lunes, 24 de diciembre de 2012

Punto

“Navidad es el punto donde se unen el cielo y la tierra Dios se hace cercano; «el inaccesible quiere ser accesible; él, que existe antes del tiempo, comenzó a ser en el tiempo; el Señor del universo, velando la grandeza de su majestad, asumió la naturaleza de siervo» En ese Niño, necesitado de todo como los demás niños, lo que Dios es: eternidad, fuerza, santidad, vida, alegría, se une a lo que somos nosotros: debilidad, pecado, sufrimiento, muerte”.
Ésta es precisamente nuestra alegría: En ese niño del pesebre, ¡conocemos el rostro de Dios!, ¡podemos invocar su nombre! ¡Podemos acudir a adorarlo! Navidad el Señor “nos enseña la humildad, la pobreza de corazón, la sencillez, la cercanía a todos, la bondad, la paz”, y el “mensaje de la Nochebuena es, precisamente: a los hombres, la paz. Dios es la gloria y a él corresponde que se le de la gloria y ¿qué le da Dios a los hombres como prenda de su comunicación a ellos? Les da la paz a los hombres que son el objeto de su complacencia, de su amor”.
Que la alegría de saber que Dios se ha hecho cercano a nosotros nos lleve en esta época de Navidad a adorarlo en la humildad de la hostia consagrada, donde vuelve a unirse a lo que somos nosotros para elevarnos hacia Él a través de la comunión. Que corramos a adorarlo en el pesebre del Sagrario, donde baja del cielo hoy para hacerse cercano una y otra vez. Y que le podamos servir en cada niño necesitado de amor en nuestro hogar, familia y comunidad.

Ramo


La noche no termina de bostezar
con su largo, larguísimo cansancio apretujado.
Arriba, sobre la luz parásita de la ciudad,
brillan las constelaciones
como un libro de cuentos
que no cierras nunca.
Pero yo tengo que levantarme.
Los primeros gorriones te agradecen
que los preservaras de la helada,
y los mirlos se saludan con chillidos.
Tengo que levantarme.
Hágase en mí, según como Tú quieres.
Y el ramo de Aarón florecido sin haber sido regado (Números 17, 8) no es acaso la figura de la Virgen que concibe sin haber conocido varón? De ese gran milagro de Isaías se devela un misterio más grande todavía: Un ramo brotará del tronco de Jesé y de su raíz una flor (Isaías 11, 1). El ramo en su pensamiento es la Virgen y la flor el hijo de esa Virgen.

¿Y este célebre vellocino que se le arranca al cordero para la esquila sin herir la piel y cuya lana se impregna de rocío y permanece seco sobre el suelo empapado, qué significa si no la carne de Cristo tomada de María sin perjuicio de su virginidad? En ella sin lugar a dudas, con el rocío de los cielos hizo irrupción toda la plenitud de la divinidad, hasta el punto que en esa plenitud nosotros todos tomamos parte y que sin ella no somos más que tierra árida.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Filiación

Los Evangelios son auténticos, documentos históricos que nos han sido dados por la Iglesia como la Palabra inspirada de Dios. Renunciamos a plantear la cuestión de la dependencia de Mateo , de la dependencia literaria o de otro tipo de Lucas respecto de Marcos; todas estas cuestiones se tratan en sus lugares apropiados y no pertenecen al proceso de la teología dogmática y apologética. Los cuatro Evangelios como la Palabra inspirada de Dios. El testimonio de los Evangelios sobre la divinidad de Cristo es de diversas clases.
Jesús es el Mesías Divino
Los Evangelistas, como hemos visto, refieren las profecías de la divinidad del Mesías como cumplidas en Jesús (ver Mateo 1, 23; 2, 6; Marcos 1, 2; Lucas 7, 27).
Jesús es el Hijo de Dios
Según el testimonio de los Evangelistas, el propio Jesús dio testimonio de su filiación divina. En primer lugar, preguntó a sus discípulos en Cesarea de Filipo, “¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?” (Mt. 16, 13). Este nombre Hijo del Hombre era normalmente usado por el Salvador respecto de Sí mismo; testimoniaba su naturaleza humana y unidad con nosotros. Los discípulos contestaron que los demás decían que era uno de los profetas. Cristo les apremió. “Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Pedro,  replicó: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo” . A Jesús le satisfizo esta respuesta; le colocaba por encima de todos los profetas que eran hijos adoptados de Dios; le hacía Hijo natural de Dios. Pedro no tenía necesidad de especial revelación para conocer la filiación adoptiva divina de todos los profetas. Esta filiación natural divina le fue dada a conocer al jefe de los apóstoles sólo por una revelación especial. “Ni la carne ni la sangre te han revelado esto, sino mi Padre que está en los cielos” . Jesús claramente asume este importante título en este sentido enteramente nuevo y especialmente revelado. Admite que es el Hijo de Dios en el pleno sentido de la palabra.
En segundo lugar, encontramos que permitió a los demás darle este título y demostrar mediante el acto de adoración efectiva que ellos interpretaban como real la filiación. Los posesos caían y le adoraban y el espíritu inmundo gritaba “Tú eres el Hijo de Dios” (Mc. 3, 12). Sus discípulos le adoraban y decían, “Verdaderamente eres el Hijo de Dios” (Mt. 14, 33). Y no sugería Él que se equivocaban al darle el homenaje debido a solo Dios. El centurión en el Calvario (Mt. 27, 54; Mc. 15, 39), el evangelista San Marcos (1, 1), el hipotético testimonio de Satán (Mt. 4, 3) y de los enemigos de Cristo (Mt. 27, 40) todos muestran que Jesús fue llamado y estimado como el Hijo de Dios. El propio Jesús claramente asume el título. Constantemente habla de Dios como “Mi Padre” (Mt. 7, 21; 10, 32; 11, 27; 15, 13; 16, 17, etc.).
En tercer lugar, el testimonio de Jesús sobre su filiación divina está bastante claro en los Sinópticos, como vemos por los argumentos precedentes y veríamos por la exégesis de otros textos; pero es aún quizá más evidente en Juan. Jesús indirecta pero claramente asume el título cuando dice: “¿Cómo decís que aquél a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo blasfema por haber dicho Yo soy el Hijo de Dios?...el Padre está en Mí y Yo en el Padre” (Juan 10, 36,38). Un testimonio incluso más claro se da en la narración de la curación del ciego en Jerusalén. Jesús dice: “¿Crees tú en el Hijo de Dios?” Él respondió, diciendo: “¿Quién es, Señor, para que crea en Él? Y Jesús le dijo: Le has visto; el que está hablando contigo. Y él dijo: Creo, Señor. Y postrándose, le adoró” (Juan, 9, 35-38). Aquí como en otros lugares, el acto de adoración es permitido, y de este modo se da asentimiento implícito a la afirmación de la filiación divina de Jesús.

Emanación

Fuente inmediata de alegría está enel tiempo y en el actuar de Dios en la historia !Dios que actua! Gén. 1, 1. No conocemos la palabra original hebrea o aramea; puede haber sido la misma palabra que aparece en Prov. 8, 22: “El Señor me ha poseído (en hebreo, me ha engendrado por generación; ver Gén. 4, 1) en la primicia de sus caminos, antes que sus obras más antiguas. Desde la eternidad fui moldeado”. La Sabiduría que habla de sí misma en el libro del Eclesiástico no puede contradecir lo que la Sabiduría dice de sí misma en Proverbios. El Libro de la Sabiduría, también, habla claramente de la Sabiduría como “la que hizo todas las cosas... una emanación pura de la gloria del Omnipotente...el brillo de la luz eterna, y el espejo sin mancha de la majestad de Dios, y la imagen de su bondad” (Sab. 7, 21-26). San Pablo parafrasea este bello pasaje y lo refiere a Jesucristo (Heb. 1, 3). Está claro, entonces, por el estudio del texto de los propios libros, por la interpretación de estos libros por San Pablo, y especialmente, por la interpretación aceptada por los Padres y los usos litúrgicos de la Iglesia, que la sabiduría personificada de los Libros sapienciales es la Sabiduría increada, el Logos encarnado de San Juan, el Verbo hipostáticamente unido a la naturaleza humana, Jesucristo, el Hijo del Padre Eterno. Los Libros Sapienciales prueban que Jesús fue real y verdaderamente Dios.
(c) Testimonio de los Libros Proféticos
Los profetas claramente afirman que el Mesías es Dios. Isaías dice: “Vendrá Él mismo y os salvará” (35, 4); “Preparad el camino de Yahvéh” (40, 3); “Adonai Yahvéh vendrá con fortaleza” (40, 10). Que Yahvéh es aquí Jesucristo está claro por la utilización del pasaje por San Marcos (1, 3). El gran profeta de Israel da a Cristo un nuevo y especial nombre divino: “Será llamado Emmanuel” (Is. 7, 14). Este nuevo nombre divino San Mateo lo refiere como realizado en Jesús, e interpreta que significa la divinidad de Jesús. “Se le pondrá por nombre Emmanuel, que quiere decir, Dios con nosotros” (Mat., 1, 23). También en 9, 6, Isaías llama al Mesías Dios: “Un niño nos ha nacido... será llamado Maravilloso Consejero, Dios Fuerte, Padre Perpetuo, Príncipe de la Paz”. Los católicos explican que el mismo niño es llamado Dios Fuerte (9, 6) y Emmanuel (7, 14); la concepción del niño es profetizada en el último versículo, el nacimiento del mismo niño se profetiza en el primero. El nombre Emmanuel (Dios con nosotros) explica el nombre que traducimos como “Dios Fuerte”. Es acrítico y prejuicioso por parte de los racionalistas salir de Isaías y buscar en Ezequiel (32, 21) el significado “más poderoso entre los héroes” para una palabra que en todos los demás lugares de Isaías es el nombre de “Dios Fuerte” (ver Is. 10, 21). Teodocio traduce literalmente theos ischyros; los Setenta lo hacen por “mensajero”. Nuestra interpretación es la comúnmente admitida por los católicos (“Profecías Mesiánicas”, p. 145). Isaías también llama al Mesías “retoño de Yahvéh” (4, 2), esto es, que el que ha brotado de Yahvéh es de la misma naturaleza que Él. El Mesías es “Dios nuestro rey” (Is. 52, 7), “el Salvador enviado por nuestro Dios” (Is. 52, 10, donde la palabra que traducimos por Salvador es la forma abstracta de la palabra que traducimos por Jesús); “Yahvéh el Dios de Israel” (Is. 52, 12): “El que es tu hacedor, Yahvéh de los ejércitos es su nombre” (Is. 54, 5).
Los demás profetas son tan claros como Isaías, aunque no tan detallados, en su predicción de la divinidad del Mesías. Para Jeremías, es “Yahvéh nuestra Justicia” (23, 6; también 33, 16). Miqueas habla de la doble venida del Niño, su nacimiento en el tiempo en Belén y su procesión en la eternidad del padre (5, 2). El valor mesiánico de este texto se prueba por su interpretación en Mateo (2, 6). Zacarías hace que Yahvéh hable del Mesías como “mi compañero”; pero un compañero está en pie de igualdad con Yahvéh (13, 7). Malaquías dice: “He aquí que envío a mi mensajero, y él preparará el camino delante de mí, y enseguida el Señor, a quien buscáis, y el ángel de la alianza, a quien deseáis, vendrán a su templo” (3, 1). El mensajero del que se habla aquí es ciertamente San Juan el Bautista. Las palabras de Malaquías se interpretan como dichas respecto del Precursor por el propio Nuestro Señor (Mat., 11, 10). Pero el Bautista preparó el camino delante de Jesucristo. De ahí que sea Cristo el que hablaba por medio de las palabras de Malaquías. Pero las palabras de Malaquías son pronunciadas por Yahvéh, el gran Dios de Israel. De ahí que Cristo o el Mesías y Yahvéh sean una y la misma Persona divina. El argumento se hace más forzoso incluso por el hecho de que no sólo es el que habla, Yahvéh Dios de los ejércitos, uno y el mismo aquí que el Mesías delante del cual iba el Bautista: sino que la venida del Señor al templo aplica al Mesías un nombre que siempre se reserva para solo Yahvéh. Ese nombre aparece siete veces (Ex. 23, 17; 34, 23; Is. 1, 24; 3, 1; 10, 16 y 33; 19, 4) fuera de Malaquías, y es clara su referencia al Dios de Israel. El último de los profetas de Israel da testimonio claro de que el Mesías es el mismo Dios verdadero de Israel. Este argumento de los profetas en favor de la divinidad del Mesías es más convincente si se recibe a la luz de la revelación cristiana, a cuya luz lo presentamos. La fuerza acumulada del argumento está bien expuesta en “Cristo en símbolo y profecía” de Maas.

