Isaías 62, 1-5: “Como el esposo se alegra con la esposa”
Salmo 95: “Cantemos la grandeza del Señor”
I Corintios 12, 4-11: “Un solo y el mismo Espíritu
distribuye sus dones según su voluntad”
San Juan 2, 1-11: “El primer signo de Jesús, en Caná de
Galilea”
Tiene un santuario, pero el
corazón no está con Dios, no sabe adorar a Dios: “Cree en Dios-
El Evangelio nos habla
de una victoria. Francisco lo ha explicado así: “En aquel tiempo, se acercó a
Jesús un leproso, suplicándole de rodillas –un gesto de adoración– y le dijo:
‘Si quieres, puedes limpiarme’. Desafía al Señor diciendo: ‘Yo soy un derrotado
en la vida –el leproso era un derrotado porque no poder hacer vida social, era
siempre ‘descartado’, dejado de lado– ¡pero tú puedes transformar esta derrota
en victoria! Es decir: ‘Si quieres, puedes purificarme’. Delante de esto Jesús
tuvo compasión, extendió su mano, lo tocó y le dijo: ‘Quiero, queda limpio’.
Así, simplemente: esta batalla ha terminado en dos minutos con la victoria; la
otra, todo el día, con la derrota”. Este hombre –ha observado el Papa– tenía
algo que lo empujaba a ir donde Jesús y lanzarle ese desafío. ¡Tenía fe!
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