miércoles, 2 de julio de 2014

Edificados


Nos dice el Apóstol San Pablo: “Estáis edificados sobre el cimiento de los Apóstoles y Profetas y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular.” Carta a los Efesios 2,20.

 Cristo es la piedra angular, porque en Él y sólo en Él encuentra verdadera firmeza la vida. Todo esto es vencido por Jesucristo y Él, con su divina luz, manifiesta la verdad de Dios y la verdad del hombre.
Como nosotros somos criaturas, cuando aparece la verdad de nuestro Padre Creador, su infinito amor, su providencia, entonces nuestra vida encuentra cimiento.
El que vive en el pecado no puede encontrar cimiento porque aunque sea pecador, no deja de ser criatura y no deja de ser obra de Dios. El que vive en pecado, cuando intenta, cuando procura entrar en sí mismo, lo único que halla es confusión y tinieblas.
Porque el fondo de su corazón, el fondo de su existencia sigue dependiendo de Dios, es que la dependencia de Dios nunca, nunca cesa, porque Dios nunca deja de ser el Señor.
Dios es el Señor de todos y a su voz, a su imperio todo obedece, también lo más tenebrosos de los infiernos. Dios no deja de ser el Señor, y por consiguiente, cuando una persona vive en pecado e intenta entrar en sí misma, lo que encuentra es que su cimiento va por otro lado.
Porque la raíz y el cimiento de todas las cosas sólo está en el designio creador de Dios, que, como dice San Pablo, “Todo lo creó por Cristo y para Cristo. Para la gloria de su Divino Hijo, para la gloria de Cristo y por Cristo, en razón de Cristo y a través de Cristo, han sido hechas todas las cosas. Colosenses 1,16
Mientras Cristo, es el dueño de nuestra voluntad, sólo en Cristo encuentra firmeza nuestra vida. Esto parece, lo podemos comprender mejor ahora. Pero lo maravilloso de la afirmación de San Pablo no está en este hecho, es decir, además de estar en este fundamento que es Cristo, tiene otra cosa que ofrecernos.
“Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas” Carta a los Efesios 2,20 el mismo Cristo Jesús es la piedra angular, ya habíamos comentado.
Estamos cimentados sobre los Apóstoles y los Profetas, en el fondo último está Cristo, pero que nosotros dependamos de hombres, pecadores como nosotros, decía San Agustín que una de las pruebas de la verdad de la Escritura, es que no quiso callar los pecados, las mediocridades, las debilidades de los Apóstoles.
San Pablo, que cuando escribe tiene que decir: “Indigno soy del nombre de Apóstol, porque fui furioso perseguidor de la Iglesia de Dios" 1 Corintios 15,9.
 “Señor mío y Dios mío" San Juan 20,28.
Entonces, podemos mencionar también a las santas mujeres: Magdalena, María la de Magdala tuvo que ser arrancada del poder de las tinieblas y sin embargo aparece como el primer testigo de la Resurrección.


 

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