Jesús dice: “Os envío como ovejas en medio de lobos” San Mateo 10,16. Ovejas por la humildad, ovejas porque tienen su pastor, ovejas por los servicios que van a prestar, ovejas en cierto modo por lo indefensos que son ellos en sí mismos.
De por sí son indefensos, por eso son ovejas. Los otros son lobos, porque si van a tener los beneficios de estas ovejas, de estos misioneros, de estos discípulos, por tanto van a tener los beneficios que, no contentos con la lana, van a querer también la carnecita.
Esto supone la muerte de la oveja. El lobo cuando se encuentra con la oveja no le dice: “Quédese por aquí, y yo vendo a fulano, y con eso compro algún concentrado para alimentarme”. Sino el lobo ve a la ovejita como su concentrado, como su alimento; necesita llevar hasta las últimas consecuencias la ofrenda de esa ovejita; pues eso es lo que le va a suceder a todo el que predique el Reino de Dios.
Es lo que le sucede a todo el que predica a Jesús. Efectivamente, las personas necesitan tanto; en realidad hay tanta hambre del infinito, hay tanta hambre de amor, hay tanta hambre en el corazón humano.
Dios hizo insaciable al corazón humano, y ese corazón además de insaciable está tan herido y oscurecido por el pecado, que el corazón del ser humano se vuelve un lobo. Aquel escritor, y pensador Tomas Hobbes tiene su famosa frase “Homo hominis lupus”, "el hombre es un lobo para el hombre".
Sí, es cierto, el hombre es un lobo para el hombre, porque es insaciable, porque el ser humano es insaciable, y en el momento del que espera recibir sus bienes de otra creatura humana, la exprime, y no contento, y no contenta con la lana, le pedirá también la carne hasta destruir al otro.
El que espera su salvación, el que espera sus bienes de una creatura humana la destruye, y por eso Jesús dice: “No os fiéis de los hombres; ustedes tiene que fiarse de Dios, de los seres humanos, no.Porque ellos intentarán llevarlos a ustedes hasta sus últimas consecuencias, y por eso llegarán hasta destruirlos". Esto lo sabía Cristo que se presenta así mismo no como oveja, sino como Cordero de Dios.
Eso fue lo que le pasó a Cristo. Exprimido en la Cruz, dio el zumo de la salvación, dio el vino de la alegría.
Demos gracias a Cristo. No nos fiemos de las personas, ni esperemos más de la cuenta de ellas. Tenemos de quien alimentarnos, tenemos en quien confiar.
Cuando experimentamos el gozo del amor de Dios sentimos algo desbordante. Uno de los jóvenes nos invitaba al comienzo de esta celebración a participar de una fiesta, porque verdaderamente cuando el amor de Dios llega a nosotros, hay fiesta en el alma.
Hay momentos en que la alabanza, la música, las profecías, los milagros, el ambiente, el amor que se siente como que lo saca a uno de esta tierra, como que uno siente que se va para otra parte.
Hemos pensado a veces que estas celebraciones, este amor maravilloso que vimos de algún modo es como un olvidarnos de este mundo cruel: tantos problemas, tantos odios, tantas dificultades, tantas incomprensiones.
¡cuidado!, ¡la religión no debe ser una droga! Si nosotros habláramos con un drogadicto,
La religión no es una droga, la alabanza no es un escape, y Cristo no es un narcótico. Cristo no es un doping para que nos sintamos increíbles, nos vayamos a la luna para luego caernos desde la luna otra vez el mundo cruel.
Hay personas que a veces miran la alabanza carismática así, y les pasa lo mismo que les pasa a los drogadictos, es decir, cuando vuelven aterrizar en sus casas dicen: “¡Ahh, qué aburrimiento de vida!” Eso no es lo que quería Jesús.
Jesús no es un idealista, un hombre fantasioso. Cuando una persona huye, y huye de la realidad, termina volviéndose loca, porque le toca negar la realidad, ¿y qué es la locura sino eso?
La imagen clásica del loco es aquel que tiene el sombrero de Napoleón Bonaparte, y se le pregunta a ese señor: -¿Usted quién es?" "-Napoleón Bonaparte". -¡Ah, ¿y qué ha hecho usted? "Vencer en Waterloo".
"Bueno, pero resulta que los libros de historia dicen otras cosas, además usted no se parece mucho a Napoleón, además usted ni siquiera habla francés, además..." ¡Pamplinas! ¡Mentiras! Detalles secundarios, pero es un Napoleón.
¿Qué está haciendo ese loco? Está rechazando su realidad, está rechazando su problema, y está huyendo. Se fue a las nubes, y allá sintiéndose Napoleón se siente bien.
¿Fue Jesús un soñador? No. ¿Fue Jesús un idealista? No. Y el evangelio que acabamos de escuchar lo prueba clarísimamente. Jesús no fue un soñador, Jesús no fue un idealista. Fue un hombre que tuvo la claridad inmensa, meridiana sobre los problemas que se le iban a venir a sus discípulos.
Y los describe con un detalle impactante: “No os fíes de la gente, os entregaran a los tribunales, os azotaran en las sinagogas, y os harán comparecer ante sus gobernadores y reyes por mi causa” San Mateo 10,17-18. ¿Son esas las palabras de un idealista soñador? No.
Son las palabras de alguien que sabe lo que pesa el poder, lo que duele la enfermedad, lo que se siente con hambre; la tristeza, el dolor, el abandono, estas no son imaginaciones para Cristo. Si hay alguien que conoce la entraña del dolor humano, es Jesús.
Cristo no es un idealista. Cristo no viene a maquillar la realidad, sino a transformarla, y el precio es su propia sangre. Si hay alguien que le habló claro a los discípulos, fue Jesús, más bien los soñadores eran ellos. Ellos sí.
"¡No, Jesús, eso que te va a pasar! No. ¡Que cruz, no! No entendemos ese lenguaje". Jesús sabía que el camino iba hacia la cruz, pero con esa misma claridad sabía que el sufrimiento de la cruz, como todo sufrimiento que se vive en la fe, en el realismo, en el amor, y en la generosidad.
Sólo si el sufrimiento así se vive, da fruto, fruto abundante, y por eso, aunque nos habla de persecuciones, mira lo que también dice: “No os preocupéis de lo que vais a decir, daréis testimonio ante ellos, y ante los gentiles, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros” San Mateo 10,19,20.
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