martes, 2 de febrero de 2016

Victoria

Isaías 62, 1-5: “Como el esposo se alegra con la esposa”
Salmo 95: “Cantemos la grandeza del Señor”
I Corintios 12, 4-11: “Un solo y el mismo Espíritu distribuye sus dones según su voluntad”
San Juan 2, 1-11: “El primer signo de Jesús, en Caná de Galilea”
Tiene un santuario, pero el corazón no está con Dios, no sabe adorar a Dios: “Cree en Dios-

El Evangelio nos habla de una victoria. Francisco lo ha explicado así: “En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas –un gesto de adoración– y le dijo: ‘Si quieres, puedes limpiarme’. Desafía al Señor diciendo: ‘Yo soy un derrotado en la vida –el leproso era un derrotado porque no poder hacer vida social, era siempre ‘descartado’, dejado de lado– ¡pero tú puedes transformar esta derrota en victoria! Es decir: ‘Si quieres, puedes purificarme’. Delante de esto Jesús tuvo compasión, extendió su mano, lo tocó y le dijo: ‘Quiero, queda limpio’. Así, simplemente: esta batalla ha terminado en dos minutos con la victoria; la otra, todo el día, con la derrota”. Este hombre –ha observado el Papa– tenía algo que lo empujaba a ir donde Jesús y lanzarle ese desafío. ¡Tenía fe!

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