Interpretación



I. EL HECHO DE LA ENCARNACIÓN
 (a) Testimonio de los Salmos
Salmo 2, 7. “El Señor me ha dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy” Aquí Yahvéh, esto es, el Dios de Israel, habla al Mesías prometido. Así interpreta San Pablo el texto (Heb. 1, 5) mientras que prueba la divinidad de Jesús a partir de los Salmos. Se plantea la objeción de que San Pablo no está aquí interpretando sino sólo acomodando la Escritura. El aplica las mismas palabras del Salmo 2, 7 al sacerdocio (Heb. 5, 5) y a la resurrección (Hechos 13, 33) de Jesús; pero sólo en un sentido figurado engendra el Padre al Mesías en el sacerdocio y en la resurrección de Jesús; de ahí que sólo en un sentido figurado engendra a Jesús como su Hijo. Respondemos que San Pablo habla figuradamente y acomoda la Escritura en la cuestión del sacerdocio y la resurrección pero no en la cuestión de la generación eterna de Jesús. Todo el contexto de este capítulo muestra que hay una cuestión de filiación real y real divinidad de Jesús. En el mismo versículo, San Pablo aplica a Cristo las palabras de Yahvéh a David, el arquetipo de Cristo: “Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo”. (II Reyes 7, 14). En el versículo siguiente, Cristo es mencionado como primogénito del padre, y es objeto de adoración de los ángeles, pero sólo Dios es adorado: “Tu trono, oh Dios, es para siempre jamás...Tu Dios, oh Dios, te ha ungido” (Sal. 44, 7,8). San Pablo refiere estas palabras a Cristo como el Hijo de Dios (Heb. 1, 9). Seguimos el texto masorético, “Tu Dios, oh Dios”. La versión de los Setenta y del Nuevo Testamento, ho theos, ho theos sou, “Oh Dios, tu Dios” es susceptible de la misma interpretación. Por tanto el Cristo es llamado aquí Dios dos veces; y de su trono o reino se dice que va a ser por toda la eternidad. Salmo 109, 1: “Dijo el Señor a mi Señor (Heb. Dijo Yahveh a mi Adonai): Siéntate a mi diestra”. Cristo cita este texto para probar que Él es Adonai (un término hebreo usado sólo para la deidad), sentado a la derecha de Yahvéh, que es invariablemente el gran Dios de Israel (Mat. 22, 44). En el mismo salmo, Yahvéh dice a Cristo: “Antes de la aurora, Yo te engendré”. Por tanto Cristo es el engendrado de Dios; fue engendrado antes de que el mundo existiera, y se sienta a la derecha del Padre celestial. Otros salmos mesiánicos podrían ser citados para demostrar el claro testimonio de estos poemas inspirados de la divinidad del Mesías prometido.
(b) Testimonio de los Libros Sapienciales
Tan claramente describen estos Libros Sapienciales a la Sabiduría increada como una Persona Divina distinta de la Primera Persona, que los racionalistas tienen que recurrir a un subterfugio y afirmar que la doctrina de la Sabiduría increada fue tomada por los autores de estos libros de la Filosofía neoplatónica de la escuela de Alejandría. Hay que señalar que en los libros presapienciales del Antiguo Testamento, el Logos increado, o hrema, es el principio activo y creativo de Yahvéh (ver Salmos 32, 4; 32, 6; 118, 89; 102, 20; Is. 40, 8; 54, 11). Más tarde el logos se convirtió en sophia, la Palabra increada se hizo increada Sabiduría. A la sabiduría se le atribuían todas las obras de creación y providencia divina (ver Job 26, 12; Prov. 8 y 9; Eccles. 1, 1; 24, 5-12; Sab. 6, 21; 9, 9) En Sab. 9, 1,2, tenemos un notable ejemplo de atribución de la actividad de Dios tanto al Logos como a la Sabiduría. Es la prueba de que el subterfugio racionalista no es eficaz.
Ahora en cuanto a las pruebas sapienciales: En Eccl. 24, 7, la Sabiduría es descrita como increada, la “primera nacida del Altísimo antes de todas las criaturas”, “desde el principio y antes de los siglos me creó” (ibíd., 14). Tan universal fue la identificación de la Sabiduría con Cristo, que incluso los arrianos estaban de acuerdo con los Padres en esto; y se afanaban en probar mediante la palabra ektise, hecho o creado, del versículo 14, que la Sabiduría encarnada fue creada. Los Padres no respondieron que por la palabra Sabiduría no tenía que entenderse a Cristo, sino que explicaron que la palabra ektise tenía que ser interpretada aquí en relación con otros pasajes de la Sagrada Escritura.

Historicidad

La Encarnación implica tres hechos: (1) La Persona Divina de Jesucristo; (2) La Naturaleza Humana de Jesucristo; (3) La Unión Hipostática de la Naturaleza Humana con la Divina en la Persona Divina de Jesucristo.
(1) La Persona Divina de Jesucristo
Presuponemos la historicidad de Jesucristo esto es, que fue una persona real de la historia; el carácter mesiánico de Jesús; el valor histórico y autenticidad de los Evangelios y los Hechos; el carácter de enviado divino de Jesucristo de ese modo establecido; el establecimiento de un infalible y perdurable organismo de enseñanza que tenga y mantenga el depósito de la verdad revelada confiada a él por el enviado divino; la transmisión de todo ese depósito por tradición y de parte del mismo por la Sagrada Escritura; el canon e inspiración de las Sagradas Escrituras todas estas cuestiones se encontrarán tratadas en sus correspondientes lugares.La naturaleza divina y la personalidad divina son una e inseparable (ver TRINIDAD). La finalidad de este artículo es probar que la persona histórica, Jesucristo, es real y verdaderamente Dios, esto es, tiene la naturaleza de Dios, y es una persona divina. La divinidad de Jesucristo está establecida por el Antiguo Testamento, por el Nuevo Testamento y por la Tradición.
A. Pruebas del Antiguo Testamento
Las pruebas del Antiguo Testamento de la divinidad de Jesús presuponen su testimonio de Él como el Cristo, el Mesías (ver MESÍAS). Dando entonces por supuesto que Jesús es el Cristo, el Mesías prometido en el Antiguo Testamento, de los términos de su promesa resulta seguro que el prometido es Dios, es una Persona Divina en el sentido estricto de la palabra, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo del Padre, uno en naturaleza con el Padre y el Espíritu Santo. Nuestro argumento es acumulativo. Los textos del Antiguo Testamento tienen peso por sí mismos; tomados junto a su cumplimiento en el Nuevo Testamento y con el testimonio de Jesús, sus apóstoles y su Iglesia, forman un argumento acumulado a favor de la divinidad de Jesucristo que es abrumador en su fuerza. Las pruebas del Antiguo Testamento las extraemos de los Salmos, de los Libros Sapienciales y de los Profetas.

Misterio

Cae una acción divina, se produce como una vibración y una ola de alegría que se extiende, después, por generaciones, incluso en el caso de las acciones dadas por la revelació, para siempre.
La acción de Dios es, cada vez, un milagro que llena de maravilla el cielo y la tierra: "¡Alégrate cielo; Yahvé lo ha hecho! dice el profeta, ¡clamen , profundidades de la tierra!" (Is. 44, 23; 49, 13). La alegría que viene del corazón de María y de los otros testigos de los inicios de la salvación, se basa toda ella en este motivo: ¡Dios ha auxiliado a Israel! ¡Dios ha actuado! ¡Ha hecho cosas grandes!
¿Cómo puede, esta alegría por la acción de Dios, alcanzar a la Iglesia de hoy y contagiarla? Lo hace, en primer lugar, a través de la memoria, en el sentido de que la Iglesia "recuerda" las maravillas de Dios en su favor. La Iglesia está invitada a hacer suyas las palabras de la Virgen, "Ha hecho en mi favor cosas grandes, el Todopoderoso". El Magnificat es el cántico que María cantó primero, y ha dejado a la Iglesia que la prolongue por los siglos. ¡Grandes cosas ha hecho, en realidad, el Señor por la Iglesia, en estos veinte siglos!
 “Y el Verbo se hizo carne”. Estos dos términos fueron usados por los Padres griegos desde la época de San Ireneo  esto es, hacerse carne, aparece en el credo del Concilio de Nicea . En el lenguaje de la Sagrada Escritura, carne significa,  naturaleza humana u hombre ( Lucas, 3, 6; Rom., 3, 20).La elección de la palabra encarnación ha sido muy adecuada. El hombre es llamado carne para enfatizar la parte más débil de su naturaleza. Cuando se dice que el Verbo se ha encarnado, se ha hecho carne, la bondad divina está mejor expresada por cuanto Dios “se despojó de Sí mismo... y apareció como hombre” (Filip., 2, 7); tomó sobre Sí mismo no sólo la naturaleza de hombre, una naturaleza capaz de sufrimiento y enfermedad y muerte, se hizo hombre en todo excepto sólo en el pecado. El misterio de la Encarnación se expresa en la Escritura por otros términos: epilepsis, el acto de asumir una naturaleza (Heb. 2, 16); manifestación en la carne (I Tim. 3, 16);  la adaptación a un cuerpo, que algunos Padres latinos llaman (Heb. 10, 5); kenosis, el acto de despojarse de sí mismo (Filip. 2, 7). En este artículo trataremos del hecho, naturaleza y efectos de la Encarnación.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Aguardando

Ante la pronta solemnidad de la Natividad del Señor se nos invita“a vivir esta misma humildad y obediencia de la fe (porque) la gloria de Dios se manifiesta en el triunfo y en el poder de un rey, no brilla en una ciudad famosa, en un palacio suntuoso, sino que vive en el vientre de una virgen, se revela en la pobreza de un pesebre.La llegada de Jesús, cuyo solo nombre ya significa salvación, colma nuestra esperanza porque en él está cuanto puede desear rectamente el alma humana. Él es nuestra libertad, nuestra justicia, nuestra salud, nuestra paz. ¡Dichosos nosotros que algo conocemos de los tesoros incalculables del alma de Cristo, y algo hemos saboreado ya de los bienes que Jesucristo viene. El calendario parece acelerarse a medida que se llega esa fecha, entrañable y bella, en que la Iglesia entera se postra llena de gratitud ante el portal de Belén. La noticia, la buena noticia por excelencia, es esta y sólo esta: "¡Jesucristo viene!".
 Mas hay una dimensión, un aspecto de la llegada del Señor que no puede quedar en penumbra: Él es el Amado. Necesitamos salud, justicia, sinceridad, pureza, pero sobre todo, necesitamos amor. Y para nuestra inmensa necesidad de amor, he aquí que viene el Amado. La saciedad que se siente ante Jesús no es sólo la alegría de ver que nuestros problemas logran solución. Él no es solamente el que resuelve nuestros problemas, sino el que colma con su amor inefable y dulcísimo los abismos más hondos del corazón humano. Jesús no viene sólo a poner parches a una vida que podría entenderse sin él: viene a ser nuestra vida en su sentido más pleno y perfecto.
El texto poético del Cantar de los Cantares nos aproxima a esa experiencia, íntima y transformante, descrita en términos esponsales. ¡Oh, qué gozo para la niña enamorada, sentir los pasos del amado! ¡Qué palpitar en su corazón, qué rubor en sus mejillas, qué esplendor de sonrisa en sus labios! "¡Es él, es él!", le grita el corazón, y ella, temerosa y gozosa a la vez, apenas asoma a la ventana, para comprobar con júbilo impetuoso, que lo que anunció el oído ahora pueden disfrutarlo los ojos: sí, es verdad, es Él; el amado está aquí, el invierno se ha acabado; ahora es tiempo de cantos y perfumes, de sonrisa y de danza. ¡Feliz, mil veces feliz el alma que algo semejante sienta aguardando a Jesucristo!.

