viernes, 28 de noviembre de 2014

Abrir

Como la Virgen; lo primero que se necesita es que el mismo Dios que nos está jalando hacia Él, nos empuje hacia Él. Con Dios sucede así, que no podemos llegar a Él, aún reconociéndolo como bien nuestro, si Él no está también empujándonos.
Necesitamos de Dios no sólo para que nos atraiga con sus bienes, sino para que nos impulse, nos impela, desde nuestra misma historia nos mueva hacia Él.

Nuestra primer tarea, es la de abrir bien los ojos, la de abrir bien el corazón y la de aspirar el aroma, el suave aroma de la generosidad de Dios y de María.
El doble regalo de Dios y del pueblo de Dios. En este día de tantos perfumes, lo primero es aspirar esos aromas de generosidad, de gracia; lo primero es dejar que se pegue a nuestra ropa, a nuestro cuerpo, a nuestro corazón ese amor, que se peguen esos amores a nosotros, que podamos deleitarnos en esos amores. Viendo amar, seguramente nos moverá el amor; y viendo amar, llegará el día en el que todos nosotros unamos nuestra pequeña lamparita a estas hogueras de amor; y viendo amar, llegará el momento en que también nosotros unamos tímidamente nuestro canto a los cánticos de alabanza de los Ángeles y de la misma Virgen.
Pudiendo empeza nosotros a presentarnos enteramente a Dios, y a buscar que su voluntad sea nuestra dicha,  a encontrar en Él y sólo en Él nuestra fortaleza. 


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26 de noviembre a la(s) 16:44

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