volver a un encuentro
vivo con el Dios Vivo, volver a la oración es recuperar la fuente desde la cual
se ha de renovar toda nuestra vida cristiana, eso significa que nada de
sustancia va a suceder en nuestra vida sino está precedido y acompañado por la
oración. Para nosotros los cristianos el tema de la oración tiene una
referencia absolutamente clara, es la oración de Jesús. Que felicidad tener un
camino que de un modo tan pedagógico, tan sencillo y tan profundo nos ilustra
en nuestra relación con Dios. Los discípulos preguntaron a Jesús cómo habrian
de orar, y Jesús les dió el Padre Nuestro, ese es el contexto con que el evangelista
nos da esta oración. En san Mateo la oración del Padre Nuestro aparece como
parte del discurso que conocemos como sermón de la montaña, entendiendo bien
que el sermón de la montaña es una recopilación de predicaciones de Cristo,
entre lo fundamental de nuestro ser de cristianos está el relacionarnos con
Dios nuestro Padre como Cristo se relaciona con Él. Podríamos decir que
cristiano es aquel que se relaciona con Dios como Cristo se relaciona con Dios,
y el texto fuente en el corazón que lo medita, es precisamente el Padre
Nuestro. En el Padre Nuestro está el corazón de Cristo convertido en templo,
donde todos podemos congregarnos para elevar una sola plegaria, en el Padre
Nuestro están los sueños más bellos de Cristo, sueños entendidos como los
deseos, los anhelos más hondos de su corazón. En el Padre Nuestro está la
esencia de la vida cristiana que no es otra que el anhelo del Reino de Dios, y
sobretodo el deseo y compromiso de buscar en todo la voluntad del Señor. En el
Padre Nuestro tenemos el lenguaje que nos unifica, porque en las palabras que
cada uno dice, actúa sin duda el Espíritu Santo, pero en las palabras que
Cristo dice el Espíritu nos enseña cómo hemos de obrar también nosotros. El
Padre Nuestro ha sido el punto de partida para dar lecciones sobre oración,
muchos han tomado este texto del Padre Nuestro para darnos preciosas
catequesis, recordemos entre otros a san Agustín que tiene todo un tratado
sobre el Padre Nuestro; al obispo mártir san Cipriano que tiene otro tanto
sobre el Padre Nuestro; recordemos a santo Tomás de Aquino que estudia el Padre
Nuestro; y cómo no mencionar aquí el Catecismo de la Iglesia Católica que
también menciona el Padre Nuestro y lo sigue en la parte correspondiente a la
vida espiritual de todo cristiano.
Que
esas palabras, las de Cristo brillen, destellen y den fruto en tu corazón,
porque orar como Cristo es empezar ser en serio discípulo de Cristo.
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