lunes, 15 de febrero de 2016

Cruz






Lo grande no es experimentar la cruz, y quedarnos en la cruz. Cristo no se quedó en la cruz. Es importante recordar el dolor, es importante tenerlo ante nuestros ojos, pero el mensaje no termina en el dolor. Cristo no se quedó en la cruz. Cristo no se quedó en el sepulcro. Cristo resucitó y vive glorioso. Está vivo, y da vida. Pidamos, entonces, al Señor que nos dé la gracia de su Espíritu, porque es el maestro interior, es el Espíritu Santo el que puede educarnos, el que puede mostrarnos ¿qué es cruz en nuestra vida?, ¿cómo recibir esa cruz?, ¿cómo encontrar en ella el fruto permanente, el fruto de alegría, de paz, y de gloria? Por eso nuestra vida es continuo movimiento. No podemos saltarnos la cruz, pero tampoco podemos quedarnos en la cruz. Nuestra vida es pasar por la cruz. Nuestra vida es pascua permanente, pero esa pascua hay que vivirla en la dinámica de Jesucristo

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