Abrupto

La madrugada es un animal abrupto
con puntas finísimas de frío
y se estira junto a estos cristales
sin ganas de irse.
Tengo que levantarme
Tú me esperas.
Los colibríes tosen y empiezan su trabajo,
el ruido de las máquinas los ahoga.
Entre el vapor del agua que empieza a hervir
y los panes del desayuno, pienso,
no ha crecido el día lo suficiente
y Tú ya lo tienes todo listo:
el sol que ha de calentarnos,
la sonrisa que nos dará razones de seguir,
la lluvia con su danza de miles de ajorcas de cristal,
el amor nos dará razones de amar,
la aventura de vivir en tu Presencia.
Por eso vengo todavía sin calzarme,
antes de los ruidos del día
para decirte:
Aquí me tienes.
Yo quiero ofrecerte hoy otra vez mi vida
y decirte una y otra vez:

domingo, 16 de diciembre de 2012

Alimentada

San Marcos, narra, de manera clara y sintética, los momentos iniciales de la predicación de Jesús: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios está cerca" (Mc. 1,15). Lo que ilumina y da sentido pleno a la historia del mundo y del hombre comienza a brillar en la cueva de Belén; es el misterio que contemplaremos dentro de poco tiempo en Navidad: la salvación que se realiza en Jesucristo. En Jesús de Nazaret, Dios muestra su rostro y le pide al hombre la decisión de reconocerlo y seguirlo. La revelación de Dios en la historia, para entrar en una relación de diálogo de amor con el hombre, le da un nuevo significado a la entera experiencia humana. La historia no es una simple sucesión de siglos, años, y de días, sino es el tiempo de una presencia que da pleno sentido y la abre a una esperanza sólida.
¿Dónde podemos leer las etapas de esta revelación de Dios? La Sagrada Escritura es el lugar privilegiado para descubrir los acontecimientos de este caminar, y quisiera -- una vez más--, invitar a todos, en este Año de la fe, a asumir con mayor frecuencia la Biblia para leerla y meditar en ella, y para prestarle más atención a la lectura en la misa dominical, todo lo cual es un alimento valioso para nuestra fe.
Leyendo el Antiguo Testamento, vemos que la intervención de Dios en la historia de la gente que ha elegido y con quien ha hecho un pacto, no son hechos que se mueven y caen en el olvido, sino que se convierten en "memoria", constituyen en conjunto la "historia de la salvación", mantenida viva en la conciencia del pueblo de Israel, a través de la celebración de los acontecimientos salvíficos. Así, en el Libro del Éxodo, el Señor le dice a Moisés para celebrar el gran momento de la liberación de la esclavitud de Egipto, la Pascua hebrea con estas palabras: "Este será para ustedes un día memorable y deberán solemnizarlo con una fiesta en honor del Señor. Lo celebrarán a lo largo de las generaciones como una institución perpetua" (12,14). Para todo el pueblo de Israel, recordar lo que Dios ha hecho se convierte en una especie de imperativo permanente debido a que el paso del tiempo está marcado por la memoria viva de los acontecimientos pasados, que así forman, día tras día, de nuevo la historia y permanecen presentes.
En el libro del Deuteronomio, Moisés habló al pueblo, diciendo: " Pero presta atención y ten cuidado, para no olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos, ni dejar que se aparten de tu corazón un sólo instante. Enséñalas a tus hijos y a tus nietos. "(4,9). Y así nos dice también a nosotros: "Cuida de no olvidar las cosas que Dios ha hecho con nosotros”.
La fe es alimentada por el descubrimiento y el recuerdo del Dios que es siempre fiel, que guía la historia y es el fundamento seguro y estable sobre el cual apoyar la propia vida. También el canto del Magnificat, que la Virgen María eleva a Dios, es un ejemplo claro de esta historia de la salvación, de esta historia que permite que siga y esté presente la acción de Dios. María alaba el acto misericordioso de Dios en el camino concreto de su pueblo, la fidelidad a las promesas de la alianza hechas a Abraham y a su descendencia; y todo esto es memoria viva de la presencia divina que nunca falla ( Lc 1,46-55).
Para Israel, el éxodo es el acontecimiento histórico central en el que Dios revela su poderosa acción. Dios libera a los israelitas de la esclavitud en Egipto, para que puedan regresar a la Tierra Prometida y adorarlo como el único Dios verdadero. Israel no comienza a ser un pueblo como los otros para tener también él una independencia nacional--, sino para servir a Dios en el culto y en la vida, para crear para Dios un lugar donde el hombre esté en obediencia a Él, donde Dios esté presente y sea adorado en el mundo; y, por supuesto, no solo para ellos, sino para dar testimonio en medio de los otros pueblos.
Y la celebración de este acontecimiento es para hacerlo presente y real, para que la obra de Dios no se vea afectada. Él cree en su plan de liberación y continúa a seguirlo. A fin de que el hombre pueda reconocer y servir a su Señor y responder con fe y amor a su acción.
 Dios se revela no solo en el acto primordial de la creación, sino entrando en nuestra historia, en la historia de un pequeño pueblo que no era ni el más grande ni el más fuerte. Y esta revelación de Dios que va adelante en la historia, culmina en Jesucristo: Dios, el Logos, la Palabra creadora que está al origen del mundo, se encarnó en Jesús y mostró el verdadero rostro de Dios. En Jesús se cumple toda promesa, en Él culmina la historia de Dios con la humanidad. Cuando leemos la historia de los dos discípulos en el camino a Emaús, narrado por san Lucas, vemos cómo brota claramente que la persona de Cristo ilumina el Antiguo Testamento, toda la historia de la salvación y muestra el gran diseño unitario de los dos Testamentos, muestra el camino de su unidad.
De hecho, Jesús explica a los dos caminantes perdidos y desilusionados el cumplimiento de cada promesa: "Y comenzando por Moisés y continuando en todas las Escrituras lo que se refería a él." (24,27). El evangelista narra la exclamación de los dos discípulos después de reconocer que el compañero de viaje era el Señor: "¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?" (v. 32).
El Catecismo de la Iglesia Católica resume las etapas de la Revelación divina mostrando sintéticamente el desarrollo ( nn 54-64.): Dios ha llamado al hombre desde el principio a una comunión íntima con Él, e incluso cuando el hombre, por su propia desobediencia, perdió su amistad, Dios no lo ha abandonado al poder de la muerte, sino que ofreció muchas veces a los hombres su alianza .
El Catecismo sigue el camino de Dios con el hombre desde la alianza con Noé después del diluvio, a la llamada de Abraham a dejar su tierra para hacerlo padre de una multitud de naciones. Dios constituyó a Israel como su pueblo, a través del acontecimiento del Éxodo, la alianza del Sinaí y el don, por medio de Moisés, de la ley para ser reconocido y servido como el único Dios vivo y verdadero. Con los profetas, Dios conduce a su pueblo en la esperanza de la salvación.
En la Eucaristía degustamos una señal de ese amor salvador y de ese poder redentor. En la Eucaristía Dios detiene el imperio de la muerte y nos deja gustar el sabor de la paz y de la unidad. En la Eucaristía los bienes anunciados se dejan sJesús salva del pecado.

Dosis

Las opciones , pueden ser medios que, bien utilizados, ayuden a un desarrollo o que permitan acceder a oportunidades valiosas en TU vida. Padres fuertes ,hijos felices afirma que la vida de todo joven se fundamenta en tres cosas:
•    La relación que tiene con sus padres
•    La relación que tiene con Dios
•    La relación que tiene con sus parientes y amigos íntimos
Si estas tres relaciones son fuertes, entonces podemos decir que el joven podrá hacer frente a los retos de la vida: académicos, profesionales, familiares…
Los conocimientos y muchas habilidades pueden adquirirse o alcanzarse para llegar al éxito, justamente la “disciplina” debe formarse en los niños y jóvenes a través del acompañamiento, de la confianza, del respeto y alegría.
El conocimiento puede adquirirse (algunos quizá nos cuesten más trabajo y uno que otro dolor de cabeza) pero el carácter para resolver los temas importantes, ése se forma desde que se es pequeño: aprender a responder adecuadamente ante la injusticia, las necesidades sociales, la corrupción, la violencia, el desánimo… etc.
La formación académica es importante, pero la capacidad para transformar el entorno en un mundo mejor… ése, creo, es un reto mayor.?
Para formar un buen patrón hay que dedicar tiempo. Tiempo para escucharlos, apoyarlos… tiempo que les ayude a comprender que son amados y que pueden confiar en usted.
Los niños y jóvenes  necesitan saber que la vida tiene sentido. Construir en sus vidas momentos de esperanza, de alegría y paz que les permitan entender que no provenimos del caos o de la casualidad, sino del Amor y al Amor estamos invitados a regresar.
“Es más importante que usted tenga éxito en su familia que en su trabajo.”
Y recuerda que tiempo, atención, afecto y aprobación: son las cosas que los hijos necesitan en buena dosis de sus padres.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Cuando Dios revela hay que prestarle "la obediencia de la fe", por la que el ser huamno se confía libre y totalmente a Dios prestando "a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad", y asintiendo voluntariamente a la revelación hecha por El. Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios, que proviene y ayuda, a los auxilios internos del Espíritu Santo, el cual mueve el corazón y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da "a todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad". Y para que la inteligencia de la revelación sea más profunda, el mismo Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones.revelación hecha por El. Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios, que proviene y ayuda, a los auxilios internos del Espíritu Santo, el cual mueve el corazón y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da "a todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad". Y para que la inteligencia de la revelación sea más profunda, el mismo Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Inmaculada Concepción.

El Padre de las luces ha visto desde toda la eternidad que Aquel a quien Él engendra eternamente, va a ser hijo de una mujer. Si Él, el increado, el infinito, se llama su Padre, Ella se llamará su Madre, y los dos podrán decir con toda verdad: ¡Jesús es mi Hijo! Imposible parece comprender esta misteriosa comunidad de poder y de amor entre la esencia eternamente pura e inmaculada y un ser sumergido, aunque no sea más que breves instantes, en la miseria del pecado. Si en la asociación de una descendiente de Eva a su acto generador, si en la armonía de relaciones que hacen que el creador y la criatura se expresen de la misma manera con respecto a la misma Persona, es imposible que haya igualdad de perfecciones, puede, no obstante, y es de razón, que hay una semejanza de pureza y de inocencia para que la dignidad del Padre no quede oscurecida por la indignidad de la Madre.


Y esto mismo se desprende si consideramos la manera maravillosa de que Dios se sirve para asociar a María a su paternidad. La fe nos enseña, nos lo dice el Evangelio, que el Salvador no nació del comercio vulgar de la carne con la carne. La Humanidad de Jesús fue concebida por virtud de una operación casta y divina. «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te envolverá.» Esposa mística del Espíritu de Dios, María no puede pertenecer más que a Él. No es posible que la sombra de un recuerdo amargo venga a inquietar esa unión divina, y que en el instante mismo en que el Espíritu de la luz vaya a tomar, en la sangre de esa mujer, la sangre de la redención, el espíritu de las tinieblas le arroje a la cara este precoz insulto: «Esa quien ahora haces tu esposa, fue en otro tiempo mi esclava. » Un hombre de sentimientos delicados sufriría ante esta bochornosa situación, y si estuviese en su poder la evitaría. ¿No vamos a poder suponer los mismos sentimientos en el Corazón de Dios

domingo, 2 de diciembre de 2012

Llevarse

 “Amor de la sabiduría”, reservado a pocos, la teología es la sabiduría del amor, el esfuerzo humilde e intrépido de llevar a la palabra la experiencia del amor recibido y donado, el ser amado por Dios y en él, en la comunión de su pue- blo. El teólogo se deja hacer discípulo de la caridad, de su precio de dolor, de su belleza que salva, consciente de que su palabra tiene que ser la palabra que sale del silencio, de la herida y del don de amar. La belleza que salva es el amor que comparte el dolor y que no necesita palabra, es la verdad que se expresa a sí misma callándose, por su presencia de amor. Así como el Prisionero frente a Pilato contestó a la pregunta ¿qué es la verdad? con su simple silenciosa presencia. Por eso los medievales refundían en forma d
- "Padre, te doy gracias por hacerme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas" (Jn 11,41)
- "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34)
- "Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla" (Mt 11,25)
- "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27,46)

Llevarse a Dios al trabajo, a la universidad y al supermercado, dirigirle una mirada, una sonrisa o una palabra, es buena manera de sentirse seguro por el camino y de afrontar el típico conflicto del activismo. Dios está en todas partes, lo llevamos dentro de nosotros; no está confinado a los muros de las Iglesias.

Dios está vivo, nos mira siempre, es nuestro Padre, y le gusta que sus hijos nos acordemos de Él, le demos una llamada, simplemente para decirle: "Gracias", "Te quiero", "Ayúdame", "Protégelo", "Ilumíname", "Dame paciencia", "No puedo más, dame fuerza", "Bendito seas", etc.

