Lleno de luz
ante la Presencia Majestuosa del Trono de Dios, con cuánto amor agradecer al repetir: “...Por tu inmensa Gloria Te alabamos, Te bendecimos,
Te adoramos, Te glorificamos, Te damos gracias, Señor, Dios Rey celestial, Dios
Padre Todopoderoso evocamos el rostro paternal del Padre lleno de bondad... Señor,
Hijo único Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre, Tú que
quitas el pecado del mundo...” Jesús estaba delante, con ese rostro
lleno de ternura y Misericordia: “...porque sólo Tú eres Dios, sólo Tú,
Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo...” el Dios del Amor hermoso, Aquel
que estremece todo el ser... “Señor, libérame de todo mal, mi corazón te pertenece, Señor mío envíame tu paz para conseguir
el mejor provecho de esta Eucaristía y que mi vida dé sus mejores frutos.
Espíritu Santo de Dios, transfórmame, actúa en mí, guíame ¡Oh Dios, dame los
dones que necesito para servirte mejor...!” Llegó el momento de la Liturgia de
la Palabra y la Virgen me hizo repetir: “Señor, hoy quiero escuchar Tu Palabra
y producir fruto abundante, que Tu Santo Espíritu limpie el terreno de mi
corazón, para que Tu Palabra crezca y se desarrolle, purifica mi corazón para
que esté bien dispuesto.”
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