Es decir que esta ceniza no tiene un valor mágico; algunas veces
hay personas que reciben la ceniza en este miércoles, que por eso se llama
Miércoles de Ceniza, la ceniza que ponemos en nuestra cabeza, en nuestra frente
es una señal de que nuestro corazón se arrepiente delante de Dios.
Que reconocemos que en verdad somos como polvo delante de Él; y
por eso nadie debe recibir la ceniza, nadie debe ponérsela si no está
convencido de que, efectivamente, sus pecados y sus faltas le han hecho como
polvo delante de Dios.
Así como al principio en la creación del polvo de la tierra, del
lodo, de esa naturaleza que ya estaba, Dios pudo formar al ser humano, así
también de nuestro abatimiento y de nuestra ceniza Él puede levantarnos y
convertirnos y hacer de nosotros hombres nuevos, mujeres nuevas.
Él puede dar el don de su Espíritu que transforme esa ceniza en
la que nos hemos convertido para que nosotros, transformados por ese Espíritu
como en una nueva creación, seamos ese nuevo Adán que es Cristo y seamos esa
nueva Eva, esa mujer que acepta el Evangelio y que es María Santísima.
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