Al salir de casa, apenas cerrar la puerta, sentarse en el coche o mientras se espera el metro o el autobús, se puede rezar una oración espontánea para pedir a Jesucristo que nos cuide en el camino. Algo así:

Buen Pastor, salgo de (casa) viaje, acompáñame, ven conmigo.
Tú eres el Camino, llévame a mi destino.
Tú eres la Vida, que vuelva a casa sano y salvo.
En tus manos dejo a mis seres queridos, cuídalos, son tus hijos.
Saber que estamos bajo tu mirada es fuente de paz y confianza.
Que en todo momento sea testimonio de vida cristiana.Amén

Voluntad

La vida de una persona se puede edificar sobre muy diferentes cimientos: sobre roca, sobre barro, sobre humo, sobre aire...

El cristiano sólo tiene un fundamento firme en el que apoyarse con seguridad: el Señor es la Roca permanente (Isaías, 26, 5).

Nuestra vida sólo puede ser edificada sobre Cristo mismo, nuestra única esperanza y fundamento.

Y esto quiere decir en primer lugar, que procuramos identificar nuestra voluntad con la suya.

No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos, leemos en el Evangelio (Mateo 7,21).

La voluntad de Dios es la brújula que nos indica el camino que nos lleva a Él, y es al mismo tiempo, el sendero de nuestra propia felicidad.

El cumplimiento amoroso de la voluntad de Dios es a la vez, la cima de toda santidad.

El Señor nos muestra su voluntad a través de los Mandamientos, de las indicaciones de la Iglesia, y de las obligaciones que conlleva nuestra vocación y estado.

La voluntad de Dios se nos manifiesta también a través de aquellas personas a quienes debemos obediencia, y a través de los consejos recibidos en la dirección espiritual.

La obediencia no tiene fundamento último en las cualidades del que manda. Jesús superaba infinitamente -era Dios- a María y a José, y les obedecía (Lucas 2, 51).

Cristo obedece por amor, por cumplir la voluntad del Padre, y hemos de considerar que el Señor se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Filipenses 2, 8).

Nosotros, para obedecer, debemos ser humildes, pues el espíritu de obediencia no cabe en un alma dominada por la soberbia.

La humildad da paz y alegría para realizar lo mandado hasta en los menores detalles.

En el apostolado, la obediencia se hace indispensable: “Dios no necesita de nuestros trabajos, sino de nuestra obediencia” (San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo).

La voluntad de Dios también se manifiesta en aquellas cosas que Él permite y que no resultan como esperábamos, o son incluso totalmente contrarias a lo que deseábamos o habíamos pedido con insistencia en la oración.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Tou Staurou

La fe católica es, razonable y brinda confianza también a la razón humana. El Concilio Vaticano I, en la Constitución dogmática Dei Filius, dijo que la razón es capaz de conocer con certeza la existencia de Dios por medio de la vía de la creación, mientras que solo corresponde a la fe la posibilidad de conocer "fácilmente, con absoluta certeza y sin error" (DS 3005) la verdad acerca de Dios, a la luz de la gracia. El conocimiento de la fe, más aún, no va contra la recta razón. El beato Papa Juan Pablo II, en la encíclica Fides et ratio, resumió: "La razón del hombre no queda anulada ni se envilece dando su asentimiento a los contenidos de la fe, que en todo caso se alcanzan mediante una opción libre y consciente" (n. 43). En el irresistible deseo por la verdad, solo una relación armoniosa entre la fe y la razón es el camino que conduce a Dios y a la plenitud del ser.
Esta doctrina es fácilmente reconocible en todo el Nuevo Testamento. San Pablo, escribiendo a los cristianos de Corinto, sostiene, como hemos escuchado: "Mientras los judíos piden signos y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los gentiles" (1 Cor. 1, 22-23). Dios ha salvado al mundo no con un acto de fuerza, sino a través de la humillación de su Hijo único: de acuerdo a los estándares humanos, el modo inusual ejecutado por Dios,contrasta con las exigencias de la sabiduría griega.
Sin embargo, la cruz de Cristo tiene una razón, que san Pablo llama: ho lògos tou staurou, "la palabra de la cruz" (1 Cor. 1,18). Aquí, el término lògossignifica tanto la palabra como la razón, y si alude a la palabra, es porque expresa verbalmente lo que la razón elabora. Por lo tanto, Pablo ve en la Cruz no un evento irracional, sino un hecho salvífico, que tiene su propia racionalidad reconocible a la luz de la fe. Al mismo tiempo, tiene tal confianza en la razón humana, hasta el punto de asombrarse por el hecho de que muchos, a pesar de ver la belleza de la obra realizada por Dios, se obstinan a no creer en Él. Dice en la Carta a los Romanos "Porque lo invisible [de Dios], es decir, su poder eterno y su, se deja ver a la inteligencia a través

Configura

Con ocasión del Sínodo de la Palabra el Papa Benedicto XVI proclamó la Exhortación Apostólica postsinodal Verbum Domini. Se destaca en ella la fecundidad de la exégesis histórica y se insiste en la necesidad de completar el acercamiento histórico con una exégesis teológica. Esta última requiere una interpretación del texto que tenga presente la unidad de toda la Escritura, la tradición viva de la Iglesia y la analogía de la fe. Los tres elementos no se deducen de los textos, sino que son convicciones de fe anteriores a la lectura, que la sostienen como una mirada verdaderamente teológica de la Biblia, la más adecuada a la naturaleza de las Sagradas Escrituras. Benedicto XVI advierte en Verbum Domini: “La falta de una hermenéutica de la fe con relación a la Escritura no se configura únicamente en los términos de una ausencia; es sustituida por otra hermenéutica, una hermenéutica secularizada, positivista, cuya clave fundamental es la convicción de que Dios no aparece en la historia humana. Según esta hermenéu- tica, cuando parece que hay un elemento divino, hay que explicarlo de otro modo y reducir todo al elemento humano. Por consiguiente, se proponen interpretaciones que niegan la historicidad de los elementos divinos”. Una lectura fideísta de la Biblia, que excluye la razón, en la práctica, elabora un sistema que se apoya sobre pocos versículos bíblicos y no escucha a Dios, sino a su propia ideología, abriéndose así camino para el fundamentalismo.

Sujeto

Cualquiera que se rebela, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a El .El alma humana está compuesta por un espíritu y por un cuerpo, en tu cuerpo físico habita tu espíritu (tu mente y tu corazón).Tu espíritu, como tu cuerpo, están sujetos a la ley de Dios.
Tu espíritu desea el bien pero por causa del pecado no puede agradar a Dios, y condenado a muerte, pide a Dios misericordia, pues la condena es irrevocable.

Dios que es la misericordia misma, instituye el Nuevo Pacto y envía a su propio Hijo a salvarte. Como te salva Jesucristo? Dios envía a su Hijo Emmanuel a vivir su vida en ti, para que haciéndose pecado, viniendo a tu carne y muriendo cada día junto contigo, el pueda vencer a tu viejo hombre, y formar al nuevo hombre. Quien es el nuevo hombre? es el Espíritu de Dios habitando en tu cuerpo carnal, mortal, terrenal.

Jesucristo no vino a salvar al viejo hombre, el vino a destruirlo y a formar en ti al nuevo. Entonces, tu espíritu, el que habita en el viejo hombre (tu mente y corazón) comienza progresivamente a ser revestido del nuevo hombre, al recibir la doctrina de Jesús (la mente de Cristo) y un nuevo hombre comienza a desarrollarse, eterno, incorruptible, hecho a la imagen y semejanza de Dios nuestro amado Padre.

Una figura de todo esto es el matrimonio, cuando un hombre y una mujer se juntan en matrimonio, hacen una sola carne y procrean un nuevo ser. Igualmente, cuando tu espíritu, el que habita el cuerpo de tu viejo hombre, recibe a Cristo hace un mismo Espíritu junto con El y un nuevo hombre el Espiritual nace. Entonces el mismo Espíritu que resucitó a Jesús el hijo de María, también en su momento te resucitará a ti, dándote un nuevo cuerpo, no el viejo cuerpo animal rejuvenecido, sino un nuevo cuerpo espiritual totalmente nuevo (en una futura resurrección), inmortal, glorioso y poderoso. Cuando tú escuchas  la palabra de Dios, la entiendes y crees, naces de nuevo, y en tu cuerpo corruptible, mortal, carnal, animal, conviven temporalmente los dos: vive tu viejo hombre, el gemelo mayor, el viejo Adán y vive también tu nuevo hombre, el gemelo menor, el nuevo Adán, El Cristo. El menor de acuerdo a todas las profecías, vencerá al mayor, vivirá para siempre  y heredará todas las cosas...el mayor morirá progresiva e irremediablemente causándote un gran sufrimiento…..

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Pedid y se os dará (Mt7,7-12)

Nos corresponde responden "anunciar el Evangelio de Jesucristo, como fuente de esperanza, de humanización, como fundamento para una ética personal responsable. Nuestra contribución al bien común, por una parte consiste en llevar a cabo la tarea de la “nueva evangelización” y, por otra, ofrecer nuestra palabra, que desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia contribuya a esclarecer el camino hacia el logro del bien común".En primer lugar, para transmitir la fe hace falta una comunidad de creyentes. Necesitamos profesores que sean verdaderos educadores católicos y que vivan su fe con autenticidad. El claustro de profesores de un colegio católico debe constituirse en verdadera comunidad de fe que se une en torno a Cristo para cumplir la misión que la Iglesia les encomienda: conducir a los niños a Cristo para procurar la salvación de sus almas. Hacen falta profesores militantemente creyentes y que sean además buenos profesionales en sus respectivas materias.
El formador debe enseñar desde el diálogo y la comunión entre fe y razón.
Los formadores deben celebrar juntos su fe en comunidad y compartir de manera frecuente la oración y el encuentro con el Señor en la Eucaristía. Si los sarmientos no están firmemente unidos a la Vid Verdadera, no podrán dar fruto.
El formador debe ser ejemplo de vida intachable en coherencia con la fe que profesa y con los principios morales de la Iglesia. Y como signo de esa fe, proclamar públicamente nuestra adhesión al Credo de la Iglesia y jurar fidelidad al magisterio y a la tradición de la Santa Madre Iglesia y al Romano Pontífice, sucesor de Pedro.
Los padres tienen una relación especialmente importante que debe ser aprovechada para la formación humana y espiritual, de tal modo que recuperemos el ámbito doméstico para que las familias sean verdaderas iglesias donde se vuelva a vivir y a transmitir la fe. Aprovechar para animar a que se formen grupos de oración, de formación o de diálogo en los que se pueda compartir la fe y la vida desde una perspectiva comunitaria. La fe no debe vivirse nunca como un mero espiritualismo desencarnado. La fe en el Resucitado, si es verdadera, debe impulsarnos al desarrollo de la acción caritativa. Por pura coherencia eucarística, debemos fomentar todo tipo de acciones de voluntariado que impliquen servir a los más necesitados. Tal vez, se debería favorecer la implicación en campañas de Caritas de la parroquia o la visita a enfermos y ancianos. En cualquier caso, la vida de fe debe sustanciarse en acciones concretas que hagan realidad las obras de misericordia que agradan al Señor: “dar de comer al hambriento, de beber al sediento; visitar al enfermo; vestir al desnudo; acoger al emigrante.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Inseparable

María es testigo de la caridad de Cristo y de la unidad que la Iglesia debe vivir desde Pentecostés hasta el fin de los tiempos. Su mirada sabe percibir las necesidades de los seres humanos, como hizo en Caná y preparar el camino de la intervención de Cristo transformando el agua de nuestra vida en el vino de la salvación que purifica nuestros corazones. y nos hace agradables a Dios. No nos faltará en esta MISIÓN ocasiones en que sintamos cómo María nos señala las carencias de los hombres para que, como testigos de la Verdad, anunciemos a Cristo y colaboremos a que su presencia se haga sentir con toda la fuerza de su gracia. De la experiencia sinodal saldrán muchos efectos y frutos espirituales, pastorales y misioneros para toda la Iglesia. Su programa, sus caminos, su objetivo y su espíritu se sienten confirmados, profundizados y enriquecidos con lo ya aprendido y vivido en la experiencia sinodal. Las intervenciones del Santo Padre han sido extraordinariamente luminosas, señalándonos la verdad teológica del itinerario eclesial de la nueva evangelización para la transmisión de la fe. El Mensaje de los Padres Sinodales puede ayudarnos a comprenderlo, a realizarlo con mayor ardor, mayor audacia y valor apostólico y movidos por un apasionado celo por la salvación del hombre y de las almas que nos han sido confiadas.
Invocando a Nuestra Señora y Madre, hagamos nuestra las palabras finales del Mensaje de los Padre Sinodales, plenas de belleza espiritual y de tierna devoción a la Madre del Hijo de Dios, Jesucristo Nuestro Señor, y Madre de la Iglesia:
“La figura de María nos orienta en el camino. Este camino, ha dicho Benedicto XVI, podrá parecer una ruta en el desierto; sabemos que tenemos que recorrerlo llevando con nosotros lo esencial: la cercanía de Jesús, la verdad de su Palabra, el pan eucarístico que nos alimenta, la fraternidad de la comunión eclesial y el impulso de la caridad. Es el agua del pozo la que hace florecer el desierto y como en la noche en el desierto las estrellas se hacen más brillantes, así en el cielo de nuestro camino resplandece con vigor la luz de María, estrella de la nueva evangelización a quien, confiados, nos encomendamos”.

