¡Grande en la alabanza, pequeño siempre en la
humildad!
¿Cómo no destacar en la petición de Salomón éso del corazón
dócil? "Dame un corazón dócil" 1 Reyes 3,7.
Un corazón dócil es un corazón que tú puedas siempre moldear,
que tú puedas siempre esculpir, que tú puedas siempre cambiar.
"Que lo único duro en mí sea el vínculo que me une a ti,
Señor" ¡Ah, si uno fuera así! ¡Si uno tuviera esa oración perpetuamente en
los labios y en el alma!
"Señor, lo único que quiero que sea duro en mí, es el
vínculo que me une a ti. Quiero ser intransigente sólo en una cosa, en amarte,
en amarte siempre y por encima de todo. Quiero mantener esa intransigencia, esa
dureza siempre. En todo lo demás, lo que tú quieras, como tú quieras. Dame un
corazón dócil".
Pero, la palabra hebrea para "corazón dócil", no
significa solamente dócil. Hay otra traducción muy bonita: "Dame un
corazón que sepa escuchar" 1 Reyes 3,9.
Es como decirle a Dios: "Dame un corazón que tú puedas
herir con tu Palabra, un corazón que siempre pueda recibir tu Palabra, un
corazón en el que tú siempre puedas escribir".
"Dame un corazón que sepa escuchar" 1 Reyes 3,9. Los corazones de bronce, los corazones de
piedra, rechazan la Palabra. Fíjate que donde hay eco, es porque hay una pared
dura. El eco se produce porque la pared es dura y el sonido rebota contra la
pared.
"Yo quiero un corazón que tú puedas moldear, que tú puedas
transformar". ¡Qué escena
primorosa!, la Biblia que es tan exigente y que tiene esas medidas, esos
estándares tan altos para pedir y que no se contenta con nada, tiene una palabra
de aprobación para Salomón.
Es verdad que Dios es exigente, pero también es verdad que a
Dios se le puede agradar. "Al Señor le agradó" 1 Reyes 3,10; esta Palabra es muy rara en la Biblia. Que a
Dios le gustara lo que alguien hizo, éso es rarísimo en la Biblia.
Porque Dios es perfecto, porque Dios es infinito, porque Dios es
santo, que a Dios le agrade algo, éso se dice muy poquitas veces en la Biblia.
Se dice, por ejemplo, de la Santísima Virgen María: "Has hallado gracia
ante Dios" San Lucas 1,30.
¡Qué tal esas palabras! "A Dios le gusta tu vida" ¡Ah,
Señor! ¿Oír éso? "A Dios le gusta tu vida, a Dios le gusta lo que tú
eres". O esto de Salomón: "A Dios le agradó eso" 1 Reyes 3,10. ¡A Dios le gustó eso!
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