Maestra

 “Por dignidad humana, empleo para todos” quiere expresar la necesidad de que las personas tengan un trabajo estable que les ayude a vivir de forma plena, como la urgencia de combatir las enormes cifras de desempleo que está trayendo la crisis que estamos atravesando. El horizonte cristiano es que las personas puedan vivir de forma digna, y el tener un trabajo es uno de los pilares que permite sostener la dignidad de las personas.
«¿Pero acaso no es posible también hoy para los jóvenes, muchachos, adultos, hacer de vuestra vida un testimonio de comunión con el Señor, que se transforme en una auténtica obra maestra de santidad?  Esto será posible si se sigue manteniéndose fiel a sus profundas raíces de fe, alimentadas por una adhesión plena a la palabra de Dios, por un amor incondicional a la Iglesia, por una participación vigilante en la vida civil y por un constante compromiso formativo. Responded generosamente a esta llamada a la santidad, según las formas más características de vuestra condición laical... Esta amplia dimensión eclesial, que identifica el carisma  cristiano, no es signo de una identidad , más bien, atribuye una gran responsabilidad a la vocación laical: iluminados y sostenidos por la acción del Espíritu Santo y arraigados constantemente en el camino de la Iglesia, se estimula a buscar con valentía síntesis siempre nuevas entre el anuncio de la salvación de Cristo al ser humano de nuestro tiempo y la promoción del bien integral de la persona y de toda la familia.
 Donde  "florece el desierto", se reafirma la fe en Cristo resucitado, camino, verdad y vida. En Él confian su "vocación de servicio", la misma que Él quiso para su Iglesia. Así, lo "podremos vivir este Año de la Fe, como tan hermosamente lo representaba el Santo Padre, 'como una peregrinación en los desiertos del mundo contemporáneo, llevando consigo solamente lo que es esencial: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni dos túnicas, como dice el Señor a los apóstoles al enviarlos a la misión, sino el evangelio y la fe de la Iglesia'".
 "Que la Santísima Virgen María, a quien los católicos expresamos nuestro especial cariño y devoción, nos haga más fieles discípulos misioneros de su Hijo".
María es, ante todo, Sierva de la Verdad, porque escuchó la Palabra de Dios y la aceptó en su corazón con la certeza de que en ella se cumplirá lo que le dijo el Señor. Y se cumplió plenamente al acoger en su mismo seno la Palabra de Dios hecha carne. Desde entonces no dejó de servir a su Hijo y se convirtió en la primera y más leal colaboradora. Sirvió a su Hijo en todo momento con sencillez y humildad y, al fin de su vida, con la fortaleza de la Mujer nueva que, al pie de la cruz, no huye ante el escándalo del sufrimiento y de la muerte, sino que lo supera con una fe inconmovible que la convierte en baluarte de toda la Iglesia y tipo perfecto del creyente. Quien mira a María descubre en ella cómo vivir la fe en cada circunstancia y cómo expresar con la palabra y con la vida lo que ella misma nos dice en Caná: “Haced lo que él os diga”. Esta la actitud que debemos suplicar : Hacer siempre la voluntad de Cristo que no dejará de hacer fecunda nuestra vida.
María es, también,  Testigo de la Verdad, porque confirmó con sus actitudes más profundas y sus gestos sencillos la fe que profesaba. No dudó en ponerse en camino para llevar a su pariente Isabel el testimonio de su caridad, que llenó de gozo al Bautista como un presagio de la alegría desbordante que traería la salvación a todos los seres humanos.

Danos

Señor, dame de esa agua ,para que no tenga sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla”(Juan 4,15)
La formación  no se trata solo de formar a defender los propios intereses, sino, antes y sobre todo, a tener intereses, a interesarse por algo; “pues quien ha aprendido a defender sus intereses, pero en realidad no se interesa nada más que por él, no puede ser feliz”.  Vivir con alegría la identidad de Cristianos y la pertenencia a la Iglesia .
Sin duda los intereses tienen que ver con los deseos. Por eso es también interesante la formación de los deseos,que revisa el propio estilo de vida y adoptar formas de ser y actuar más responsables. El “deseo de Dios”, como “un aspecto fascinante de la experiencia humana y cristiana”. Inscrito por Dios en el corazón humano, este deseo hace que sólo en Dios el hombre puede encontrar la verdad y la felicidad que no cesa de buscar. la fe? Dios sale a nuestro encuentro de muchas maneras. En cada experiencia conmovedora de la naturaleza, en cada encuentro verdaderamente humano, en cada aparente casualidad, en cada sufrimiento, en cada reto que se nos plantea, hay un mensaje escondido de Dios para cada uno. También lo escuchamos en la voz de nuestra conciencia si está abierta a la verdad.
Oración a Santa María: “Gloriosa Madre de Cristo, porque has creído que el Hijo, a quien concebiste muerto por nosotros, había de resucitar. ¡Oh, piadosa!, tú eres para la Iglesia fortaleza de la fe”
Dios Omnipotente que con la ayuda del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de María la Virgen Madre para ser Digna Morada de tu Hijo,al recordarlo con alegría librános por su intersección de los males presentes y de la muerte eterna. Cóncedenos que guiados por el mismo Espíritu,sintamos la rectitud y gocemos de tu consuelo por Jesucristo Nuestro Señor.Amén.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Mirar

Mirar a Cristo para comprender al ser humano,nos dice Benedicto XVI.
Frente a un estilo de vida donde se afirma que sólo existe este mundo material, que estamos aquí por azar y que cuando morimos nos podrimos, el cristiano argumentará desde la razón natural, desde la naturaleza humana y el sentido común, no desde la religión. Sostenemos que la dignidad de la persona humana no depende del tamaño o grado de desarrollo del individuo o de simples mayorías que excluyan de la comunidad moral a los niños no nacidos, a los que tienen alguna malformación , y a los enfermos incurables; que la ciencia certifica que existe un nuevo ser humano desde la concepción; que es esencial para la supervivencia, y ante el evidente invierno demográfico, practicar esa anticuada costumbre de comprometerse para toda la vida con una persona de sexo opuesto y tener hijos .

 Nuestros argumentos carecerán de toda credibilidad si no están respaldados por el testimonio de vida. Reducir el cristianismo a un conjunto de valores sociales o ideales morales sería empobrecerlo. Lo esencial es la fe en que Dios se ha revelado definitivamente en Jesucristo, y que es un Dios salvador que satisface el anhelo eternamente insatisfecho del corazón humano. La convicción de que hemos sido salvados en Jesucristo es lo fundamental. Todo lo demás es una consecuencia lógica. La religión, sin la experiencia del descubrimiento del Hijo de Dios y de la comunión con Él, se convierte en un mero conjunto de principios cada vez más difíciles de comprender, y de reglas que cada vez se hacen más duro aceptar.

Nuestra vida, por tanto, debería irradiar el gozo de quien ha sido salvado. En esta capacidad de irradiación, en esta capacidad de mostrar que hemos encontrado la piedra preciosa, se juega la credibilidad de nuestro discurso y de nuestra influencia en la sociedad. Sobre nosotros pesa siempre la dura sentencia de Nietzsche: “los cristianos no tienen el aire de estar salvados”. Nos incumbe la gran responsabilidad de mostrar con nuestras vidas que la salvación en Jesucristo es real, que la fe puede realmente transfigurar la existencia.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Primordialmente

Es evidente que, aunque siempre va unida a las dos primeras aplicaciones,  la “nueva” evangelización va específicamente dirigida a las personas que están registradas en los libros de la Iglesia en tanto que fueron bautizados y se cuentan como católico romanos en las estadísticas oficiales, a pesar de que están prácticamente sin iglesia, son espiritualmente paganos y tienen necesidad de ser recuperados por  la  Iglesia,  si bien sacramentalmente forman parte de ella. Estos son los católico romanos en el sentido cultural, pero no se encuentran nunca en la misa dominical, tienen creencias ingenuas y estilos de vida desconcertantes si se evalúan según el Catecismo .

 La Nueva Evangelización va dirigida a los católico romanos “nominales”, aunque la palabra “nominal” no se utiliza en el documento.

Las estadísticas globales recientes indican que el número total de católico romanos en todo el mundo va en aumento: en 2009 había 1.181 billones de personas que habían sido bautizadas (1,3% más que en 2008). Con todo, estas cifras dicen solo la mitad de la verdad. La preocupación real de la Iglesia CR es el incremento de católico romanos secularizados, especialmente en el Mundo Occidental, pero también en muchas partes del “Mundo Mayoritario”.

Estas personas “pertenecen” sin “pertenecer” (todo lo contrario de lo que ocurre en el mundo evangélico donde la gente puede pertenecer sin ser miembro). La Nueva Evangelización es el medio por el que pueden pertenecer y creer, ya que ambos son cuantitativa y cualitativamente parte de la Iglesia .

 La otra preocupación, esencialmente en Latino América, es la pérdida de personas que en su día fueron bautizadas en la Iglesia , pero ahora están afiliadas a las “sectas” (una palabra despectiva que también se usa para estigmatizar a los evangélicos).  Según el  Lineamenta,  los instrumentos de la Nueva Evangelización son dos patrones de formación espiritual muy tradicionales pero bien establecidos: un énfasis renovado en el catecismo (o sea, la transmisión de la fe ) y un reanimado esfuerzo hacia el catecumenado (o sea, el fomento del discipulado).
La Nueva Evangelización no trata primordialmente sobre la misión dirigida al mundo incrédulo. Va dirigida principalmente a revertir la marea dentro del cristianismo , o sea, que es más un asunto interno que un objetivo misionero. Su labor es recobrar para  la  Iglesia a aquellos que han sido bautizados, quizás llamados a la fe, asisten a los funerales y a las bodas, pero su estilo de vida es ajeno a las normas que marca el Catecismo

 El documento  Lineamenta  sienta las bases para la discusión global sobre la Nueva Evangelización y plantea muchas preguntas a las que los Obispos tendrán que responder. Sin embargo, se ha descuidado un gran tema.

Aunque hay una abierta comprensión del problema, la conciencia de las causas parece incompleta. Sin duda, la secularización explica muchas cosas del alejamiento del Mundo Occidental de hoy de los ritos y patrones tradicionales de la Iglesia. Pero,  debe hacerse una pregunta más profunda que tiene que ver con la eclesiología surgida del Vaticano II (1962-1965). La gran pregunta que el Vaticano II dirigió era eclesiológica: ¿qué clase de iglesia queremos?

¿Una iglesia de los fieles, una iglesia confesional, una iglesia que armonice la fe y la práctica? ¿O bien una iglesia “católica”, la iglesia del pueblo, con lo que esto significa de falta de fidelidad y de integridad? ¿Una iglesia que se especializa en conversiones y discipulado o una iglesia que todo lo abarca y todo lo incluye?
Ante la evidencia de esta sed de felicidad y de esta impotencia para aferrarla, continúa Pascal diciendo: «que hubo antaño en el hombre una verdadera felicidad, de la que no le queda ahora más que la señal la impronta vacía, y que trata inútilmente de llenar con todo lo que le rodea»… pero en vano, «porque este abismo infinito sólo puede ser llenado por un objeto infinito e inmutable, es decir, por el mismo Dios».
 Desde el punto de vista eclesiológico, la pregunta era: ¿queremos una iglesia de los bautizados (dejando de lado lo que ocurre  después  del bautismo del infante) o una iglesia de discípulos?  El Vaticano II contestó inequívocamente: ¡la primera, preservando al mismo tiempo el aparato de la última! Esta respuesta tiene las graves consecuencias que son evidentes para todos, incluida la jerarquía CR.

La secularización es una explicación de la falta de profundidad espiritual de la Iglesia CR de Occidente, pero la otra aclaración se encuentra en la eclesiología del Vaticano II. El documento  Lineamenta  habla mucho de la secularización y se salta los dogmas de la eclesiología CR de hoy en día como si no formaran parte de la cuestión que está en juego.

 A continuación hacemos algunas preguntas que deberían haber sido formuladas en lugar de las anteriores:
• El momento crucial de la vida cristiana, ¿es el bautismo (sea cual sea la teología que haya detrás) o la conversión?
• Los pagano-cristianos, ¿necesitan sólo ser conscientes de quienes ya son, o les hace falta la conversión de los ídolos a Dios?
• La disciplina de la iglesia, ¿es una marca calificativa de la iglesia o es un añadido complementario opcional?

Veremos como responde el Sínodo.  ¿Será la “Nueva Evangelización” simplemente una iniciativa pastoral para que la gente regrese a la iglesia, dejando todo los demás intacto?

Referencia

La nueva Evangelización parece que va a convertirse,en el futuro en el eslogan clave en los círculos La frase fue introducida y utilizada extensamente por Juan Pablo II durante su largo pontificado, ya que fue una de sus maneras de enfrentarse a los efectos de la secularización del Mundo Occidental.

El Papa Benedicto XVI ha hecho siempre referencia a la Nueva Evangelización en sus enseñanzas y en 2010 se creó un Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización para formalizarla, con el deseo de difundirla a largo plazo y por todo el mundo. Juan Pablo II tuvo la visión y proporcionó el lenguaje (acuñando un nuevo título mariano al estilo de Hollyvood: ¡María la “Estrella de la Nueva Evangelización”!), pero Benedicto XVI desarrolla detalladamente lo que esto significa.

 Además, el Papa Benedicto XVI ha anunciado recientemente que el próximo Sínodo de los Obispos se celebrará en octubre de 2012 sobre el tema de la Nueva Evangelización.  Esto significa que todos los obispos del mundo serán convocados a Roma para debatirlo.
1. Se presentará un documento preparatorio, el  (Lineamenta),  pidiendo respuestas y comentarios;
2. Basándose en las respuestas escritas de los obispos se preparará una herramienta de trabajo, el  (Instrumentum Laboris)  [el instrumento de trabajo], que servirá de texto oficial del Sínodo y
3. Después del Sínodo (quizás uno o dos años más tarde) el Papa emitirá una Exhortación Post-Sinodal que será parte de su magisterio. O sea, que tanto el  Lineamenta  como el  Instrumentum Laboris  son los documentos preliminares y provisionales, por lo que la Exhortación final tiene valor magisterial.

Ahora estamos en la fase del  Lineamenta.  El texto de 60 páginas (en ocho idiomas oficiales) se ha enviado a los Obispos y se ha presentado a la prensa. Su título oficial completo es  La Nueva Evangelización para la Transmisión de la Fe Cristiana.  En noviembre de 2011 se habrán reunido todos los comentarios a fin de redactar el  Instrumentum Laboris  a tiempo para el Sínodo de Octubre de 2012. ¿Cuál es la trascendencia del  Lineamenta ? Hay una en particular…
La frase “Nueva Evangelización” hace al menos tres décadas que circula por los documentos y los discursos de los Papas. Pero en el  Lineamenta,  puede que por primera vez, se expone el significado de “nueva”, al menos en parte:
1. La misión permanente y corriente de la iglesia.
2. La “primera” evangelización a las gentes no cristianas.
3. La “nueva” evangelización a las personas bautizadas, pero no evangelizadas.

Ejercitación

El Espíritu que el Padre ha derramado en nuestros corazones es el Espíritu de Cristo. Por eso todos somos hijos de Dios en el Hijo Amado. Lo anterior ya pasó, nuestro hombre viejo ha muerto y en Cristo somos una criatura nueva. El hombre espiritual se deja guiar por el Espíritu y ya no está sometido a nada ni a nadie. San Pablo nos asegura: todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios.
¿Cómo experimentar hoy esa plenitud en Cristo? La globalización es una realidad que experimentamos a diario: el mundo se ha hecho más pequeño, más interrelacionado. Entendemos que ese fenómeno es una oportunidad para vivir mejor la espiritualidad de la comunión y la catolicidad.
Nos posibilita la percepción de la presencia de Dios en un mundo ancho y ajeno, pero que el Espíritu nos lo hará cercano y querido. Él nos permite captar la presencia recreadora de Dios en nuestro hoy. El mundo es nuestra casa y debemos sentirnos a gusto en él junto con todos los hombres nuestros hermanos.
Es conveniente afinar esta percepción que nos permitirá sentirnos, más que espectadores, corresponsables de la acción de Dios. El Espíritu sanará nuestros ojos y los iluminará para que descubramos las maravillas que Dios obra en el aquí y ahora.
El Espíritu se servirá para descubrirte la personalidad nueva, polifacética y pletórica que el Padre te regala en Cristo. Así podrás experimentar con gozo la comunión y la catolicidad con toda la humanidad y con la misma naturaleza donde vivimos. Los que han llegado a ser hijos de Dios y han sido hallados dignos de renacer de lo alto por el Espíritu Santo y poseen en sí a Cristo, que los ilumina y los crea de nuevo, son guiados por el Espíritu de varias y diversas maneras, y sus corazones son conducidos de manera invisible y suave por la acción de la gracia.
A veces, lloran y se lamentan por el género humano y ruegan por él con lágrimas y llanto, encendidos de amor espiritual hacia el mismo.
 El Espíritu Santo los inflama con una alegría y un amor tan grandes que, si pudieran, abrazarían en su corazón a todos los hombres, sin distinción de buenos o malos. Experimentan un sentimiento de humanidad que los hace rebajarse por debajo de todos los demás hombres, teniéndose a sí mismos por los más abyectos y despreciables.
El Espíritu les comunica un gozo inefable.Son seres humanos valeroso que, equipado con toda la armadura regia y lanzándose al combate, pelea con valentía contra sus enemigos y los vence. Así también el hombre espiritual, tomando las armas celestiales del Espíritu, arremete contra el enemigo y lo somete bajo sus pies.  El alma descansa en un gran silencio, tranquilidad y paz, gozando de un excelente optimismo y bienestar espiritual y de un sosiego inefable.
El Espíritu le otorga una inteligencia, una sabiduría y un conocimiento inefables, superiores a todo lo que pueda hablarse o expresarse. 
De este modo, el alma es conducida por la gracia a través de varios y diversos estados, según la voluntad de Dios que así la favorece, ejercitándola de diversas maneras, con el fin de hacerla íntegra, irreprensible y sin mancha ante el Padre celestial.
Pidamos también nosotros a Dios, y pidámoslo con gran amor y esperanza, que nos conceda la gracia celestial del don del Espíritu, para que también nosotros seamos gobernados y guiados por el mismo Espíritu, según disponga en cada momento la voluntad divina, y para que él nos reanime con su consuelo multiforme; así, con la ayuda de su dirección y ejercitación y de su moción espiritual, podremos llegar a la perfección de la plenitud de Cristo, como dice el Apóstol: Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Cristo.

sábado, 27 de octubre de 2012

Encuentro

 Antes de entrar en la cuestión sobre la forma que debe adoptar esta nueva evangelización, sentimos la exigencia de deciros, con profunda convicción, que la fe se decide, sobre todo, en la relación que establecemos con la persona de Jesús, que sale a nuestro encuentro. La obra de la nueva evangelización consiste en proponer de nuevo al corazón y a la mente, no pocas veces distraídos y confusos, de los hombres y mujeres de nuestro tiempo y, sobre todo a nosotros mismos, la belleza y la novedad perenne del encuentro con Cristo. Os invitamos a todos a contemplar el rostro del Señor Jesucristo, a entrar en el misterio de su existencia, entregada por nosotros hasta la cruz, ratificada como don del Padre por su resurrección de entre los muertos y comunicada a nosotros mediante el Espíritu. En la persona de Jesús se revela el misterio de amor de Dios Padre por la entera familia humana. Él no ha querido dejarla a la deriva de su imposible autonomía, sino que la ha unido a si mismo por medio de una renovada alianza de amor.
La Iglesia es el espacio ofrecido por Cristo en la historia para poderlo encontrar, porque Él le ha entregado su Palabra, el bautismo que nos hace hijos de Dios, su Cuerpo y su Sangre, la gracia del perdón del pecado, sobre todo en el sacramento de la Reconciliación, la experiencia de una comunión que es reflejo mismo del misterio de la Santísima Trinidad y la fuerza del Espíritu que nos mueve a la caridad hacia los demás.
Hemos de constituir comunidades acogedoras, en las cuales todos los marginados se encuentren como en su casa, con experiencias concretas de comunión que, con la fuerza ardiente del amor, -“Mirad como se aman” (Tertulliano, Apologetico, 39, 7) – atraigan la mirada desencantada de la humanidad contemporánea. La belleza de la fe debe resplandecer, en particular, en la sagrada liturgia, sobre todo en la Eucaristía dominical. Justo en las celebraciones litúrgicas la Iglesia muestra su rostro de obra de Dios y hace visible, en las palabras y en los gestos, el significado del Evangelio.
Es nuestra tarea hoy el hacer accesible esta experiencia de Iglesia y multiplicar, por tanto, los pozos a los cuales invitar a los hombres y mujeres sedientos y posibilitar su encuentro con Jesús, ofrecer oasis en los desiertos de la vida. De esto son responsables las comunidades cristianas y, en ellas, cada discípulo del Señor. Cada uno debe dar un testimonio insustituible para que el Evangelio pueda cruzarse con la existencia de tantas personas. Por eso, se nos exige la santidad de vida.
4. Las ocasiones del encuentro con Jesús y la escucha de la Escritura
Algunos preguntarán cómo llevar a cabo todo esto. No se trata de inventar nuevas estrategias, casi como si el Evangelio fuera un producto para poner en el mercado de las religiones sino descubrir los modos mediante los cuales, ante el encuentro con Jesús, las personas se han acercado a Él y por Él se han sentido llamadas y adaptarlos a las condiciones de nuestro tiempo.
Recordamos, por ejemplo, cómo Pedro, Andrés, Santiago y Juan han sido llamados por Jesús en el contexto de su trabajo, cómo Zaqueo ha podido pasar de la simple curiosidad al calor de la mesa compartida con el Maestro, cómo el centurión pide la intervención del Señor ante la enfermedad de una persona cercana, como el ciego de nacimiento lo ha invocado como liberador de su propia marginación, como Marta y María han visto recompensada su hospitalidad con su propia presencia. Podemos continuar aún recorriendo las páginas de los Evangelios y encontrando tantos y tantos modos en los que la vida de las

Dejarnos

“Gracia a vosotros de parte de Dios, nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (Rm 1, 7). Obispos de todo el mundo, invitados por el Obispo de Roma, el Papa Benedicto XVI, nos hemos reunido para reflexionar juntos sobre “la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana” y, antes de volver a nuestras Iglesias particulares, queremos dirigirnos a todos vosotros, para animar y orientar el servicio al Evangelio en los diversos contextos en los que estamos llamados a dar hoy testimonio.
1. Como la samaritana en el pozo.
Nos dejamos iluminar por una página del Evangelio: el encuentro de Jesús con la mujer samaritana (  Jn 4, 5-42). No hay hombre o mujer que en su vida, como la mujer de Samaría, no se encuentre junto a un pozo con un cántaro vacío, con la esperanza de saciar el deseo más profundo del corazón, aquel que sólo puede dar significado pleno a la existencia. Hoy son muchos los pozos que se ofrecen a la sed del hombre, pero conviene hacer discernimiento para evitar aguas contaminadas. Es urgente orientar bien la búsqueda, para no caer en desilusiones que pueden ser ruinosas.
Como Jesús, en el pozo de Sicar, también la Iglesia siente el deber de sentarse junto a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, para hacer presente al Señor en sus vidas, de modo que puedan encontrarlo, porque sólo su Espíritu es el agua que da la vida verdadera y eterna. Sólo Jesús es capaz de leer hasta lo más profundo del corazón y desvelarnos nuestra verdad: “Me ha dicho todo lo que he hecho”, cuenta la mujer a sus vecinos. Esta palabra de anuncio - a la que se une la pregunta que abre a la fe: “¿Será Él el Cristo?” - muestra que quien ha recibido la vida nueva del encuentro con Jesús, a su vez no puede hacer menos que convertirse en anunciador de verdad y esperanza para con los demás. La pecadora convertida se convierte en mensajera de salvación y conduce a toda la ciudad hacia Jesús. De la acogida del testimonio la gente pasará después a la experiencia directa del encuentro: “Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo”.
2. Una nueva evangelización.
Conducir a los hombres y las mujeres de nuestro tiempo hacia Jesús, al encuentro con Él, es una urgencia que aparece en todas las regiones, tanto las de antigua como las de reciente evangelización. En todos los lugares se siente la necesidad de reavivar una fe que corre el riesgo de apagarse en contextos culturales que obstaculizan su enraizamiento personal, su presencia social, la claridad de sus contenidos y sus frutos coherentes. No se trata de comenzar todo de nuevo, sino – con el ánimo apostólico de Pablo, el cual afirma: “¡Ay de mí si non anuncio el Evangelio!” (1 Cor 9,16) - de insertarse en el largo camino de proclamación del Evangelio que, desde los primeros siglos de la era cristiana hasta el presente, ha recorrido la historia y ha edificado comunidades de creyentes por toda la tierra. Por pequeñas o grandes que sean, éstas son el fruto de la entrega de tantos misioneros y de no pocos mártires, de generaciones de testigos de Jesús, de los cuales guardamos una memoria agradecida.
Los cambios sociales, culturales, económicos, políticos y religiosos nos llaman, sin embargo, a algo nuevo: a vivir de un modo renovado nuestra experiencia comunitaria de fe y el anuncio, mediante una evangelización “nueva en su ardor, en sus métodos, en sus expresiones” (Juan Pablo II, Discurso a la XIX Asamblea del CELAM, Port-au-Prince 9 marzo 1983, n. 3) como dijo Juan Pablo II. Una evangelización dirigida, como nos ha recordado Benedicto XVI, “principalmente a las personas que, habiendo recibido el bautismo, se han alejado de la Iglesia viven sin referencia alguna a la vida cristiana [...], para favorecer en estas personas un nuevo encuentro con el Señor, el único que llena de significado profundo y de paz nuestra existencia; para favorecer el redescubrimiento de la fe, fuente de gracia que lleva consigo alegría y esperanza para la vida personal, familiar y social”. (Benedicto XVI, Homilía en la celebración eucarística para la solemne inauguración de la XIII Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos, Roma 7 octubre 2012)

sábado, 20 de octubre de 2012

Misión Universal

A modo orientativo, y para canalizar las acciones propias de la cooperación misionera, ya es tradicional que cada una de estas cuatro semanas se centre en potenciar sendas dimensiones de la vida cristiana proyectada hacia la misión: la oración, el sacrificio, la cooperación económica (limosna) y la vocación misionera. Obras Misionales Pontificias ofrece todos los años distintos materiales y sugerencias para vivir estas semanas, teniendo en cuenta también el lema y enfoque de la Jornada del DOMUND correspondiente
El crecimiento que se produce debido al dinamismo presente en la semilla misma y el contraste que existe entre la pequeñez de la semilla y la grandeza de lo que produce. El mensaje es claro: el Reino de Dios, incluso si requiere nuestra cooperación, es ante todo un don del Señor, gracia que precede al hombre y a sus obras. Nuestra pequeña fuerza, aparentemente impotente ante los problemas del mundo, si entra en aquella de Dios no teme a los obstáculos, porque la victoria del Señor es segura. Es el milagro del amor de Dios, que hace que todas las semillas germinen y hace crecer cada semilla de bien diseminada en el suelo. Y la experiencia de este milagro de amor nos hace ser optimistas, a pesar de las dificultades, los sufrimientos y el mal con que nos encontramos. La semilla brota y crece, porque la hace crecer el amor de Dios. La Virgen María, quien ha escuchado como "tierra buena" la semilla de la Palabra de Dios, fortalezca en nosotros esta fe y esta esperanza.

domingo, 14 de octubre de 2012

Comunidad

San Mateo, dedica a la vida de la comunidad eclesial, otras palabras de Jesús dirigidas a los discípulos: «En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos» (Mt 18,18). Y san Juan, en el relato de las apariciones de Cristo resucitado a los Apóstoles, en la tarde de Pascua, refiere estas palabras del Señor: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20,22-23). A la luz de estos paralelismos, aparece claramente que la autoridad de atar y desatar consiste en el poder de perdonar los pecados. Y esta gracia, que debilita la fuerza del caos y del mal, está en el corazón del misterio y del ministerio de la Iglesia. La Iglesia no es una comunidad de perfectos, sino de pecadores que se deben reconocer necesitados del amor de Dios, necesitados de ser purificados por medio de la Cruz de Jesucristo. Las palabras de Jesús sobre la autoridad de Pedro y de los Apóstoles revelan que el poder de Dios es el amor, amor que irradia su luz desde el Calvario. Así, podemos también comprender porqué, en el relato del evangelio, tras la confesión de fe de Pedro, sigue inmediatamente el primer anuncio de la pasión: en efecto, Jesús con su muerte ha vencido el poder del infierno, con su sangre ha derramado sobre el mundo un río inmenso de misericordia, que irriga con su agua sanadora la humanidad entera.
'No temas; basta que tengas fe', y tomando de la mano a su hija le devuelve la vida.

sábado, 6 de octubre de 2012

Enfoca

La humanidad entera enfoca el lente zoom de su mirada sobre el objeto de la celebración, al menos durante ese año. Los medios, con su poder, se hacen eco, mayor o menor, de dicho evento. se siguen efectos, más o menos duraderos,de cara al futuro.

¡Un año internacional vale la pena! La Iglesia se adapta a los tiempos y lugares. La fe no requiere de ruido, de propaganda. Pero el "ruido" y la propaganda de los medios puede ayudar a la fe y a su propagación.

Hagamos otra anotación. Los valores son perennes, pero la conciencia que los hombres tienen de ellos es muy tornadiza. Está sometida a flujos y reflujos. A veces incluso se oscurece, se debilita e incluso se pierde. La humanidad necesita, entonces, un revulsivo que despierte la conciencia para que vuelva a admirar la belleza y la actualidad de ese valor "olvidado". He aquí la razón por la que en estos casi cincuenta años después de la inauguración del Vaticano II se han celebrado en la Iglesia Católica dos años de la fe

¿Qué sentido da el Papa a este Año de la fe? ¿Qué objetivos pretende con él? Pienso que la respuesta la hallaremos en los dos documentos con los que fueron convocados los dos años de la fe después del Concilio Vaticano II: el de Pablo VI (1967) y ahora el de Benedicto XVI:

1) "Para confirmar nuestra fe rectamente expresada" (Pablo VI), "redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada" (Benedicto XVI).

2) "Para promover el estudio de las enseñanzas del Concilio Vaticano II" (Pablo VI), "con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza" (Benedicto XVI).

3) "Para sostener los esfuerzos de los católicos que buscan profundizar las verdades de la fe" (Pablo VI); "intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo" (Benedicto XVI).

A estos fines comunes a los dos Papas, Benedicto XVI añade, fijándose en las circunstancias actuales, algunos más:

1) "Invitar a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador
del mundo".

2) "Comprometerse a favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe".

3) "Suscitar en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza".

4) "Comprender de manera más profunda no sólo los contenidos de la fe sino, juntamente también con eso, el acto con el que decidimos de entregarnos totalmente y con plena libertad a Dios".

miércoles, 3 de octubre de 2012

Asegurada

De cara a la necesidad de empeñarnos sin tregua en la tarea de la nueva evangelización de la sociedad. Ante todo necesitamos fe y esperanza firmemente asumidas; es decir, caminar en cada momento íntimamente convencidos con un convencimiento que brota del trato con la Trinidad  de que es posible cambiar el rumbo de este mundo nuestro, enderezar a la gloria del Señor y a la conversión de las almas todas las actividades humanas. Ciertamente no faltarán la lucha, los sufrimientos, pero siempre avanzaremos con alegría y confianza, porque nos asiste la promesa divina: pídeme y te daré en herencia las naciones, los confines de la tierra en propiedad  (Sal  2, 8).

Impresiona contemplar cómo los Apóstoles, sin más medios que la fe en Cristo y animados por una esperanza segura y alegre, se dispersaron por la tierra entonces conocida y difundieron la doctrina cristiana en todas partes. ¡gozaba al celebrar sus fiestas, y las de aquellas santas mujeres que acompañaron a Jesús durante sus pasos terrenos! Las figuras de los Apóstoles, de María Magdalena, de Lázaro, de Marta y María, hermanas de Lázaro, le entusiasmaban. De cada uno, de cada una, podemos aprender a creer más, del todo, en Jesucristo y a amarle con la intensidad con que le amaron los que le trataron. Como nosotros, también ellos se verían con miserias y, a pesar del escaso número en comparación con la población de las naciones conocidas, extendieron la semilla divina con su ejemplo cotidiano y con su palabra confortadora.

 Al hablar del apostolado en un ambiente difícil, aseguraba: «¡Es cuestión de fe!» Sí, ¡es cuestión de fe! Esa fe que, como señala el Señor en el Evangelio, tiene la capacidad de remover los montes de su sitio ( Mt 17, 20) y de superar cualquier obstáculo; que es como los ríos, que se abren cauce hasta el mar desde las peñas altas ( Sal 103/104, 10). Por eso os pregunto y me pregunto: ¿con qué fe nos movemos a la hora del apostolado, sabiendo que es siempre hora? ¿Estamos verdaderamente convencidos de que, como escribe san Juan, ésta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe (1 Jn 5, 4)? ¿Actuamos en consecuencia? ¿Afrontamos los obstáculos que surjan con espíritu optimista, con moral de victoria? Y para eso, ¿apoyamos cada actividad apostólica concreta con la oración y con el sacrificio? ¿Damos testimonio de nuestra fe, sin dejarnos atemorizar por las dificultades del ambiente?

Repitamos más frecuentemente al Señor: ¡creo, Señor; ayuda mi incredulidad! (Mc 9, 24). Muy profundamente conmueve esta petición . No nos conformemos con nuestros modos de implorar las virtudes teologales al Señor. Consciente de que la fe es un don sobrenatural que sólo Dios puede infundir e intensificar en el alma, «Todos los días, no una vez sino muchas, DEBEMOS repetir yo (...). Lo que le pedían los Apóstoles : adáuge nobis fidem! (Lc 17, 5), auméntanos la fe. spem, caritátem; auméntanos la fe, la esperanza y la caridad».

lunes, 1 de octubre de 2012

Despertamos

El Año de la Fe, propuesto por el Papa para celebrar los 50 años del comienzo del Concilio Vaticano II, se propone como un tiempo para ponerse “al servicio de todos para ayudar a fortalecer la confianza mutua y en que, con humildad, esperamos también ser dignos de la confianza de quienes se han alejado de nosotros”.
Junto a la fe nace la esperanza, manifestó casi al concluir su mensaje, “esa virtud humilde y necesaria, que invocamos cuando no encontramos el camino o desconfiamos de la ruta que quisiéramos seguir”. Detalló que “así como en el corazón de la Fe se encuentra la certeza y la verdad, en el corazón de la Esperanza habita el amor en plenitud. La realidad siempre posible del amor. Es verdad que solemos decir esperanza cuando pensamos en el futuro. No dejemos de lado el corazón de la esperanza que nos habla del presente. Eso es esencial pues, en medio de las dificultades y vicisitudes del presente, la esperanza nos asegura el hecho de poder amar y ser amados hoy día, mañana y siempre. De esa manera, y junto a la Fe, ella se transforma en la virtud de la confianza”

 El Año de la fe nos ofrece una ocasión magnífica para profundizar en el tesoro divino que hemos recibido y, con la gracia de Dios, difundir esta virtud en ondas concéntricas que lleguen muy lejos; se nos presenta una oportunidad inmejorable para dar un fuerte impulso a la nueva evangelización que necesita el mundo, comenzando por nuestra mejora diaria, con hechos, en el trato con las tres Personas de la Trinidad, amparándonos precisamente en la fe que tuvieron María y José, a los que tanto contempló y admiró san Josemaría, para dar pasos en su identificarse con Cristo, con la Voluntad divina. Si deseamos mover a las almas para que se acerquen a Dios, hemos de hablarles, ante todo, con nuestra vida de cristianos.

Conocemos que nuestro Padre volvió los ojos de modo incesante a los Apóstoles, a los primeros cristianos. En los Doce y en aquellas primitivas comunidades de hombres y mujeres que siguieron a Cristo, brillaba con fuerza la seguridad de su fe en Cristo, en sus enseñanzas. Supieron y quisieron escudriñar el paso del Redentor por los caminos de la humanidad. No es exagerado pensar que retendrían, con mucha fuerza, las múltiples ocasiones en las que Jesucristo reclamaba con exigencia, a los enfermos, a los tullidos, a ellos mismos, que acudieran a Él con fe, que rezaran o pidieran con fe. Como también resulta evidente que guardarían bien grabada en el alma aquella reprensión paterna, clara, sobre su falta de fe, precisamente antes de confiarles que fueran por todo el mundo para llevar la Buena Nueva ( Mc 16, 14-15).

Salta a la vista que los primeros cristianos eran conscientes de que también a ellas y a ellos son maravillosos los muchos testimonios que nos han transmitido con su conducta,les correspondía creer firmemente en la gracia del Cielo, para dar cumplimiento al mandato de extender las enseñanzas del Maestro.

Los Doce, y aquellos hermanos y hermanas nuestros, fueron conscientes de que esa virtud, tan exigida por el Hijo de Dios, abría el camino a la esperanza de que el plan redentor se cumpliría. A la vez, su amor y agradecimiento al Dios Uno y Trino se hizo cada día más recio, más apostólico, es decir, capaz también de arrastrar hacia la Verdad a personas de todos los ambientes y profesiones.

Hijas e hijos míos, otro tanto sucede ahora, porque los medios como nos repetía son los mismos: el Evangelio ¡vivido y el Crucifijo.

Redescubrir el gozo y la seguridad de la fe es obligación de la Iglesia universal, de toda la Iglesia: por tanto, no sólo tarea de los pastores, sino que compete a todos los fieles. Lógicamente, los pastores han de ir por delante, con su ejemplo y sus exhortaciones, como escribe el Papa en el motu proprio con el que ha convocado este especial tiempo en la Iglesia; pero invita además a todos a asumir esa exigencia de transmitir a los demás el tesoro de la predicación de Jesucristo.
Se afirma también que «los santos y beatos son los auténticos testigos de la fe»; por este motivo, recomienda a los Pastores que se esfuercen por dar a conocer la vida y la doctrina de tantos santos.

La humanidad ha caminado y caminará siempre, también ahora, hambrienta de la palabra y del conocimiento de Dios, aunque muchas personas no sean conscientes de esa profunda necesidad de sus almas. Y a quienes el Señor nos ha concedido el don de la fe, nos incumbe el deber de despertarnos y de despertar a quienes se hallan sumidos en ese letargo de muerte, de ineficacia. El Año de la fe, que se inaugura en el marco de la Asamblea del Sínodo de los Obispos dedicada a la nueva evangelización, supone otro acicate para todos. Ha llegado el momento de apresurar la marcha, como proceden los corredores cuando se aproximan a la meta de una carrera.
Cada día hemos de renovar el deseo de poner a Cristo en la cumbre y en la entraña de las realidades humanas. Para eso, se precisa crecer en el trato personal con Dios y en la entrega a los demás, contribuyendo con nuestro granito de arena la entrega diaria total a la construcción de un mundo renovado por la gracia y la sal del Evangelio, que el Señor ha encomendado a sus discípulos. Si alguna vez pugnara por entrar en el alma el pesimismo, al no recoger enseguida el fruto de nuestros afanes, deberíamos arrojar lejos esa desesperanza, porque no somos nosotros tan poca cosa, tan llenos de defectos los que han de sacar adelante los planes divinos. Las diferentes perícopas de la Escritura, en sus múltiples alusiones, nos confirman que inter médium móntium pertransíbunt aquæ (Sal 103/104, 10). Esta certeza se opone hasta al menor atisbo de desaliento, aunque los obstáculos puedan llegar a las mismas cumbres; y ese camino es el oportuno para que nos lleguemos al Cielo, seguros de que las aguas divinas enjugan y también impulsan todas nuestras limitaciones para llegar a estar con Dios.

«En los momentos de crisis profundas en la historia de la Iglesia, no han sido nunca muchos los que, permaneciendo fieles, han reunido además la preparación espiritual y doctrinal suficiente, los resortes morales e intelectuales, para oponer una decidida resistencia a los agentes de la maldad. Pero esos pocos han colmado de luz, de nuevo, la Iglesia y el mundo». Ocupemonos de que muchas mujeres y muchos hombres acojan la vida de la gracia, y se amparen y robustezcan en este refugio.

La nueva evangelización resulta especialmente urgente . Juan Pablo II retrataba la situación religiosa de la sociedad en el viejo continente. Aunque iba destinada a recoger las conclusiones de la Asamblea especial del Sínodo de los Obispos de Europa, sus afirmaciones cabía aplicarlas en gran medida a otros muchos lugares. En efecto, después de veinte siglos, aun en países de gran tradición cristiana, «crece el número de las personas no bautizadas, sea por la notable presencia de emigrantes pertenecientes a otras religiones, sea porque también los hijos de familias de tradición cristiana no han recibido el Bautismo.
 Primera evangelización y nueva evangelización: dos formas de anuncio del Evangelio que hoy nos exige la situación de la Iglesia y del mundo.

«Misionero con misión y no llamarte misionero», Camino, se sitúa en el momento radical y originario de la misión como mi Padre me envió a mí, así os envío Yo a vosotros  (Jn 20, 21, que configura las formas históricas que la misión de Cristo tomará en la vida de la Iglesia: desde el cuidado de la vida de fe de los católicos (pastoral, fraternidad), a la proclamación de Cristo Salvador a los paganos (primer anuncio, evangelización); desde el trato fraterno con los cristianos no católicos para impulsarlos a la plena comunión (ecumenismo), al nuevo anuncio de Cristo y de su doctrina a los bautizados que lo han abandonado y rechazan su doctrina (nueva evangelización).

martes, 18 de septiembre de 2012

Mensajeros

Amigos, vosotros vivís hoy en esta parte del mundo que ha visto el nacimiento de Jesús y el desarrollo del cristianismo. Es un gran honor. Y es una llamada a la fidelidad, al amor por vuestra región, y especialmente a ser testigos y mensajeros de la alegría de Cristo, porque la fe transmitida por los Apóstoles lleva a la plena libertad y al gozo, como lo han mostrado tantos santos y beatos de este país. Su mensaje ilumina la Iglesia universal. Y puede seguir iluminando vuestras vidas. Entre los Apóstoles y los santos, muchos vivieron periodos difíciles, y su fe fue la fuente de su valor y de su testimonio. Que encontréis en su ejemplo e intercesión la inspiración y el apoyo que necesitáis.

Conozco las dificultades que tenéis en la vida cotidiana, debido a la falta de estabilidad y seguridad, al problema de encontrar trabajo o incluso al sentimiento de soledad y marginación. En un mundo en continuo movimiento, os enfrentáis a muchos y graves desafíos. Pero ni siquiera el desempleo y la precariedad deben incitaros a probar la «miel amarga» de la emigración, con el desarraigo y la separación en pos de un futuro incierto. Se trata de que vosotros seáis los artífices del futuro de vuestro país, y cumpláis con vuestro papel en la sociedad y en la Iglesia.

Tenéis un lugar privilegiado en mi corazón y en toda la Iglesia, porque la Iglesia es siempre joven. La Iglesia confía en vosotros. Cuenta con vosotros. Sed jóvenes en la Iglesia. Sed jóvenes con la Iglesia. La Iglesia necesita vuestro entusiasmo y creatividad. La juventud es el momento en el que se aspira a grandes ideales, y el periodo en que se estudia para prepararse a una profesión y a un porvenir. Esto es importante y exige su tiempo. Buscad lo que es hermoso y gozad en hacer el bien. Dad testimonio de la grandeza y la dignidad de vuestro cuerpo, que es «para el Señor» (1 Co 6,13b). Tened la delicadeza y la rectitud de los corazones puros. Como el beato Juan Pablo II, yo también os repito: «No tengáis miedo. Abrid las puertas de vuestro espíritu y vuestro corazón a Cristo». El encuentro con él «da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Deus caritas est, 1). En él encontraréis la fuerza y el valor para avanzar en el camino de vuestra vida, superando así las dificultades y aflicciones. En él encontraréis la fuente de la alegría. Cristo os dice: «Salami ō-tīkum». Aquí está la revolución que Cristo ha traído, la revolución del amor.

Las frustraciones que se presentan no os deben conducir a refugiaros en mundos paralelos como, entre otros, el de las drogas de cualquier tipo, o el de la tristeza de la pornografía. En cuanto a las redes sociales, son interesantes, pero pueden llevar fácilmente a una dependencia y a la confusión entre lo real y lo virtual. Buscad y vivid relaciones ricas de amistad verdadera y noble. Adoptad iniciativas que den sentido y raíces a vuestra existencia, luchando contra la superficialidad y el consumo fácil. También os acecha otra tentación, la del dinero, ese ídolo tirano que ciega hasta el punto de sofocar a la persona y su corazón. Los ejemplos que os rodean no siempre son los mejores. Muchos olvidan la afirmación de Cristo, cuando dice que no se puede servir a Dios y al dinero (  Lc 16,13). Buscad buenos maestros, maestros espirituales, que sepan indicaros la senda de la madurez, dejando lo ilusorio, lo llamativo y la mentira.

Sed portadores del amor de Cristo. ¿Cómo? Volviendo sin reservas a Dios, su Padre, que es la medida de lo justo, lo verdadero y lo bueno. Meditad la Palabra de Dios. Descubrid el interés y la actualidad del Evangelio. Orad. La oración, los sacramentos, son los medios seguros y eficaces para ser cristianos y vivir «arraigados y edificados en Cristo, afianzados en la fe» (Col 2,7). El Año de la fe que está para comenzar será una ocasión para descubrir el tesoro de la fe recibida en el bautismo. Podéis profundizar en su contenido estudiando el Catecismo, para que vuestra fe sea viva y vivida. Entonces os haréis testigos del amor de Cristo para los demás. En él, todos los hombres son nuestros hermanos. La fraternidad universal inaugurada por él en la cruz reviste de una luz resplandeciente y exigente la revolución del amor. «Amaos unos a otros como yo os he amado» (Jn 13,35). En esto reside el testamento de Jesús y el signo del cristiano. Aquí está la verdadera revolución del amor.

Por tanto, Cristo os invita a hacer como él, a acoger sin reservas al otro, aunque pertenezca a otra cultura, religión o país. Hacerle sitio, respetarlo, ser bueno con él, nos hace siempre más ricos en humanidad y fuertes en la paz del Señor. Sé que muchos de vosotros participáis en diversas actividades promovidas por las parroquias, las escuelas, los movimientos o las asociaciones. Es hermoso trabajar con y para los demás. Vivir juntos momentos de amistad y alegría permite resistir a los gérmenes de división, que constantemente se han de combatir. La fraternidad es una anticipación del cielo. Y la vocación del discípulo de Cristo es ser «levadura» en la masa, como dice san Pablo: «Un poco de levadura hace fermentar toda la masa» (Ga 5,9). Sed los mensajeros del evangelio de la vida y de los valores de la vida. Resistid con valentía a aquello que la niega: el aborto, la violencia, el rechazo y desprecio del otro, la injusticia, la guerra. Así irradiaréis la paz en vuestro entorno. ¿Acaso no son a los «artífices de la paz» a quienes en definitiva más admiramos? ¿No es la paz ese bien precioso que toda la humanidad está buscando? Y, ¿no es un mundo de paz para nosotros y para los demás lo que deseamos en lo más profundo? «Salami ō-tīkum», dice Jesús. Él no ha vencido el mal con otro mal, sino tomándolo sobre sí y aniquilándolo en la cruz mediante el amor vivido hasta el extremo. Descubrir de verdad el perdón y la misericordia de Dios, permite recomenzar siempre una nueva vida. No es fácil perdonar. Pero el perdón de Dios da la fuerza de la conversión y, a la vez, el gozo de perdonar. El perdón y la reconciliación son caminos